El colapso inminente del Glaciar Thwaites en la Antártida Occidental ha puesto en alerta a la comunidad científica internacional, ya que su deshielo acelerado podría desencadenar consecuencias catastróficas a nivel global. Conocido como el «glaciar del fin del mundo», su retroceso constante ha elevado las alarmas sobre el aumento del nivel del mar y el peligro que representa para millones de personas que viven en zonas costeras.
La propuesta innovadora del Seabed Curtain Project busca frenar este proceso mediante la instalación de un muro submarino, una gigantesca cortina flexible anclada al fondo del mar frente al glaciar. Esta estructura de aproximadamente 80 kilómetros de largo y casi 150 metros de alto actuaría como una barrera para detener las corrientes oceánicas templadas que aceleran el derretimiento del hielo en la Antártida.
Según Marianne Hagen, codirectora del proyecto, no hay excusa para no intentarlo, ya que el impacto de no actuar sería devastador. Sin embargo, antes de llevar a cabo la instalación definitiva, se realizarán pruebas técnicas durante los próximos tres años para evaluar los materiales, sistemas de anclaje y resistencia a las temperaturas extremas del entorno antártico.
El muro submarino no detendría por completo la pérdida de hielo, pero sí ralentizaría el proceso, lo que supondría un alivio para las comunidades costeras en riesgo. A pesar de que el costo estimado del proyecto ronda los 80.000 millones de dólares, Hagen advierte que comparado con los daños potenciales causados por las inundaciones y la reconstrucción de las ciudades costeras, esta inversión es mínima.
En resumen, el muro submarino propuesto por el Seabed Curtain Project podría ser la solución que necesitamos para combatir el deshielo acelerado del Glaciar Thwaites y sus consecuencias devastadoras. Con pruebas rigurosas, costos calculados y un enfoque proactivo, esta iniciativa promete ser un paso crucial en la lucha contra el cambio climático y la protección de nuestro planeta.







