La historia detrás de dos leyendas del periodismo deportivo argentino
Era una tarde de invierno fría y soleada. Se paró frente a la cámara, sobre el verde césped de la cancha de Racing. Se presentó. La idea de que Carlos Ávila había tenido en 1985 cambió de pantalla después de cinco temporadas. Ya no tenía el logo multicolor de ATC, sino la paloma blanca de Canal 9 Libertad. Con el traslado a los dominios mágicos del zar, Alejandro Romay, en su palacio Gelly y Obes, hubo renovación. Mauro Viale («¡Gol de Boca, Comas, Boca 1-River 0, Co-mas!») y los amigables «Me muevo, Mauro», con lo que el jugador que inició también abrió el resumen del partido de esa fecha.
Un homenaje a dos grandes del periodismo deportivo argentino
“Con la responsabilidad de ocupar el lugar de un gran profesional, como es Mauro Viale…», dijo Marcelo Araujo con camisa blanca y chaqueta negra, con el pelo largo, rebelándose contra una calvicie ya avanzada, ese domingo 13 de agosto de 1989. Un reconocimiento eterno al amigo, al flaco con quien, más de 30 años antes, habían ido a pedir nada menos que José María Muñoz un lugar en el mítico El Deporte Oral de Radio Rivadavia. Cuenta la leyenda que fue en aquel encuentro con La Voz de América que aquellos dos muchachos de Villa Crespo se presentaron con los nombres con los que los conocerían millones de argentinos en las siguientes décadas. Mauricio Goldfarb era “Mauro Viale”, por la calle donde vivía (Luis Viale). Lázaro Jaime Zilberman se trataba de “Marcelo Araujo”, apellido inspirado en un corredor de autos, como dijo alguna vez. Precauciones tomadas en una Argentina donde el antisemitismo era mucho mayor de lo que se quería reconocer. Más aún, en el caso de Lázaro, el único hijo de una pareja polaca que había escapado del horror nazi.
La dupla que marcó una época en la televisión deportiva
“…Y estar al lado del mejor periodista deportivo de Argentina que es Macaya Márquez” Marcelo Araujo tenía nombre propio y peso en la patria periodística. Cronista y relator de El Deporte Oral fue el protagonista de Deporte 80, una tira de Radio Mitre que, en retrospectiva, fue un dream team periodístico: Araujo y su eterno compañero, Fernando Niembro; Adrián Paenza, Diego Bonadeo, Néstor Ibarra y, a partir de 1981, un uruguayo que cruzó el charco para hacer historia en la radio argentina: Víctor Hugo Morales. “Una de las personas que me ayudó a salir de Uruguay en un momento difícil y venir a vivir a Argentina durante más de cuatro décadas,” recordó este lunes Relator de América.
El legado de Marcelo Araujo en el periodismo deportivo argentino
En la televisión, Araujo también era conocido por Todos los goles, un programa de televisión que, los domingos por la noche, ante la existencia de F1ª, fue un clásico ver todos y cada uno de los gritos de cada fecha. Desde entonces permaneció en la plantilla estable de Canal 9, donde informaba de los partidos que se transmitían ocasionalmente en esa pantalla. Hasta la llegada del buque insignia de Torneos y Competiciones. Y, con él, la necesidad de un nuevo tripulante para acompañar a Macaya.
Porque Macaya, en aquella época, no era Macaya. Se trataba de “Enrique Macaya Márquez”, nombre ya grabado en bronce. El comentarista de fútbol por excelencia. El que había transmitido todos los mundiales desde Suecia ’58. El arquetipo de la profesionalidad y la seriedad frente a un micrófono para explicar un fuera de juego, una definición, un cambio, un error o, simplemente, narrar una repetición, con la solvencia de un profesor.
El adiós a una voz inolvidable del periodismo deportivo
Araujo lo suavizó, lo convirtió en el tatele, el contrapeso ideal para el equilibrio y la complementariedad que tienen las parejas memorables. Porque fue eso -si no, lo más- lo que formaron Araujo y Macaya. Una marca registrada; el dúo que contó, explicó y convirtió el fútbol en un programa de televisión. En particular, desde 1992 cuando Fútbol de primera fue al canal 13 («No me pidas que asienta».) y, sobre todo, 1995, año inaugural de la era de Clásico de la fecha exclusivo los domingos para suscriptores (ya existía un código los viernes, desde 1991). Dueños del balón y también del rating, coronados con el Martín Fierro de Oro en 1998.
Marcelo Araujo fue ingenioso en los apodos, riguroso en los nombres -goleador con nombre y apellidos completos- e inventivo en la improvisación. Creó miles de historias de autor, que marcaron una época. Curiosamente uno que empezó sin goles: 0-0 entre Racing y Talleres, aquella tarde de 1989 en el Cilindro.
El río Passarella. el de “Yamón”. La Boca de Tabárez. El glorioso campeón de todo de Bianchi. El San Lorenzo del Niño. Los Vélez del Virrey. Newell’s en Bielsa. El Independiente de Brindisi. El de Tolo Gallego. El Mostard Racing. La Selección, de Italia ’90 a Corea-Japón 2002. Quince años de fútbol argentino tuvieron su voz hasta que una disputa con Torneos apagó el interruptor a mitad de 2004. Lo volvió a encender en 2009 como rostro -y coordinador general- de Fútbol para todos. Menemista en los 90, kirchnerista en la Década Ganada; Peronista de toda la vida. Su paso por FPT fue el canto del cisne, ya era mito viviente. Todos los que lo seguían querían ser él.
La crónica dice que Lázaro Jaime Zilberman Murió, en la madrugada de este lunes 16 de marzo de 2026 en una clínica Vicente López donde fue hospitalizado debido a un neumonía. Justo el día que su amigo Carlos Bilardo a quien tanto defendió en los años 80, cumplió 88 años. Como si no hubiera querido más, después de una última década… Covid incluido- difícil en muchos sentidos. Parafraseando a su alter ego en la noche de 11 de diciembre de 1992 cuando, en la antigua cancha de Independiente, dejó el micrófono en plena transmisión luego de Luis Adrián Medero Dejó a Boca en el umbral de un título con un histórico apilado ante Platense: “Suficiente para mí. Damas y caballeros, buenas noches.”.








