La inflación de los trabajadores en junio sorprende con su registro más bajo en casi cinco años
En un contexto económico marcado por la incertidumbre y la inestabilidad, la inflación de los trabajadores en junio ha generado sorpresa al marcar un descenso significativo. Según el último informe del Instituto de Estadísticas de los Trabajadores (IET) de la UMET y el Centro de Concertación y Desarrollo (CCD), el incremento interanual se sitúa en el 32,5%, cortando la tendencia alcista que se venía arrastrando desde finales del año pasado.
Este dato, que se sitúa en un 1,7% en junio, representa una desaceleración de tres décimas respecto a mayo y se convierte en el registro más bajo desde agosto de 2025. Sin embargo, a pesar de esta aparente buena noticia en términos macroeconómicos, el informe dirigido por el ex ministro Nicolás Trota ha encendido las alarmas sobre el carácter regresivo de este fenómeno.
El desglose de los datos revela que mientras el decil más rico de la población percibió una inflación del 1,6%, los hogares con jefes de familia jubilados experimentaron un aumento del 1,82%, y para los desempleados fue del 1,79%. Esta disparidad en los índices de inflación pone de manifiesto la brecha existente entre diferentes sectores de la sociedad.
Salud y servicios: los rubros que impulsan la subida
La subida del 1,7% en la inflación de los trabajadores estuvo influenciada por diversos rubros, siendo los servicios esenciales los principales impulsores. En este sentido, sectores como Salud (3,3%), Vivienda (2,2%) y Bebidas y Tabaco (2,7%) lideraron los aumentos, principalmente debido a factores como los servicios externos en el caso de la salud, las tarifas de agua y mantenimiento en el caso de la vivienda, y el aumento del consumo de cigarrillos en el rubro de bebidas y tabaco.
Según advierte Nicolás Trota, la desaceleración de junio no es suficiente para compensar el deterioro acumulado del poder adquisitivo de los trabajadores. Existe una desconexión entre la estabilidad de precios y la realidad de la calle, donde la mejora nominal no se traduce en un mayor bienestar para los sectores vulnerables ni en una recuperación de la actividad económica.
El dilema del “retraso cambiario” y el empleo
Un dato clave que resalta el informe es el comportamiento de los bienes importados, donde la apreciación del tipo de cambio y la apertura comercial han tenido un impacto significativo. Rubros como los electrodomésticos han experimentado un aumento del 3,5% en un año, mientras que el transporte ha subido un 46,5%.
Fabián Amico, coordinador del IET, alerta sobre la sostenibilidad de este modelo económico, señalando que la estabilidad cambiaria puede amenazar el empleo nacional. Además, los fuertes aumentos en los servicios regulados continúan ejerciendo presión al alza en la inflación. Según las proyecciones, si este ritmo se mantiene, el año 2026 podría cerrar con una inflación cercana al 34%.
En definitiva, la desaceleración de la inflación en junio puede ser un indicio positivo en medio de un panorama económico complejo, pero es necesario analizar a fondo las implicaciones de este fenómeno para los trabajadores y la sociedad en su conjunto. La evolución de estos indicadores seguirá siendo clave para entender el verdadero impacto en la vida cotidiana de las personas.







