cadena perpetua para el principal acusado

Se hizo justicia. Los responsables y cómplices de los atentados del 13 noviembre de 2015 en París fueron condenados este miércoles por el tribunal penal especial en la capital francesa.

Salah Absdelam, el único terrorista de los atentados en los cafés y terrazas de la capital de Francia que sobrevivió y no se detonó en el Stade de France, fue condenado de por vida. No tiene posibilidad de libertad condicional: morirá en prisión.

Un veredicto histórico, catártico para las víctimas y sus familiares -130 muertos y decenas de heridos-, ejemplificador para el terrorismo.

Eran las cinco de la tarde cuando las puertas del palacio de Justicia y la sala de audiencia se llenó de gente. Abogados, partes civiles, periodistas, familiares, llegaron al recinto bajo estrictas medidas de seguridad.

Una hora solo para entrar al recinto del palacio. Pero la sentencia se retrasó.

Pero el misterio se develó. Los jueces siguieron el pedido de la Fiscalía, que había reclamado la máxima pena del Código Penal francés contra Abdeslam, por el peor atentado en París desde la Segunda Guerra Mundial.

Fue el final para esa pesadilla interminable después de un juicio de 184 días, debates, testimonios. Dolor y humanidad, todo junto.

Algunos acusados son cómplices o amigos, que ayudaron a Abdeslam en su fuga. Un proceso judicial que involucró 542 volúmenes de documentación, 330 abogados y 2578 demandantes.

Un total de 20 acusados ​​fueron juzgados, incluidos seis en ausencia, de los cuales se cree que cinco murieron en Siria. Los 14 en el banquillo estaban acusados ​​de ayudar a organizar los ataques.

Los otros nueve terroristas, que dispararon y bombardearon bares, cafés del barrio XI de París, el estadio nacional de fútbol y la sala Bataclan, fueron asesinados en la noche o en una redada policial cinco días después.

Quedan misterios

En el juicio quedan misterios: la posibilidad de la preparación de otro atentado, probablemente en el aeropuerto Charles de Gaulle.

Los fiscales habían pedido cadenas perpetuas para 10 acusados, ​​que habrían desempeñado papeles centrales, y penas que van de cinco a 30 años para los demás.

Salah Abdeslam, de 32 años, quien fue designado por ISIS como el décimo miembro de las unidades de ataque. Foto: AP

Pidieron que Salah Abdeslam, de 32 años, quien fue designado por la banda terrorista ISIS como el décimo miembro de las unidades de ataque (sobrevivió porque su chaleco suicida no funcionó correctamente, según expertos forenses, y el argumentó que se negó a detonarse) fuera privado de la posibilidad de libertad condicional, tras su pena. Condena de por vida.

El debate

Los nueve magistrados del tribunal penal especial -5 titulares y 4 suplentes- fueron llevados a un cuartel seguro para determinar la culpabilidad y las sentencias de los 20 acusados ​​en el juicio por los ataques del 13 de noviembre. El veredicto se espera este miércoles al final del día, como mínimo.

«¿Tenés una convicción íntima?». Desde el mediodía del lunes y hasta las 5 de la tarde del miércoles, como muy pronto, fue la pregunta que se hizo el tribunal Penal, especialmente compuesto, que juzgó los atentados.

Era poco antes de las 11 de la mañana de este lunes cuando Jean-Louis Périès cerró el debate. “Voy a pedir a los guardias que saquen a los imputados de la sala. Se suspende la audiencia. Normalmente se reanudará el miércoles 29 de junio, a partir de las 17 horas”, dijo el presidente del tribunal.

Los miembros del tribunal fueron a deliberar el veredicto en un cuartel en la Ile-de-France, un lugar secreto y seguro, del que solo pueden salir para leer su decisión.

En esta sesión a puertas cerradas, los magistrados debían responder a decenas de preguntas por cada uno de los 20 acusados, 14 presentes y 6 juzgados en ausencia.

Las preguntas 

Estas son las preguntas técnicas, que debieron responder. Pero los familiares de las víctimas, después de tanto dolor, querían que fuera “con justicia y sin odio”.

Una mujer deja flores en el atacado teatro de Bataclan. Foto: Foto: AP

Una mujer deja flores en el atacado teatro de Bataclan. Foto: Foto: AP

  • ¿Cometió Salah Abdeslam asesinatos en una banda organizada en acción conjunta con los otros terroristas?
  • ¿Cometió intentos de asesinato en una banda organizada?
  • ¿Cometió intentos de asesinato en una banda organizada contra personas con autoridad pública?
  • ¿Mohamed Abrini es cómplice a los asesinatos en una banda organizada en relación con una empresa terrorista?
  • ¿Mohamed Bakkali es cómplice del secuestro en el Bataclan?
  • ¿Cometieron Mohammed Amri, Hamza Attou o Ali Oulkadi un encubrimiento de un terrorista?

A cada interrogante, una respuesta y una sentencia. Para cada imputado, los magistrados deberán responder sí o no a cada una de las preguntas. Cada uno de ellos debía indicar su decisión en un papel, que será inmediatamente destruido, una vez que se haya tomado la decisión final.

¿Cómo se llega al veredicto?

El presidente del tribunal en lo penal recordó que solo su «convicción íntima» guía su decisión, citando el artículo 353 del código penal.

“La ley no pide a los jueces que den cuenta de los medios por los cuales se han convencido. Está escrito, especificando que la ley les prescribe que se interroguen, en silencio y contemplación, para buscar con sinceridad en su conciencia, qué impresión han tenido (…) por las pruebas presentadas contra el acusado y los medios de su defensa», dijo.

«La ley sólo les hace esta única pregunta, que contiene todo el alcance de sus funciones: ‘¿Tiene usted una convicción íntima?’ «,recordó el presidente del tribunal.

Una sentencia «justa»

Durante dos semanas, los abogados defensores de los acusados abogaron por sentencias «justas» y no por una justicia «excepcional», respondiendo al «miedo» suscitado por los atentados de París y Saint-Denis, un suburbio de Paris, donde se encuentra el Stade de France, donde estaba Salah Abdeslam, y no se detonó.

«Este juicio no debe ser la continuación de la guerra contra el terrorismo por otros medios«, había suplicado en particular Olivia Ronen, la defensora del terrorista acusado, para evitar la cadena perpetua para su cliente Salah Abdeslam.

Forenses trabajan en las puertas del Bataclan en una imagen de 2015. Foto: AP

Forenses trabajan en las puertas del Bataclan en una imagen de 2015. Foto: AP

La palabra de los acusados

El lunes pasado, los acusados ​​del 13 de noviembre se pusieron de pie para dirigirse al tribunal. Ante estos rostros ahora familiares, después de diez meses de juicio, a veces se disculparon, a veces proclamaron su inocencia. Al término de esta solemne audiencia, los nueve magistrados especializados se retiraron a deliberar.

Salah Abdeslam fue el último en hablar. Con voz tranquila, dedicó sus primeras palabras a las aproximadamente 2.500 partes civiles del proceso: “Les he presentado mis disculpas y algunos dirán que son insinceras, que es una estrategia. Más de 130 muertos, 400 heridos: ¿Quién puede disculparse sinceramente por tanto sufrimiento?”.

Salah Abdeslam fue el último en hablar. Foto: Benoit Peyruq / AFP

Salah Abdeslam fue el último en hablar. Foto: Benoit Peyruq / AFP

El hombre, que se presentó con orgullo el primer día del juicio, el 8 de septiembre, como «un combatiente del Estado Islámico», insistió en su «evolución» desde esa fecha.

El único miembro vivo del comando terrorista se alarmó entonces por la «espada» que la Fiscalía Nacional Antiterrorista colocó en su «cuello», solicitando cadena perpetua irreductible en su contra. Es la pena más severa del código penal.

“Francia está perdiendo poco a poco sus valores”, se aventuró a decir Salah Abdeslam, que nació en Francia, creció en Bélgica y su hermano se detonó en los atentados de Paris. “Se están desmoronando y la fiscalía lo ha demostrado en sus requisiciones”.

Y concluyo, frente a una sala completa y silenciosa: “Reconocí que no era perfecto. He cometido errores. Pero no soy un asesino, no soy un asesino. No maté. Si me declaran culpable de asesinato, estarán cometiendo una injusticia”, dijo el acusado.

Salah Abdeslam experimentó “el camino de la rehumanización” en el proceso, según los psiquiatras. Un personaje que se disputaba entre su personaje de terrorista y minimizar su rol para no ser condenada a prisión de por vida.

“Les pido que me detesten con moderación. Yo no elegí ser ese que yo soy hoy. En el futuro deseo ser olvidado”, dijo en su alegato.

Olivia Ronen, abogada de Salah Abdeslam. Foto: Alain Jocard / AFP

Olivia Ronen, abogada de Salah Abdeslam. Foto: Alain Jocard / AFP

«Tenemos remordimientos»

Mohamed Bakkali fue el organizador de la «logística» de los atentados. Como él, la mayoría de los hombres sentados en la jaula de cristal de los acusados, dirigieron sus últimos discursos a las víctimas.

“Todos los días tenemos remordimientos. Pude poner rostros a las víctimas. Lo que pasó es repugnante. Podría haber parado todo eso”, lamentó Mohamed Abrini, alias “el hombre del sombrero”. ”Quería condenar enérgicamente los ataques y disculparme con las víctimas” concluyó.

«Sus testimonios me conmovieron mucho. Los llevaré en mi corazón hasta el final de mis días», continuó Farid Kharkhach.

El temor de los «perejiles»

El público no fue insensible a las últimas declaraciones de los “perejiles” del juicio: Ali Oulkadi, Hamza Attou y Abdellah Chouaa, que testimoniaron en libertad.

“Tengo tanto miedo de que cometan un error. Soy inocente”, imploró Abdellah Chouaa, antes de desplomarse en la barra: “Ya sea que me declaren inocente o no, siempre seré un acusado en este juicio y lo sufro”.

Dibujo de una de las sesiones del juicio. Foto: Benoit Peyrucq / AFP

Dibujo de una de las sesiones del juicio. Foto: Benoit Peyrucq / AFP

A lo largo de los meses, estos tres hombres han ido estrechando lazos con determinados actores civiles, a los que han querido agradecer que acudieran a su encuentro “todos los días, antes de volver a la audiencia”.

Las palabras de las víctimas

Nadie olvidará sus palabras, su testimonio doloroso, sus lagrimas y su fuerza. Ellos fueron el elemento más humano y demoledor de este proceso. Siete semanas de audiencia le fueron dedicadas a sus testimonios, con los que se reconstruyeron la memoria de los ataques.

Muchos llegaron en silla de ruedas, con bastones, con sus heridas en recuperación y su trauma, que les durará toda la vida.

Ahí estaban los que consiguieron escapar del infierno del club Bataclan, los que sobrevivieron al asalto con Kalashnikov al restaurante Le Petit Cambodge o en la terraza de la Belle Equipe, todos escenarios del terror de noviembre. Se salvaron de morir pero vieron demasiados muertos y horror a su lado.

Durante siete semanas se escucharon los testimonios de las víctimas. Foto: Benoit Peyrucq / AFP

Durante siete semanas se escucharon los testimonios de las víctimas. Foto: Benoit Peyrucq / AFP

Tras el veredicto del miércoles, este tribunal penal especial se esfumará. Quedará en la historia como el que llevó adelante el juicio más largo de la historia judicial penal francesa de la posguerra.

Otros acusados ​​se han mantenido fieles a la conducta adoptada durante todos estos meses de juicio. Osama Krayem, un sueco de 29 años, sospechoso de haber planeado un atentado en el aeropuerto de Ámsterdam la noche de los atentados de París y Saint-Denis, se negó a levantarse a dar su última alegato.

La última declaración del día estuvo reservada para el presidente Jean-Louis Périès, quien cerró sobriamente esta secuencia final diciendo: “Los debates ya terminaron”.

El epílogo de diez meses intensos, donde se mezclaron el dolor, el cansancio, el terror, el horror, la reflexión, la historia social de Francia , el miedo a la condena, la solidaridad, finalizó para dar paso a la reflexión de la sentencia.

Justicia, no odio

“Queremos justicia para las víctimas de Bataclan, no odio”. Eso es lo que quieren muchos de los familiares de los muertos.

Los cuerpos de algunas de las  víctimas yacen en la calle, en la noche de los atentados. Foto: AP

Los cuerpos de algunas de las víctimas yacen en la calle, en la noche de los atentados. Foto: AP

El juicio de diez meses por los ataques terroristas de París ha sido a menudo una prueba angustiosa para los sobrevivientes y para los familiares de las 130 personas que murieron esa noche. Para muchos resultó insoportable.

Sin embargo, Zoé Alexander, una mujer británica cuyo hermano, Nick, fue asesinado por islamistas armados con Kalashnikov en la sala de conciertos Bataclan, estaba decidida a asistir a la audiencia, en parte por el bien de sus dos hijos.

“Es la historia de nuestra familia y quería poder decirles que estuve allí”, dijo, sentada en la terraza de un café parisino después de escuchar a los acusados ​​hacer sus alegatos finales. Zoé Alexander ha creado una fundación en memoria de su hermano, Nick.

“Creo que es importante que (mis hijos) vean cómo funciona el proceso democrático, cómo funciona la justicia y que no tomemos represalias con violencia y odio”, dijo.

Alexander, cuyo hermano de 35 años era el gerente de merchandising de Eagles of Death Metal, la banda que tocaba en el Bataclan la noche de los tiroteos y murió…