En un emotivo mensaje, Rosalba Ortiz, madre de la reconocida actriz Geraldine Bazán, rompió el silencio y habló sobre el distanciamiento que actualmente existe entre ambas. Con lágrimas en los ojos, Ortiz reveló que este alejamiento se debe a su constante defensa hacia su hija, especialmente después de la separación de Geraldine con Gabriel Soto.
La representante artística confesó que este distanciamiento ha sido motivo de burlas y escarnio por parte de personas malintencionadas. «Me dicen: ‘Ay, tu hija no te quiere’, lo dicen públicamente. Y yo siempre saldré a dar la cara, aunque mi hija me ha dicho: ‘No, ya no necesito, mamá, que me defiendas. Yo ya me sé defender sola’», expresó con tristeza.
A pesar de las críticas, Rosalba Ortiz no se arrepiente de haber defendido a su hija en todo momento. «La distancia no debe ser ley del hielo o liberarse totalmente. A mis hijos no les doy dinero ahora porque ya ellos son independientes, pero tampoco les pido, y por eso, me he sentido con la libertad de opinar», afirmó con determinación.
Recordando el difícil momento que vivió Geraldine durante su divorcio, Ortiz explicó cómo se enteró de la situación. «Cuando supe cómo la estaban dañando, y que la persona que la tenía que proteger no lo estaba haciendo. No me importa, es como cuando dices: ‘A mí no, no, mi hija, no, a mí, mátenme, a mi hija, no’», reveló entre sollozos.
A pesar de todo, Rosalba Ortiz continúa dispuesta a alzar la voz en defensa de su hija. «Yo le hablé a mi hija, le dije: ‘¿Qué está pasando? ¿Por qué?’. Me dice: ‘Tú no te metas’. Pero quiero decirte, hija, y aprovecho aquí de que voy a seguir así; si alguien me pregunta, voy a contestar», enfatizó.
En medio de la polémica, Rosalba pidió comprensión a todos los involucrados. «Así sé de qué: ‘Ay, perdón, a todas y todos por estas lágrimas, pero bueno, pues ni modo, no podía hablar de otra manera’», concluyó ante las cámaras del programa Ventaneando. Desde Agencia México, se espera que esta situación se resuelva de la mejor manera posible para ambas partes. En un pequeño pueblo de la costa, donde el sol brilla con intensidad y las olas rompen suavemente en la orilla, vivía una joven llamada Elena. Elena era conocida en toda la comunidad por su belleza y su dulzura, pero lo que más destacaba en ella era su amor por el mar. Desde pequeña, Elena había pasado horas y horas contemplando las aguas azules, soñando con aventuras y descubrimientos en tierras lejanas.
A medida que crecía, su pasión por el mar se hacía más intensa. Pasaba sus días explorando las playas cercanas, recogiendo conchas y observando la vida marina. A menudo se sumergía en el agua cristalina, dejando que las olas la acariciaran y la llevaran a lugares desconocidos. Para Elena, el mar era su refugio, su lugar de paz y libertad.
Un día, mientras paseaba por la playa al atardecer, Elena encontró una botella de vidrio con un mensaje en su interior. Con manos temblorosas, abrió la botella y sacó el papel. En él, un marinero desconocido contaba su historia y pedía ayuda para encontrar un tesoro perdido en una isla remota. Sin dudarlo un segundo, Elena decidió embarcarse en esa aventura y ayudar al marinero desconocido.
Con la ayuda de algunos pescadores del pueblo, Elena consiguió un barco y partió hacia la isla misteriosa. Durante el viaje, enfrentó tormentas y peligros, pero su determinación y valentía la llevaron hasta su destino. Al llegar a la isla, Elena se adentró en la selva espesa, siguiendo las indicaciones del mensaje en la botella. Finalmente, llegó a una cueva oculta donde encontró el tesoro perdido.
El tesoro resultó ser una antigua joya de incalculable valor, pero para Elena, el verdadero tesoro había sido la aventura en sí misma. Había descubierto su coraje y su capacidad para superar obstáculos, y había encontrado en su interior una fuerza que nunca había imaginado tener. Con el tesoro en su poder, regresó al pueblo como una heroína, siendo recibida con aplausos y admiración.
Desde entonces, Elena siguió explorando los mares y viviendo nuevas aventuras. Pero nunca olvidó aquel día en el que una simple botella de vidrio le había abierto las puertas a un mundo de posibilidades. Y aunque el mar seguía siendo su hogar y su pasión, ahora sabía que su verdadero tesoro era la valentía y la determinación que llevaba en su corazón.








