AMLO y su villano externo favorito

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Desde los tiempos de Donald Trump, no había una tensión tan profunda entre el gobierno de turno y Estados Unidos. Tras los pedidos de inicio de consultas contra el Estado mexicano por el incumplimiento de la Tratado de Libre Comercio México-UE-Canadá, Presidente López Obrador no ha hecho más que sumar a la incertidumbre y jugar con fuego, argumentando la defensa de la soberanía.

El canciller marcelo ebrard ya ha dado una pista del terreno al que quieren llevar el mecanismo de solución de controversias contemplado en el T-MEC exigir modificaciones en las condiciones de competencia, diciendo que es mejor hacer una consulta y luego llegar a un acuerdo. Estados Unidos y CanadáEstipulan que el daño a sus empresas podría costar hasta 30 mil millones de dólares. No es cualquier número.

La principal diferencia con los socios del T-MEC es que México está incumpliendo con la apertura energética a la que se comprometió al firmar el tratado. Las principales acusaciones son: la nueva Ley de la Industria Eléctrica que privilegia a la Comisión Federal de Electricidad y deja fuera a otras empresas; Se impusieron condiciones a los productores de combustibles, excepto a Pemex; además, sólo las dos empresas estatales pueden importar y transportar gas natural.

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En el centro de la discusión, además del tema energético, están las obras de la tren maya, declaradas como obras de seguridad nacional para evitar la ola de amparos interpuestos por grupos ambientalistas que advierten de la devastación al ecosistema de la región. El mandatario denunció que detrás de las medidas cautelares está el propio gobierno de Estados Unidos, que, según él, estaría financiando a grupos ambientalistas vinculados a Claudio X. González y el exministro de la Corte Suprema, José Ramón Cossío. O según él, los que todavía están enojados por la cancelación del aeropuerto de Texcoco.

La afirmación de la intervención estadounidense en los asuntos internos no es nueva. En 2021, el gobierno de México envió una nota diplomática para el financiamiento a la organización mexicana contra la Corrupción y la Impunidad por parte de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional; en ese momento se hablaba de las facturas como prueba. En esta ocasión, ¿qué pruebas tiene para asegurar que detrás de las protecciones a sus obras hay intereses estadounidenses? ¿Por qué no se envía una nueva nota diplomática?

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Lo que no ha dicho el Presidente es que detrás de su ofensiva está el escándalo de que las condiciones preferenciales para empresas del Estado mexicano están relacionadas con los sobrecostos que están presentando sus principales obras de infraestructura.

La construcción de sus tres grandes proyectos: el Refinería Dos Bocasla Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y el Tren Maya, sumar hasta un 57 por ciento más que el presupuesto original; la suma de los proyectos bandera se ubicaba en un inicio en 400 mil 548 millones de pesos, pero la cifra hoy alcanza los 630 mil 304 millones de pesos. Esto es algo que por supuesto no aclara.

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Las diferencias con el gobierno norteamericano son un capital político que no está dispuesto a derrochar.

Es bien sabido que López Obrador está muy molesto por las consultas del T-MEC, sobre todo porque salieron después de su viaje a Washington. Y qué mejor que empezar culpando a otro actor externo de una obra que no ve claro que tendrá a tiempo: el polémico tren. Nacionalismo simple.

POR CARLOS ZÚÑIGA PÉREZ

COLABORADOR

@CARLOSZUP

MAAZ

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