El analfabetismo funcional en América Latina: el desafío de hablar inglés
En un mundo cada vez más globalizado, dominar el idioma inglés se ha convertido en una habilidad indispensable para muchos profesionales. Sin embargo, en América Latina, nos enfrentamos a una forma sofisticada y discreta de analfabetismo funcional que está afectando a profesionales altamente calificados en sectores como la tecnología, finanzas, salud, ingeniería y ciencia.
¿De qué se trata este fenómeno? No se trata de personas que no saben leer en inglés, sino de profesionales que pueden consumir artículos, manuales técnicos, informes y correos electrónicos en este idioma con relativa facilidad, pero se encuentran bloqueados cuando deben expresarse oralmente. Esta paradoja se refleja en la realidad de muchos países de la región, donde la comprensión lectora en inglés suele ser mucho mayor que la capacidad de hablar.
Las razones detrás de este nuevo analfabetismo funcional son estructurales. Durante décadas, la enseñanza del inglés se ha enfocado en la escritura y la lectura, dejando de lado el desarrollo de habilidades conversacionales. Además, la falta de práctica fuera del aula y la escasez de entornos bilingües en el ámbito laboral contribuyen a esta brecha entre comprensión y producción del idioma.
La tecnología, lejos de ser la solución, muchas veces agrava el problema. Aunque la traducción automática y los asistentes de inteligencia artificial facilitan la comprensión inmediata, reducen el entrenamiento cognitivo necesario para construir un discurso propio. Así, se crea una ilusión de dominio que se desvanece cuando se enfrentan situaciones de comunicación oral.
Este nuevo analfabetismo funcional tiene consecuencias concretas en el ámbito laboral. Profesionales que evitan reuniones internacionales, dependen de terceros para comunicarse o quedan rezagados en los procesos de promoción. Las empresas también se ven afectadas al concentrar la interacción global en unos pocos perfiles bilingües, generando cuellos de botella y ralentizando proyectos.
Superar este desafío requiere un cambio de enfoque tanto en las empresas como en el sistema educativo. Hablar inglés ya no puede ser considerado un accesorio, sino una herramienta de trabajo fundamental. Se necesita invertir en formación orientada a la conversación y al uso real del idioma, así como incorporar el discurso como eje central en la enseñanza del inglés.
En un mundo donde la comunicación es clave, no hablar inglés se convierte en una limitación tan grave como no saber leer ni escribir en este idioma. Reconocer este problema es el primer paso para corregirlo y abrir nuevas oportunidades en un mercado laboral cada vez más competitivo.








