El Tercer Año: La Maldición de la Política Argentina
En la política argentina, hay una regla no escrita que parece repetirse una y otra vez: los presidentes enfrentan su momento más crítico en el tercer año de gobierno. ¿Qué hay detrás de esta misteriosa coincidencia? La respuesta parece estar en la brecha entre el calendario electoral y la coherencia económica.
A lo largo de los años, hemos visto cómo los partidos gobernantes priorizan el desempeño electoral en años impares, posponiendo decisiones impopulares y relajando los anclajes fiscales o cambiarios. Sin embargo, esta estrategia tiene un costo diferido que suele manifestarse con toda su fuerza en el tercer año de gestión, una vez que las elecciones han quedado atrás.
Ejemplos recientes como el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en 2013 o el de Mauricio Macri en 2018, nos muestran cómo esta dinámica se repite una y otra vez. En ambos casos, la postergación de ajustes económicos terminó pasando factura y erosionando el capital político de los partidos gobernantes.
En el caso más reciente de Alberto Fernández, la evasión de correcciones fiscales relevantes en 2021 para ganar las elecciones legislativas tuvo como consecuencia una aceleración de la dinámica inflacionaria y tensiones internas en 2022, debilitando aún más su gestión.
Sin embargo, en 2026 parecía que Javier Milei podría romper con esta lógica. Con un agresivo programa de estabilización y un respaldo electoral reciente, todo indicaba que el gobierno libertario se había alineado por primera vez en mucho tiempo en términos económicos y políticos.
Pero la política argentina rara vez concede excepciones. En los primeros meses de 2026, la inflación volvió a dar señales de reactivación, la actividad económica se contrajo y escándalos de corrupción sacudieron la agenda pública. La aprobación presidencial se desplomó, situando a Milei en una situación similar a la de sus predecesores en el mismo tramo de sus mandatos.
Este caso plantea una pregunta profunda sobre la dinámica política argentina: ¿es el momento del ajuste o la capacidad de sostener sus efectos lo que determina el destino de un gobierno? Quizás el problema no sea cuándo se ajusta, sino la capacidad de sostener políticamente sus efectos.
El futuro es incierto, pero el Gobierno tiene recursos y limitaciones para afrontar el siempre temido tercer año de mandato. Entre activos y limitaciones, el desafío es conciliar la estabilidad económica con el bienestar social, ya que la estabilidad sin bienestar es políticamente inviable. En Argentina, los gobiernos caen no cuando se ajustan, sino cuando el vínculo entre política y sociedad se rompe.








