Alfredo Di Stéfano, el fundador de la mística del Real Madrid, el campeón eterno del fútbol mundial

“Los partidos duran hasta el último suspiro. Si el árbitro no pita, hay que seguir y seguir. Y la mística es un poco esa: querer ganar aunque te den por perdido”, dijo Alfredo Di Stéfano (1926-2014) en su última visita a Buenos Aires, a fines de 2003, en una conferencia de prensa en el hotel Hilton. Ya era grande, llego en su estado presidente de honor y escudo perpetuo del Real Madrid. Vino a recibir una condecoración: la de Ilustre Ciudadano de la Ciudad de Buenos Aires. Merecido, por supuesto, para aquel niño que corría entre las bolsas de patatas de la tienda de su padre; en la que compartió su infancia con sus amigos Losada, El Cacho, Capa, allá en la esquina de Universidad y Suárez, detrás de la fábrica de chocolates Águila, que ya no está.

La última Champions ganada por el Real Madrid es quizás la demostración perfecta de que esta mística existe. Que ese intangible que parece más propio de una verdad de bar que de una verdad futbolística sobrevuele a algunos equipos amigos de la epopeya. Y es verdad Hay clubes con mística. O ciclos con mística. Por citar casos locales: Estudiantes de Osvaldo Zubeldía, Boca con Toto Lorenzo y Carlos Bianchi, el River actual de Marcelo Gallardo). Pero hay un caso paradigmático en el mundo: el Real Madrid, el club más laureado de todos los tiempos.

Ese halo ganador aun cuando todo parece perdido se exhibió muy claramente en su última conquista. Repasemos su recorrido: tras una previsible fase de grupos (terminó primero sin problemas ante el Inter), fue el PSG, el de los millones, el de la obsesión orejudo. Perdió el partido de ida en París 1-0; en la revancha, en el Bernabéu, se fue al descanso perdiendo ante otro gol de un imparable Kylian Mbappé; Pasaron 60 minutos y nada. Entonces, quienes suelen vestir de blanco le dieron la vuelta en un estallido que parecía imposible: tres goles de Karim Benzema, que está en la mejor temporada de su carrera; hacia el Balón de Oro, en tan solo 17 minutos. Tres a uno y fuera uno de los candidatos.

continuado. Cuartos de final: Chelsea. Ganó 3-1 en Londres (con otro hat-trick de Benzema). Pero en Madrid se complicó: a la media hora del segundo tiempo, los ingleses ganaban 3-0. Pero no hay nocaut cuando hay mística, a 10 minutos del final Rodrygo -uno de los comodines de Carlo Ancelotti- mandó el partido a la prórroga. ¿Y que pasó? Sí, apareció el superhéroe Karim para llevar al Real Madrid a semifinales y noquear al vigente campeón.


En la antesala de la final le tocó a él El Manchester City, otro nuevo rico del fútbol europeo y otro hueso duro de roer. Los de Pep Guardiola habían ganado 4-3 en casa en un partido que deberían haber ganado por más diferencia. El Real Madrid, sin embargo, siempre logró mantenerse dentro del alcance más allá del proceso del juego. La revancha, en casa, pareció acabar con la aventura de los chicos de Ancelotti. Los 90 minutos ya estaban contados y el los ciudadanos ganaron 1-0. Hasta que Rodrygo apareció de nuevo desde el banco, dos veces y en otro estallido, para transformar la eliminación segura en esperanza. Y la esperanza, que nunca se pierde, se hizo clasificatoria cuando Benzema, cuando no, puso su firma en el 3-1 de penalti.

Hubo más, también en la final. Enfrente estaba otro equipo con mística, el Liverpool de Jürgen Klopp, Liverpool, seis veces campeón de Europa. Sufrió durante todo el partido. Le dieron una paliza (24 tiros a puerta contra 4). Thibaut Courtois tuvo una actuación de Superman y demostró que es el mejor portero del mundo. El gol de Vinicius -principal apuesta del técnico- sentenció el 1-0. Así también gana el Madrid: pegado a su portería. campeones El 14, como le dicen, ya está en la vitrina de fútbol más grande del mundo.

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Curiosidad o no tanta: El Real Madrid ganó 14 de las 17 finales de Champions. Los tres que perdió fueron contra equipos también asociados a la mística. El Benfica de los tiempos de Eusebio, el Inter de Helenio Herrera y el Liverpool de los ochenta.

Alfredo, el crack que dejó el legado

los flecha rubia -como le llamaban; antes niño, su apodo era el Alemán– Fue en su época para su club -entre 1953 y 1964- lo que Lionel Messi fue para el Barcelona hasta hace un puñado de meses. Una invitación a la victoria y al disfrute. ¿Cristiano Ronaldo? Más allá de sus números estelares, quizás un escalón por debajo. Estilos aparte. Y discusiones, también.

El Alfredo de los Cuarteles. El que había marcado sus primeros goles en Huracán, el que se destacó en River, la que brilló como estrella en la constelación del Ballet Azul de Millonarios de Bogotá, en tiempos en que el fútbol colombiano era pura magia. Pero faltaba la obra maestra. Aunque estuvo a punto de marcharse al Barcelona, ​​el Real Madrid consiguió llevárselo a casa. Y esa llegada lo cambió todo para siempre.

Alfredo Di Stéfano, con la camiseta de River.

Alfredo Di Stéfano, con la camiseta de River.

En sus once temporadas con el Real Madrid marcó 307 goles en 396 partidos. En ese camino estuvo grande, sumó títulos a cada paso: ocho Ligas y cinco Copas de Europa seguidas, entre 1956 y 1960. Ese equipo era dueño de todo. Recorrió Europa derribando a los rivales, superándolos en todas las formas posibles (con lujos o con epopeya): en esas cinco finales convirtió 18 goles y estableció un récord al marcar siete goles (en el 7-3 ante el Eintracht Frankfurt, en 1960, en Hampden Park de Glasgow, con tres goles de Alfredo y cuatro de su compañero perfecto, Ferenc Puskas).

La mística se construye, como apuntaba Di Stéfano, en los momentos más complicados y en los momentos decisivos. Los datos que sustentan la opinión de Alfredo sirven: marcó goles en las cinco finales consecutivas que ganó el Real Madrid. Y en cuatro de las cinco grandes fechas convirtió al primero, que -se suele decir- es el más importante, el que abre los partidos, el que marca el camino.

El protagonismo del Real de Alfredo continuó en Europa, tras aquellas sucesivas conquistas. Aunque sin tanto brillo ni sensación de imbatibilidad. Llegó a dos finales de la Copa de Campeones en los siguientes cuatro años. En la primera, perdió ante el mejor Benfica de todos los tiempos de Eusebio -La Pantera de Mozambique, representante de Portugal-; y en el segundo fue capaz de batir al granito Inter de Luis Suárez, el Iniesta de su tiempo, el único español en ganar el Balón de Oro.

Homenaje a Alfredo Di Stéfano durante un partido del Real Madrid, en el estadio Santiago Bernabéu.  Foto: EFE/Alberto Martín.

Homenaje a Alfredo Di Stéfano durante un partido del Real Madrid, en el estadio Santiago Bernabéu. Foto: EFE/Alberto Martín.

El entrenador fue el argentino Helenio Herrera, creador de ese equipo Nerazzurri y uno de los técnicos más exitosos de la historia. El hombre tenía dos debilidades: la catenaccio y el juego de Don Alfredo. A modo de comparación con otro gran futbolista, HH solía decir: “Pelé es un violín; Di Stéfano, toda la orquesta”.

No sólo eso, con Alfredo se forjó la mística del Real Madrid, el eterno campeón.