La Comisión Económica para América Latina y el Caribe ajusta al alza su estimación a 2,4 % en 2025, pero insiste: “el motor sigue débil”
La región latinoamericana avanza, sí — pero lo hace con paso lento: la Cepal situó la proyección de crecimiento para 2025 en apenas 2,4 %, una mejora de dos décimas respecto a su anterior pronóstico, pero una cifra que confirma la fragilidad del panorama.
Contexto: una mejora tenue en medio de la incertidumbre
La Cepal atribuye esta leve mejora a un entorno internacional “menos adverso” de lo previsto.
Sin embargo, el organismo advierte que la región “sigue creciendo a un ritmo bajo” y que las amenazas estructurales —como la baja inversión, la debilidad en la demanda externa y la volatilidad financiera— permanecen intactas.
En otras palabras: un pequeño respiro, no una victoria.
¿Qué implican los 2,4 % ? ¿Es suficiente para Latinoamérica?
Liderazgos dispares entre países
En este contexto general, algunos países destacan por encima de la media: Venezuela (6 %), Paraguay (4,5 %) y Argentina (4,3 %) lideran las estimaciones de crecimiento para 2025.
Por el contrario, economías como México se sitúan muy por debajo de ese promedio regional.
El resultado genera un mosaico: algunos países logran mayor tracción, pero la mayoría se enfrenta todavía a un crecimiento modesto.
¿Por qué tan bajo?
Los factores detrás del crecimiento limitado incluyen:
- Una menor dinamización del comercio internacional y de la demanda externa.
- Baja inversión empresarial, tanto nacional como extranjera.
- Persistencia de vulnerabilidades estructurales: informalidad laboral, bajos niveles de productividad y dependencia de materias primas.
Mirada global: ¿cómo se posiciona la región?
Aunque el 2,4 % representa un leve avance respecto al año anterior, la cifra coloca a América Latina entre las regiones con menor crecimiento del mundo.
Esto reduce el margen de maniobra ante choques globales —ya sean alzas de tasas de interés, nuevas tensiones comerciales o crisis de deuda— y hace que el “crecer más” sea tanto una meta como una urgencia.
¿Qué significa para ciudadanos, empresas e inversores en la región?
- Para las familias: Un crecimiento bajo suele traducirse en menos oportunidades laborales, incrementos moderados del salario real y posibles tensiones en el consumo.
- Para las empresas: Un entorno de demanda moderada exige mayor eficiencia operativa, diversificación hacia mercados externos o inversión en innovación para destacar.
- Para los inversores: La región puede ofrecer oportunidades de valor, pero con mayor riesgo. La escasa robustez del crecimiento exige que las inversiones sean selectivas y estén preparadas para escenarios adversos.
Claves para 2026: ¿Qué puede cambiar?
La Cepal mantiene su estimación para 2026 en apenas 2,3 % — sin cambio respecto al último pronóstico.
Para mejorar ese panorama, es clave que los países de la región actúen en tres frentes:
- Elevar la productividad mediante innovación, digitalización y capital humano.
- Asegurar financiamiento habilidoso: tanto nacional como foráneo, y orientado al crecimiento sostenible.
- Diversificar economías: reducir la dependencia de los ciclos de materias primas y aumentar el valor añadido de sus exportaciones.
Si estos elementos se ponen en marcha, ese 2,4 % podría transformarse lentamente en un impulso más significativo. Pero si no, la región corre el riesgo de quedar atrapada en un estancamiento prolongado.
Meta descripción: América Latina crece un 2,4 % en 2025 según la Cepal, pero el ritmo sigue siendo bajo y deja preguntas sobre su estabilidad económica futura.








