Barinas, ejemplo de lo que hay que replicar para derrotar a Maduro

En las elecciones del 21 de noviembre de 2021, el candidato opositor Freddy Superlano logró ganar la elección por apenas 130 votos. Sin embargo, una decisión repentina de la Contraloría General de la República y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de inhabilitar a Superlano (luego de realizada la votación) sirvió de justificación para anular el proceso y ordenar que se repitiera la elección.

En el nuevo proceso realizado el 9 de enero de este año, el candidato opositor Sergio Garrido derrotó al nuevo candidato del chavismo, el excanciller Jorge Arreaza, por una diferencia de 43.000 votos (14 puntos porcentuales).


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¿Cómo se puede explicar este resultado? Para el economista Francisco Rodríguez “la victoria de la oposición en Barinas no fue un acto de voluntarismo. Fue una instancia exitosa de construcción de coaliciones (…) precisamente lo que hay que replicar a nivel nacional para derrotar a Maduro”.


Rodríguez argumenta que la victoria de la oposición venezolana “en el estado natal de Chávez no hubiera sido posible sin el apoyo de fuerzas centristas clave que hasta ahora han sido excluidas de la principal oposición (…) Al tratar de dar sentido a este sorprendente revés en nada menos que el estado natal del difunto Hugo Chávez, es tentador aferrarse a una narrativa simple y convincente de cómo la oposición recuperó Barinas: el gobierno trató de robarse las elecciones anulando la votación de noviembre; Como reacción, los votantes se hartaron y acudieron masivamente a votar en contra del candidato de Maduro, logrando una victoria tan grande que ni siquiera el Consejo Electoral controlado por el gobierno pudo alterar los resultados”.

Rodríguez advierte en su análisis que la explicación para Barinas es mucho más complicada. “Sí, fue una victoria impresionante, pero el factor principal no fue la indignación de los votantes sino las tácticas inteligentes de la oposición. A diferencia de elecciones pasadas, incluida la de noviembre, el candidato opositor en Barinas buscó alianzas con grupos de centro que han emergido como una nueva fuerza en la política venezolana”.

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Rodríguez señala que “de manera un tanto contradictoria, la mayor participación en las elecciones del 9 de enero no funcionó a favor de la oposición. Sí, la participación fue moderadamente mayor en enero que en noviembre. Sin embargo, lo que nos dicen los números es que estos votos adicionales fueron captados en gran parte por el candidato del gobierno, el excanciller Jorge Arreaza. Es fácil ver esto a partir de los números brutos: 35.000 personas más votaron en las elecciones de enero que en noviembre, y el candidato del gobierno, Arreaza, capturó el 76 por ciento de esos votos adicionales. Eso explica por qué la participación de votos del partido socialista PSUV en el gobierno aumentó de 36,8 por ciento a 41,3 por ciento entre las dos elecciones. En otras palabras, parece que el impulso de último minuto del gobierno para obtener la votación funcionó bastante bien”.

El argumento de Rodríguez se puede complementar con los informes periodísticos y organismos nacionales de observación de lo ocurrido en Barinas desde que se anunció la repetición de las elecciones.

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Desde hace seis semanas, al menos 16 ministros y varios viceministros de Maduro trasladaron sus actividades a Barinas. Una decisión similar tomó el Alto Mando Militar. En conjunto, el gobierno de Maduro desplegó como apoyo a la campaña del candidato Jorge Arreaza toda una movilización estatal para acometer obras, reparar infraestructura, distribuir electrodomésticos y bonos económicos. Además, como parte de la campaña, el chavismo eliminó el sistema de racionamiento de gasolina, trajo un sistema de llenado de cilindros de gas desde Carabobo, perforó pozos y activó sistemas de extracción de agua en algunas comunidades, etc. El chavismo hizo todo lo posible para ganar la elección.

Para Rodríguez, la victoria del candidato opositor fue posible, “no porque logró sacar a votar a ex abstencionistas descontentos. Fue que pudo unificar a los votantes de la oposición. En noviembre, otros candidatos de la oposición recibieron el 26 por ciento de los votos; esta vez se les ocurrió un mísero 3 por ciento. La abrumadora mayoría de esos votos de la oposición fueron para Garrido, lo que le permitió aumentar su porcentaje de votos del 37,1 al 55,4 por ciento. En noviembre, el chavismo casi gana a una oposición dividida. En enero, perdió ante una oposición unificada”.

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Sin embargo, varias voces en las redes sociales se hacen eco de la tesis de que el chavismo forzó su derrota para promover la intención de algunos grupos opositores de solicitar -pese a las normas técnicas que lo hacen inviable- un referéndum revocatorio contra Maduro.

El politólogo John Magdaleno, quien fue uno de los principales asesores de la campaña de Garrido en Barinas, responde a esta tesis de la siguiente manera: “Sugerencia: no pierdan el tiempo con los que dicen que el madurismo cedió a Barinas. No es sólo un insulto gratuito a los barineses, que acaban de dar una lección de valentía e inteligencia estratégica; también comunica un total desconocimiento de lo que allí sucedió. Y sé lo que pasó”.

Para Magdaleno “hoy ha quedado claro que el tema crucial es saber utilizar las elecciones como palanca (entre varias) de cambio. No es cualquier tipo de estrategia o táctica que pueda funcionar”.

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Para el politólogo Ricardo Sucre “hay muchos significados políticos” sobre el resultado del 9 de enero en Barinas. Sin embargo, desde su perspectiva, la principal conclusión es que se empieza a construir el camino para una posible alternancia en el poder, que tendrá su prueba en las elecciones presidenciales de 2024.

¿Por qué el chavismo no volvió a ignorar el resultado? En un artículo reciente, Sucre argumenta lo siguiente: “Hay límites que el gobierno no puede sobrepasar. Hacerlo crea una situación de ingobernabilidad y conflicto que el ejecutivo no quiere (…) Mi análisis es que el gobierno ha interiorizado que necesita estabilidad y gestión. Que no puede -ni quiere- volver a las etapas de 2015 a 2019. De ser así, plantea el problema de la alternancia. El chavismo puede perder las elecciones presidenciales de 2024. También se puede dar el “palo a la lámpara” y optar por una solución orteguista. En Barinas no pasó. Sólo la primera parte -candidatos descalificados-, pero el gobierno y su candidato, Jorge Arreaza, tuvieron el gesto de aceptar el resultado. Eso lo reconozco como un hecho político positivo”.

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Para Sucre en Twitter “hay como una apuesta tipo profecía hecha a sí misma para ver cuándo Maduro nombrará al protector de Barinas (…) La decisión de mermar el triunfo de la MUD no depende solo de Maduro. Aquí está el quid de la cuestión. Depende también de lo que haga la oposición con su victoria en Barinas. Si Garrido interpreta su victoria y cree que es para hacer de Barinas un bastión de la quiebra, seguramente será nombrado el famoso protector, posiblemente el TSJ decida cuestiones para ese estado, y el gobierno haga lo mismo que hizo en Zulia: quita poderes, que mejor lo haces si no lo has hecho ya. Espero que no lo haga”.

¿Está despejado el camino para un retiro?

Según el análisis de la firma Carpe Diem “la revocación del mandato ha comenzado a asomar como opción política en los últimos días. Este evento podría convertirse en un punto intermedio entre la negativa del chavismo a adelantar la elección presidencial de 2024 y el reclamo de la oposición y sus principales aliados internacionales para que esta elección se realice lo antes posible”.

Sin embargo, la firma advierte: “Esta posibilidad requiere que la oposición y la comunidad internacional reconozcan de alguna manera la legitimidad de Maduro, más allá del Memorándum de Entendimiento firmado en México. Como ocurrió en el caso del revocatorio contra Hugo Chávez, la viabilidad de una consulta popular de este tipo requiere de un acuerdo político previo (…) Más allá del debate sobre la legitimidad de Maduro y la fecha de su asunción, el revocatorio es, en este momento, una opción técnica y política muy compleja de concretar”.

@puzkas