Chile, Venezuela y mucho más

Este domingo los chilenos eligen un nuevo presidente en unas elecciones donde un candidato de ultraderecha emerge como posible favorito, de ideas medievales y admirador de Pinochet que, gane o pierda, configura con su mera presencia en el podio una inesperada subasta luego de dos años de extraordinario trastorno igualitario en el país trasandino.

Ese mismo día, los venezolanos regresan a las urnas esta vez con la presencia de la oposición, para elegir gobernadores y alcaldes. Será en un país dolarizado, con una autocracia que le da estatus revolucionario a la desintegración de su moneda y que busca sobrevivir reprivatizando el negocio petrolero que Hugo Chávez había nacionalizado.

Ambas citas con las urnas se producen justo después de la Mascarada electoral nicaragüense donde el extravagante matrimonio Ortega-Murillo, el pasado domingo 7, ganó la reelección tras ilegalizar con cárcel a los principales candidatos de la oposición. Ocurre también tras el experimento argentino de la posverdad que, en actos y declaraciones, expone como una victoria. la peor derrota del peronismo en su historia.

A este peculiar caldero se suman las vicisitudes del régimen comunista cubano que ahora paga con furor callejero las consecuencias de un ajuste brutal el pasado mes de enero que desencadenó inflación y desabastecimiento. Un efecto pernicioso que intenta conjurar con otro apretón fiscal para recortar la emisión de dinero, como recomendaría cualquier ortodoxo de la academia.

“No son de izquierda son una casta que vive como burguesa “, el líder disidente cubano Junior García dispara impío a la corona castrista, un comentario que, visto con atención, no debe limitarse solo a la isla antillana.

Estas escenas parecen fotogramas de una película de De Sica o Rossellini, cuando el neorrealismo italiano de posguerra presenció la Rostros deformados que la realidad prefirió ocultar. Eso es lo que está sucediendo hoy en la región. Signos de un cambio de escenario, tumultuoso y confuso como todas las crisis, al que conviene prestar atención.

La experiencia chilena

La disputa en Chile, atento a las siempre arriesgadas encuestas, efectivamente colocaría por delante en esta primera vuelta al ultraderechista José Antonio Kast, seguido, mano a mano, por Magallanes centro izquierda Gabriel Boric.

Una ecuación que, si se da de esta forma, podría revertirse dentro de un mes en el inevitable balotaje del 19 de diciembre.

Kast es un líder que reivindica el legado de la dictadura y justifica los crímenes cometidos por ese régimen, critica la inmigración y girar la idea de orden incluso en materia cultural. En ese orden, define las nociones de género o el derecho al aborto como trastornos a corregir.

El crecimiento de este emulado del húngaro Viktor Orban, es una consecuencia que puede resultar sorprendente después de dos años cruciales en la historia de Chile en los que se buscó. modernizar el país combinando su crecimiento económico con un modelo más igualitario. Fracaso que viene de antes y no pudo resolver la alianza de la Concertación Democrática entre socialistas y demócratas cristianos que gobernó el país durante las dos décadas posteriores al fin de la dictadura.

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Kast, que parece más complejo que Jair Bolsonaro o Donald Trump, con quien se le compara, creció desde los sótanos (solo tenía un 8% de apoyo en anteriores elecciones presidenciales) impulsado por los errores de sus adversarios en el alboroto del cambio y por su astucia para poner límites a la confusión de esas demandas.

Una legión de votantes que acompañaba al candidato oficial, Sebastián Sichel, migró a su candidatura cuando el candidato del derechista presidente Sebastián Piñera perdió fuerza en la campaña aunque logró pasar del cuarto al tercer lugar.

Un informe reciente de diario, de la Universidad de Chile, también observó que entre los adherentes de Kast Acumula el 21,3% de los votantes de las clases media baja o muy baja.

“Son sectores muy sensible a todo el tema de la migración que ven como una amenaza y que el propio candidato alimenta ”, explica Felipe Agüero, académico del Instituto de Asuntos Públicos de esa universidad. El discurso xenófobo de Katz apunta contra la migración venezolana, pero en particular contra la migración haitiana, que es principalmente negra.

También se ha beneficiado de notorias derivas de la coalición de izquierda que apoya a Boric y en la que el candidato convive con el Partido Comunista al que necesita para su ejército nacional. Esa organización, que en la cúspide de la rebelión nacida en 2019 se encaminaba con ciertas posibilidades de llegar a La Moneda, se mueve con dos caras.

Los más antiguos y radicales subsisten Le cuesta detectar la caída del Muro, que justifica la represión en Cuba pero sanciona la del gobierno de Piñera y acaba de elogiar la “victoria democrática” de Ortega en Nicaragua.

El otro, más astuto, el del más joven del partido, repudia estos reclamos como un insulto a su denuncia del respeto universal a los derechos humanos, en Chile pero también en Nicaragua o Cuba.

Esas fracturas reflejan la Precariedad del discurso ideológico actual. Boric, de 35 años, es un líder nacido en las protestas estudiantiles de 2011, y que aplastó a su rival comunista, el popular alcalde Daniel Jadue, con más del 60% en las primarias, de quien se diferenció en los debates precisamente por denunciar los excesos del castrismo.

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Pero ha ido endureciendo su discurso para mantener el apoyo de estas tribus heterogéneas a costa de subestimar las partes buenas del desarrollo chileno que redujeron la pobreza y mejoraron el ingreso per cápita, aunque, ciertamente, no la distribución.

En este proceso de tironeo interno figura su dificultad para encontrar una respuesta coherente al desafío que plantean los supuestos mapuches del sur de Chile al embarcarse violencia mucho más grave y despiadada que el vivido en la Patagonia Argentina.

Los principales candidatos, de izquierda a derecha, Gabriel Boric, Sebastian Sichel, José Antonio Kast, Yasna Provoste.  Foto AFP

Los principales candidatos, de izquierda a derecha, Gabriel Boric, Sebastian Sichel, José Antonio Kast, Yasna Provoste. Foto AFP

La alianza que la apoya insiste en la necesidad de un diálogo con estos sectores a pesar de su actitud bélica, una alternativa que los aterrorizados habitantes de esas regiones rechazan y también de grandes ciudades como Santiago. Kast, en cambio, se afirma en estas contradicciones y campañas con la promesa de una mano dura que anula definitivamente la amenaza. Los votantes masculinos y mayores de 50 años lo han ido sumando.

Esta novedad electoral contiene algunas pistas para el futuro inmediato. Si Boric finalmente llegaba a la cátedra de La Moneda con los votos en la boleta de los otros partidos de oposición, su camino pragmático hacia el centro sería inevitable como en otra frecuencia ya le pasa al peruano Pedro Castillo.

El crecimiento de Kast es una advertencia del lugar político de gran parte de la sociedad chilena y del extremo que se ha suavizado la agenda transformadora provocada por la rebelión de hace dos años.

Ese escenario, por otro lado, no influiría de la misma manera en el programa de la extrema derecha si tuviera que llegar al poder: la molienda de las demandas sociales es precisamente lo que haría posible su consagración.

La experiencia venezolana

En el caso de la experiencia electoral venezolana simultánea de este domingo, también hay fuertes dosis de pragmatismo pero deben observarse en otras dimensiones. Estas elecciones son importantess. Están en juego las 23 gobernaciones del país, 335 alcaldes y multitud de consejos municipales.

También serán el escenario del regreso de la oposición tras cuatro años de abstención, denuncias de fraude y manipulación por parte del régimen.

En particular, la reelección de Nicolás Maduro en mayo de 2018, considerada ilegítima por la disidencia que reaccionó consagrando al diputado Juan Guaidó como presidente interino. Esta experiencia única fue respaldada por cincuenta países, incluidos EE. UU. Y la UE.

El legislador Voluntad Popular se convirtió en una especie de héroe global al que se le atribuyó la capacidad de derrocar al régimen chavista. Eso, por cierto, estuvo lejos de suceder y Guaidó estaba perdiendo músculo e influencia iIncluso en el gabinete de Donald Trump que lo había protegido.

Venezuela

Es a partir de ahí que el exgobernador de Miranda y ex candidato presidencial, el socialdemócrata Henrique Capriles, reclamó el fin de la abstención opositora para recuperar voz e influencia, según argumentó, todavía a riesgo de legitimar el régimen.

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Es difícil, sin embargo, no relacionar este giro opositor con una mutación clave en el chavismo que, encerrado en una crisis económica terminal, desde hace poco más de dos años impulsa la reconfiguración de su estructura petrolera en busca de inversionistas privados, especialmente norteamericanos. . , que aún no han aparecido.

El regreso de la oposición no solo restablece una jerarquía que antes le fue negada a la dictadura, también suma un respaldo a la transformación del modelo económico que incluyó la sustitución del bolívar por el dólar. Maduro ve el revés disidente como una victoria propia, Pero, en realidad, todo es parte del recetario elaborado por el Ministerio de Economía de Rusia, que sirve a los intereses de Venezuela.

Esta formulación exigía la recuperación del Congreso, el pasado mes de diciembre, que hasta entonces estaba controlado por Guaidó. A movimiento clave para respaldar transferencias con leyes de las áreas de exploración y explotación de petróleo y minería.

El siguiente capítulo ha sido el de legitimar las elecciones y el poder mismo. De eso se trata este domingo. No es solo la presencia opositora, sino también la participación de una legión de observadores de la Unión Europea invitados por la propia nomenklatura en medio del escándalo halcón, como Diosdado Cabello, que pidió ignorar y desconfiar de esos inspectores.

El diputado Juan Guaidó.  Foto AP

El diputado Juan Guaidó. Foto AP

Un “retorno a la normalidad” pero que probablemente obligará a Maduro a seguir cediendo. La extradición a Estados Unidos del testaferro Alex Saab o la investigación iniciada contra el régimen por la Corte Penal Internacional de crímenes contra la humanidadSon signos de una presión que exigirá muchos otros cambios.

Es lo que descuentan sectores de la oposición y del establishment venezolano. El pragmatismo de uno y otro impuesto por necesidad, comprenda, terminará devorando al chavismo esta vez cuyos nuevos socios privados, con creciente influencia, verán si lo descartan y cuándo.

Nada es del todo seguro, pero, en todo caso, Venezuela entra en este torbellino regional de máscaras que cambian de forma o que simplemente terminan cayéndose.
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