Bastaría “un hueso”, la búsqueda desesperada de 95.000 desaparecidos en México

Desesperada, la madre suplica a un soldado que la deje entrar al campo donde podrían estar los restos de su hijo, uno de los 95.000 desaparecidos en México. Un hueso le bastaría para tener un poco de paz.

Los forenses cavan la tierra en este paraje salvaje de La Bartolina, un caserío del estado de Tamaulipas (noroeste) donde las autoridades han encontrado media tonelada de restos humanos desde 2017.


Pero en lo que fue un maizal, la mujer, que perdió el rastro de su hijo hace casi un año, se topa con patrullas, cintas de protección y un militar que controla la entrada.

“¡Contéstame! ¿Tienes hijos? ¿No te dolería? (…). Solo quisiera un hueso de mi hijo descansando junto a mi esposo, saber que es de mi hijo ”, insiste la madre al soldado, que no logra salir de su silencio.

La Bartolina se encuentra a pocos kilómetros de la ciudad de Matamoros (en la frontera con Estados Unidos), plagada por la violencia del narcotráfico y otras bandas del crimen organizado.


En Tamaulipas (noroeste), las autoridades han encontrado media tonelada de restos humanos desde 2017. AFP Photo

La Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), organismo oficial que coordina el seguimiento de los desaparecidos, cetiqueta el sitio como “campo de exterminio” por la cantidad de personas que se cree que fueron asesinadas e incineradas allí.

La madre, que evita dar su nombre, no está segura de que los restos de su hijo estén en este lugar. Pero decidió ir cuando se enteró de que también lo haría un grupo de madres y familiares que realizaban sus propias búsquedas. ante la “ineficiencia” de las autoridades.

Una región violenta

Vía de paso de drogas a Estados Unidos y de inmigrantes indocumentados, Tamaulipas registra 11,835 desaparecidos, cifra solo superada por los 14,870 casos en el estado de Jalisco (oeste). En total, México tiene 95,121 desaparecidos, según cifras oficiales difundidas este viernes durante la primera visita al país del Comité de la ONU contra las Desapariciones Forzadas.

El fenómeno de los desaparecidos y las fosas clandestinas no es nuevo en México ni en América Latina, donde las víctimas se cuentan por decenas de miles durante décadas debido a dictaduras, guerrillas y crimen organizado.

Camino de paso de drogas a Estados Unidos y de inmigrantes ilegales, Tamaulipas registra 11,835 desaparecidos.  Foto AFP

Camino de paso de drogas a Estados Unidos y de inmigrantes ilegales, Tamaulipas registra 11,835 desaparecidos. Foto AFP

Sin embargo, el problema en México se ha agravado desde 2006 cuando el gobierno del presidente Felipe Calderón (2006-2012) lanzó una ofensiva militar que no ha logrado someter a los cárteles.

Desde entonces, México ha registrado 300.000 asesinatos, atribuido en su mayoría a organizaciones dedicadas a múltiples delitos como narcotráfico, contrabando de armas, secuestro, extorsión, tráfico de migrantes y robo de combustible, conocido como “huachicol”.

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“El crimen organizado sigue siendo una de las principales causas” de violencia, dice Laura Atuesta, del programa de política de drogas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

La desaparición entre individuos está “vinculada a la corrupción de las fuerzas policiales vinculadas al crimen organizado”, subrayó a mediados de noviembre ante el Comité de la ONU el subsecretario de Derechos Humanos del gobierno, Alejandro Encinas.

75% de las víctimas son hombres y 25% mujeres, en su mayoría jóvenes, según la CNB. Muchos están atrapados en la pobreza que afecta al 43,9% de la población, unos 55 millones de personas.

En zonas de conflicto entre policías y cárteles, las niñas son secuestradas por trata de personas, un drama retratado en la película “Noche de fuego”, de la cineasta mexicano-salvadoreña Tatiana Huezo, presentado en los festivales de Cannes y San Sebastián este año.

Desde 2006, México ha registrado 300.000 asesinatos, la mayoría de ellos atribuidos a organizaciones criminales.  Foto AFP

Desde 2006, México ha registrado 300.000 asesinatos, la mayoría de ellos atribuidos a organizaciones criminales. Foto AFP

Un sol de plomo castiga a La Bartolina. María Isela Valdez, de 58 años, quien encabeza el grupo de madres en busca de sus hijos, está enojada con las fuerzas de seguridad que le impiden ingresar.

“¿Por qué no estaban aquí la Guardia Nacional, el Ejército y la Marina cuando fueron traídos, masacrados, torturados, enterrados y quemados?”, Cuestiona la mujer. que busca a su hijo Roberto, secuestrado en la vecina Reynosa en 2014.

María Isela lidera el grupo junto a su hija Delia, de 38 años.

Sin respuestas

En junio de 2019, la madre se arrodilló frente al presidente izquierdista Andrés Manuel López Obrador pidiendo ayuda; El pasado mes de julio su hija preguntó en un comunicado al Cartel del Golfo -uno de los que domina la zona- una “tregua” para entrar en La Bartolina.

Después de esa carta, sentadas en la oficina del fiscal y oficios para conseguir seguridad, Delia y su madre lograron llegar.

“Estamos aquí para que la autoridad haga su trabajo, porque si nos vamos, Ellos no hacen nada“Dice Delia a la AFP, tras obtener autorización para que los miembros del grupo esperen bajo una carpa para recibir información sobre los hallazgos.

Delia Quiroga, activista en busca de desaparecidos en México.  Foto AFP

Delia Quiroga, activista en busca de desaparecidos en México. Foto AFP

El día es lento y agotador, con temperaturas de hasta 40 grados centígrados apenas atenuadas por la ligera brisa de un cuerpo de agua. Mientras espera, se pueden escuchar serpientes deslizándose entre los árboles y los arbustos espinosos.

La zona también está asediada por delincuentes.. De hecho, el segundo día de trabajo terminó antes de lo esperado debido a los enfrentamientos entre policías y pistoleros en Matamoros.

Las investigaciones allí llevarán hasta un año.

“Las familias (…) siguen enfrentando un sistema que no les da respuesta“, admite Karla Quintana, titular de la CNB, activada en 2018.

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A pesar de señalar avances, Quintana recuerda que en México el 98% de los delitos quedan impunessy que en las morgues hay miles de cadáveres sin identificar porque las fiscalías están desbordadas.

“El gran problema son los fiscales”, dice Quintana, quien a fines de septiembre reveló el hallazgo de otro “campo de exterminio” cerca de Nuevo Laredo (Tamaulipas).

Al finalizar su visita el viernes, el Comité de la ONU denunció un ambiente de “impunidad”, así como de “ineficacia” y “discreción” en los allanamientos. Cien personas han desaparecido durante la estadía de 10 días del Comité en México, según un miembro de la delegación.

El presidente López Obrador reconoce que el problema de los desaparecidos es la “herencia más dolorosa” frente a su gobierno, que comenzó en diciembre de 2018, y promete combatir la impunidad.

Vista aérea de la búsqueda de personas desaparecidas.  Foto AFP

Vista aérea de la búsqueda de personas desaparecidas. Foto AFP

Indiferencia

Desde marzo de 2019 “se han realizado 2.300 días de búsqueda por parte de la Comisión Nacional de Búsqueda, junto con los familiares”, según la Subsecretaría de Derechos Humanos.

En general, estas desapariciones despiertan indiferencia en la sociedad mexicana, acostumbrada a vivir con violencia.

En contraste, el caso de 43 alumnos de la escuela rural de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero (sur), causó gran indignación dentro y fuera de México.

Desaparecieron la noche del 26 de septiembre de 2014 luego de ser detenidos por policías aliados con narcotraficantes, y sólo se han identificado restos de tres de ellos.

Tampoco están claros los motivos del crimen, ocurrido cuando los normalistas tomaron un autobús para participar en una protesta. Según una de las hipótesis, el vehículo habría sido cargado con droga del cartel Guerreros Unidos, sin que los jóvenes lo sepan.

La AFP también observó los esfuerzos de búsqueda en la ciudad de Hermosillo (Sonora), donde todas las semanas Milagros Valenzuela se arma con palas y picos para encontrar a sus hermanos Alejandro y Marco Antonio, desaparecidos en 2015 y 2019, respectivamente.

En esos días, ella y el grupo que lidera están custodiados por la policía estatal. El miedo esta mas que fundado: en julio, su pareja Aranza Ramos, de 28 años, que buscaba a su esposo Brayan Celaya, fue asesinada a tiros en su casa en la cercana Guaymas.

No se sabe si el asesinato está vinculado a la labor de búsqueda de la joven. La oficina de Derechos Humanos de la ONU le pidió a México que investigara el caso.

Cuando se enteró, Milagros, de 21 años, estaba preparando archivos de búsqueda que publica en Facebook.

“Muchas cosas se me pasaron por la cabeza, porque tiene una niña de dos años”, dice junto a un retrato de su pareja, un crucifijo y una manta con decenas de rostros de desaparecidos, algunos con la leyenda. “Encontrado sin vida”.

Además “pensé que volvería a encontrarse con su marido (…), lo único que buscaba”, prosigue.

Las mujeres se encuentran temprano en la mañana en una gasolinera en Hermosillo.

Uno de ellos, que busca a su hijo desaparecido hace cuatro años, ve estos días como una terapia contra la depresión; otros recargan sus baterías con camaradería y humor.

“¿Y para qué es esto?” Pregunta un policía que los acompaña, levantando un pico. Todos se echaron a reír.

Pero el buen humor rápidamente da paso a la frustración. “Lo más difícil es ir con la esperanza de encontrar y regresas a casa con las manos vacías“, confiesa Milagros.

Su grupo pide públicamente a los delincuentes que no desaparezcan los cuerpos. “Si ya les quitaste la vida, ¿Por qué los entierras? ¿Por qué los quemas? “Él pide.

Ella se da la respuesta. “Lamentablemente las autoridades dicen que sin un cuerpo no hay crimen”.

Ir con protección policial no los libera de riesgos. Durante un segundo día de búsqueda, Milagros está segura de que en un campo vallado quedan restos del aleteo de los buitres.

Pero los agentes advierten de tiroteos en el cercano municipio de Pitiquito que han dejado cuatro muertos.

“Allí hace calor y todo se calienta”, le dice un policía a Milagros, quien insiste en cruzar la valla.

La Fiscalía de Sonora asegura que ha acompañado los esfuerzos de búsqueda desde que se creó el primer colectivo en el estado, para lo cual especialistas y equipos forenses contratados.

“La procuradora general (Claudia Contreras) mantiene la voluntad y el compromiso de asistir y apoyar a los buscadores de Sonora en su extraordinaria labor, porque es justo”, dijo una vocera.

Con denuncias permanentes de infiltración de delincuentes en los organismos de seguridad, el trabajo de los investigadores implica un alto riesgo.

La argentina Mercedes Doretti, del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF, independiente), denunció en estos días haber sido espiada por la desaparecida Fiscalía General de México durante su labor sobre desapariciones, junto a un abogado y un periodista.

Pese a ello, Anel Robles, la pareja de Milagros, está decidida a seguir buscando a su esposo, quien desapareció a manos de la policía. “Si no los buscamos, ¿quién?“, afirma.

La mujer dice que a sus hijos pequeños les gustaría ayudarla a encontrarlo. “El niño pregunta todos los días: ‘Esos señores que le robaron a mi papá, ¿no tienen su número? Para que me lo devuelvan’.

Agencia AFP

PB