100 años de identidad: Entrevista al muralista Ariosto Otero

Ariosto Otero es uno de los muralistas contemporáneos más representativos de nuestro país; Su primer mural lo realizó en 1980 y, desde entonces, ha plasmado la historia, la justicia y la mexicanidad, a través de los trabajos que ha realizado en instituciones y espacios públicos de México y otras latitudes. A pocos meses de terminar su más reciente obra, en el Ministerio del Interior, Otero habla de muralismo.

¿Cómo surge tu interés por el muralismo?

Mi interés en sí mismo no surge como interés, he hecho arte toda mi vida. Cuando tuve la necesidad de expresar más cosas, ideas, pensamientos, ideologías, el único recurso que me dio una mano fue el muralismo, entonces encontré la dimensión que necesitaba para poder expresarme de diferentes maneras. Los jóvenes de hoy piensan “yo quiero ser muralista” y no es así, no se trata de querer, se trata de ser. Por otro lado, detrás de un muralista hay un importante bagaje histórico de técnicas, trabajo, conocimiento de los materiales, pintura de caballete, grabado, escultura, litografía, serigrafía, en fin, toda una preparación que sirve para armar al muralista. Cuando llegué a ese punto, ya venía con una máquina cargada de todos estos conocimientos que me permitieron abrirme camino en el muralismo.

¿Qué influencias complementaron tu bagaje?

Siempre habrá influencias, mi vida en España tuvo mucho que ver con la Academia de San Fernando y con el mundo de los clásicos, con lo que podría decir que conviví muy de cerca en el Museo del Prado. Por otro lado, no podría hablar de ese peyorativo que no me gusta de “los tres grandes”, no estoy de acuerdo con ese nombre porque me pueden influenciar todos, desde Fermín Revueltas hasta Chávez Morado, Zalce , O´Gorman. Siempre hay influencias, pero al final encuentras tu propio camino, tu propia forma de expresarte y de hacer.

¿Cuál ha sido el aporte más relevante que has podido extraer de tu experiencia como muralista?

Cuando voy a hacer un mural lo primero que hago es escribirlo, empiezo a imaginarlo. Como un guión de película. Tengo una pared de tanto y en esa pared desarrollo una historia, que no tiene nombre, ya que creo que al final son los mismos murales los que ponen el nombre. Siempre he sostenido que los murales tienen un diálogo entre sus personajes y elementos, y otro con el público que los ve.

Cuando llego a la pared casi tengo el mural instalado en mi cabeza. Hago bocetos y apuntes, pero en el camino entendí que el boceto era un 30 por ciento y el otro 70 por ciento está en la mente: el muro dice hacia dónde va, la arquitectura también dice dónde está, el edificio, lo que yo hacer es leer, investigar todo el tema, enriquecer el guión, al final es una película, una película fija diría yo. Así encuentro los diálogos entre los elementos y los personajes, así como la acción de cada uno, su actitud. En mi trabajo no tengo a nadie que esté paralizado, nadie está quieto, todo se mueve, todo el mundo está activo; quienes miran también están en acción y eso le da al mural no solo fuerza, sino también la posibilidad de dialogar con el espectador.

(Créditos: Cortesía)

No es fácil, pero es la forma de trabajar y sentir el muralismo que me corre por las venas, no es un ejercicio a ver si uno pinta bonito o feo, es una enorme responsabilidad social con el país, con identidad, con Mexicanidad, con lo que somos. Siempre estoy pensando en ese compromiso y cuando la obra llega a su fin, puede sostenerse por sí sola.

Hasta ahora, los aportes que he hecho al muralismo son en toda la ciudad y en el exterior. Hace poco cumplí 43 haciendo mural y sigo dejando aportes, porque no he parado. La pregunta es ¿adónde voy al final de la vida? La respuesta es: bueno, al andamio, no tengo otro camino que ese, seguir trabajando como lo he hecho hasta ahora.

¿Cómo ves el muralismo en México?

Lo veo valido. No somos muchos, se habla de cientos o miles, no es cierto, somos muy pocos. Los pocos que estamos de pie y trabajando.

El muralismo es una esencia milenaria que nos pertenece a los mexicanos, porque es el arte monumental de un país como el nuestro que lo dio al mundo, no hay otro país en el planeta que tenga ese aporte histórico de crear un concepto artístico llamado muralismo. La construcción de un mural, además de arquitectónica, tiene sus códigos que forman la obra: desde lo didáctico, la épica, la escenografía, la cinematografía, la integración plástica, la poliangularidad, todo eso es lo que forma un mural.

Sin embargo, el muralismo en los últimos años ha sufrido mucho y sigue sufriendo hoy en día, ya que nuestras autoridades de cultura no lo tienen entre sus prioridades y tampoco hay apoyo.

¿Cómo explicarías la importancia del muralismo?

a las personas que desconocen el movimiento?

Lamentablemente se perdió en el camino, hace unos 35 o 40 años, porque nos han ido transculturizando.

Era fácil encontrar a la familia, a la señora del delantal y la bolsa de la compra en el Ministerio de Educación o en Palacio Nacional mirando los murales. Cuando empezaron a cobrar, y llegaron nuevas expresiones artísticas, la gente dejó de ir y, poco a poco, esa conciencia del muralismo se fue perdiendo, porque el muralismo es del pueblo, es del pueblo.

¿Cómo consigues que la gente vuelva?

Precisamente haciendo trabajo permanente. Por ejemplo, están los murales que acabo de terminar en el Ministerio del Interior, pero esa dependencia ya cambió, ya no es ese “búnker del terror”, ahora es un organismo del Estado importante, pero humanizado. La gente puede ir a visitar los murales, solo muestra tu credencial de elector y te dejan pasar a ver siete murales en casi mil metros.

Por otro lado, muchas veces la gente no se entera de que puede ir y es importante que vaya, no solo por el autor, sino porque los murales contienen la narrativa de nuestro mundo, de lo que nos pasa en la política, en lo que sociales y culturales; ahí está el ejemplo de nuestra identidad ancestral, lo que me importa mucho es decirle a la gente, porque precisamente mis murales son para que la gente vea un trabajo que es de ellos, porque yo no hago murales para mí, los hago para ellos y para que participen con el mural.

El muralista debe tener una cualidad: tiene que sacarse la egomanía, no debe ser ególatra, porque se lo debe a su pueblo, a la gente, a la patria y eso es una responsabilidad, no es por su fama. , ni por su genialidad. Tal vez las famosas sean sus obras, una está de paso.

¿Qué legado entregas a México a través de tu trabajo?

Tengo una conciencia real de lo que soy y de que se lo debo a mi país, trabajo por mi país, pienso en mi país todos los días y eso me hace tener una responsabilidad con el trabajo que hago. Cada trabajo que creo lo hago con una gran conciencia de responsabilidad política, social y cultural con México.

Lo primero es mi país, luego la institución o el espacio donde está la obra. Mis murales los produzco para que queden, están todos vivos y los hice con la misma conciencia, nunca traté de ver si era o no era, siempre fui lo que soy. Para mí, el muralismo corre por mis venas. Si lo vemos como un legado, mi legado es ser un buen mexicano, cumplir con mi país, México siempre va adelante. El legado es el trabajo, pero no es mío, pertenece al trabajo. Puedo desaparecer, pero la obra no puede.

CAMARADA

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