“Adoptar” tumbas de NN para recordar a los desaparecidos de la guerra en Colombia

Una flor de plástico en el nicho azul; dentro de, los restos de un extraño. Blanca Bustamante y otras mujeres adoptaron estas “NN” para dar un nombre y un luto a los desaparecidos de la guerra interna en Colombia.

Diariamente estas mujeres Rezan frente a diferentes bóvedas en el cementerio La Dolorosa en el municipio de Puerto Berrío (centro-norte), en el departamento de Antioquia.


Blanca, de 60 años, marcó una de las tumbas con el nombre de su hijo desaparecido, aunque sus restos no estén ahí. Adoptó a un niño para hacer frente a su propia pérdida.

Medio siglo de lucha ha dejado unos 120.000 desaparecidos, casi cuatro veces más que las de todas las dictaduras reunidas en Argentina, Brasil y Chile en el siglo XX.

Medio siglo de lucha ha dejado unos 120.000 desaparecidos. Foto AFP


Cientos de muertos y pedazos de cadáveres llegaron arrastrados por el Magdalena desde los 80 hasta principios de los 2000, cuando este río era un vertedero de cadáveres sin nombre ni dolientes. Los colonos decidieron adoptarlos y adorarlos.

Dolor

El acuerdo de paz de 2016, que desarmó a la poderosa guerrilla de las FARC, abrió la posibilidad a las familias de encontrar a sus muertos con la ayuda de sus verdugos.

“Elegidos”, dicen las tumbas NN que ya tienen dueño. Algunas exhiben pequeñas lápidas con el mensaje “Gracias NN por el favor recibido” y algunas flores de plástico.

Blanca’s es azul, marcada a mano con el nombre de su hijo ‘Jhon Jairo SB’ (Sosa Bustamante), un militar de 20 años que desapareció hace 14 años cuando estaba descansando.

“Yo digo que si nos ocupamos de uno alguien puede cuidar de los nuestros “, la mujer de 60 años se consuela en diálogo con AFP.

En 2007, su hija Lizeth, de nueve años, también desapareció.. Salió de la casa y nunca regresó: “Si están muertos como NN, debe haber otras personitas que amen a estos seres y los cuiden. Esa esperanza es mía”, anhela.

A medio camino del río más largo de Colombia (1.540 km) limita con este puerto de 36.800 habitantes, caliente y acorralado durante décadas por el conflicto que enfrentó implacablemente a diferentes grupos armados.

Buscar

Con el acuerdo de paz nació la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas (UBPD). Por 20 años, Esta entidad estatal tendrá la misión de localizar a las víctimas, en su mayoría civiles, de la guerra entre paramilitares, guerrilleros, narcotraficantes y agentes estatales.

Una vista del río Magdalena en Puerto Berrio, Antioquia.  Foto AFP

Una vista del río Magdalena en Puerto Berrio, Antioquia. Foto AFP

En tres años ha identificado y entregado 127 restos, en un arduo proceso de recopilación de información, comparando muestras de ADN y no exento de obstáculos por la violencia que siguió a la paz.

Solo en Puerto Berrío sSe han encontrado 116 cuerpos sin nombre, pero podría haber hasta 700, según una estimación preliminar de la UBPD. En esa y otras localidades vecinas se han reportado 2.076 personas desaparecidas.

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Nelcy Díaz vino a este puerto fluvial buscando el cuerpo de su esposo José Jesús Cubillos.

Un grupo de guerrilleros se lo llevó junto con otros cinco campesinos a principios de 2002 en un pueblo vecino, dice esta maestra de escuela de 57 años.

Restos de posibles desaparecidos en bolsas de plástico.  Foto AFP

Restos de posibles desaparecidos en bolsas de plástico. Foto AFP

Nunca volví a escuchar de élPero le dijeron que uno de los rebeldes apareció con seis relojes en un brazo, diciendo que les había “disparado un golpe de gracia”.

Tal vez su cuerpo fue a darle a Magdalena, confianza y la corriente lo empujó unos 200 kilómetros río abajo. “Puede estar aquí”, en el cementerio, dice Nelcy.

Dificil

Para la directora de la Unidad, Luz Marina Monzón, la tradición de “adoptar” las tumbas en Puerto Berrío es “un acto de humanidad” y “resignificar el horror”.

Nelcy guarda en su teléfono una fotografía de José con uno de sus hijos durante la ceremonia de graduación de la escuela. Tenía 42 años cuando lo secuestraron. “Llevamos tanto tiempo luchando, como dando golpes a ciegas, es la primera vez que (…) el Estado nos está cuidando”, concede.

Blanca Bustamante eligió una tumba para recordar a su hijo.  Foto AFP

Blanca Bustamante eligió una tumba para recordar a su hijo. Foto AFP

José Lupo Escobar es un pescador de 69 años con una relación de “amor y odio” con la Magdalena: “Para nosotros es fuente de vida”, pero hubo una época “muy oscura”.

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“Uno encontraba los cadáveres bajando por ahí (…) Muchas veces sacamos una pierna, una mano, a veces una cabeza”, agrega y señala los recovecos y recovecos del río donde los muertos se apiñaban.

Inmortalizada por el nobel Gabriel García Márquez, la Magdalena atraviesa el centro del país y baña once de los 32 departamentos. Sus aguas turbulentas arrastran los restos de la prolongada guerra interna.

Jairo Mira confiesa, arrepentido, habiendo asesinado y usando el río como “cementerio”. Era un adolescente cuando se unió a los paramilitares para enfrentarse a la guerrilla de izquierda. Pagó 17 años de prisión por una masacre de 30 personas, admite hoy el hombre de 56 años.

“Aquí las muertes diarias eran 15 o 20 (…) Puerto Berrío en ese momento se convirtió en zona de guerra y tuvimos que luchar contra ellos en la ciudad y en la montaña ”, recuerda junto a su puesto de venta de zapatos y cinturones de cuero.

Los cadáveres acumulados en el cementerio de La Dolorosa y con ellos nació para las almas “una fe muy propia de la comunidad porteña”, explica Ramón Morales, sepulturero del pueblo en la década del 2000. “Llegó un NN y estaban en la puerta” un montón de “gente diciendo Guárdamelo!'”, Agregar.

Blanca reza a las almas con la esperanza de encontrar a sus dos hijos. “Necesitamos incluso un hueso pequeño, un dedo meñique, eso es mucho para nosotros”, suplica.

Agencia AFP

PB