Nuestro país ha tenido varios escritores llamados costumbristaspor haber descrito costumbres, paisajes y tradiciones argentinas. Obviamente podemos mencionar a José Hernández, Hilario Ascasubi, Fray Mocho, Estanislao Del Campo.
El 13 de febrero de 1886 nació otro escritor con esas características, pero con la diferencia de que nació en un hogar de gente adinerada. Un año después, sus padres lo llevaron a París.
Cuando regresaron, el niño Ricardo Güiraldes –quien hoy es nuestro protagonista– ya tenía cuatro años y Sólo hablaba francés.
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A los 24 años, ya un hombre, regresó solo a París. En la ciudad de la Luz inició sus primeros intentos literarios. Su primer libro fue un fracaso de ventas y de crítica, quienes lo llamaron a la francesa: “El Cencerro de Cristal”. Pero para un hombre de su firme personalidad, esa caída le ayudaría a levantarse.
Ricardo Güiraldes y un ideal: la escritura
Siguió publicando libros porque sabía que no hay puertas completamente herméticas: es cuestión de llaves. Y su clave es el talento. Lo cual, por cierto, tenía. Y no lo ignoraba Para flotar es necesario sumergirse.
Inició estudios de arquitectura. primero. y de derecho. después. Pero su voluntad no pudo superar su falta de vocación por esas carreras. Se sentía como si fuera sólo un escritor. Y así como muchos no saben lo que quieren, Ricardo Güiraldes sabía perfectamente lo que quería. Su ideal era escribir libros que abrazaran causas nobles. Era su manera de abrazar a los hombres..
Don Segundo Sombra, la obra maestra de Ricardo Güiraldes.
Se casó cuando tenía 25 años y empezó a viajar frecuentemente a Europa. Y un hecho circunstancial decidió su vida literaria. Sus abuelos eran dueños de una estancia –“La Porteña”– en la provincia de Buenos Aires, en San Antonio de Areco. Cada vez que regresaba de Europa pasaba más tiempo allí que en Buenos Aires.
Un peón analfabeto llamado Segundo Ramírez inspiró una novela. Comenzó a escribirlo a los 40 años, en 1926, y lo terminó en pocos meses.
Y descubrió en este personaje real y aparentemente relegado incluso por sus propios compañeros, una serie de valores increíbles, que para Güiraldes, es el arquetipo del verdadero criollo: Inteligencia natural, buena virilidad, astucia, nobleza.
Pero también acertó en el escenario de la tienda de comestibles, del baile country en el cobertizo, en la pelea de gallos, en las peleas con cuchillos. El libro publicado unos meses antes de morir se llama: “Don Segundo Sombra”. Es su mejor libro y, también, su consagración como escritor.
Don Segundo Sombra y la salud de Güiraldes
El libro, realizado en una imprenta de San Antonio de Areco, ¡no podía ser de otra manera!, salió a la venta en julio de 1926. Su autor asistió a la presentación. Hacía tiempo que no se sentía bien físicamente: sólo tenía 40 años.
Decidió regresar a París. Pero el día antes de su partida, un terrateniente, conocido suyo, dueño de terrenos en San Antonio de Areco, se burló a viva voz de Güiraldes en una dulcería donde, casualmente, el autor ingresaba en ese momento.
Güiraldes, ya debilitado por su enfermedad, también lo afrontó:
– “Dime en la cara lo que dijiste a mis espaldas”, Dijo Guiraldes.
– “Te lo digo: en tu novela transformas a un gaucho ignorante y sucio en un ejemplo de vida”.
Y Güiraldes respondió:
– ”Habría aceptado cualquier crítica sobre el libro pero no sobre el hombre que lo inspiró. Ese gaucho ignorante se llama Segundo Ramírez y sabe mucho más de la vida que tú y en cuanto a la suciedad, el espíritu de don Segundo es mucho más limpio que el tuyo.
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Un repentino desmayo de Güiraldes interrumpió la discusión. Se recuperó rápidamente y pudo viajar a París, donde falleció el 8 de octubre de 1927. Tenía sólo 41 años. Nos queda el recuerdo de un brillante escritor y un hombre digno.
Y un aforismo por su noble personalidad:
“Un escritor distinguido es un hombre distinguido que también escribe”.








