cómo hacen Palermo y San Telmo para recuperarse de la pandemia

Venían bien las cosas para el Buenos Aires turístico. Casi 3 millones de visitantes caminaron las calles porteñas en 2019, récord en casi una década. Al año siguiente la Ciudad quedó entre los 20 mejores lugares del mundo para visitar en 2020 según una publicación especializada. El entusiasmo llevó a destinar presupuesto especial para promocionar la capital argentina a nivel global.

Pero pasaron cosas. O una, la pandemia. Y los barrios que más turistas extranjeros recibían se convirtieron de repente en los más desiertos: Palermo y San Telmo sumaron zonas fantasma, vacío contrastante con el ir y venir en los que tienen más población estable, como Caballito, Villa Crespo o Villa Urquiza.

Poco a poco esa vida volvió, en un resurgir de las cenizas traccionado por vecinos. También por emprendedores, que quizás no viven en el barrio pero sí le inyectan, desde su lugar, algo de la vida perdida.

Palermo desierto, en mayo, cuando el barrio estaba sumido en el letargo de la cuarentena. Foto Juano Tesone

Que era mucha. Palermo concentró el 18% de los turistas extranjeros que llegaron a la Ciudad en 2019. Su zona del Soho, en los alrededores de Plaza Serrano, había sido elegida como uno de los mejores barrios del mundo para visitar según el conocido sitio de guías turísticas Time Out. Con la pandemia esa área volvió, de a ratos, a ser el residencial Palermo Viejo.

Otra buena parte del turismo extranjero se veía por San Telmo. Con sus bares notables, ferias, tanguerías y parte del casco histórico, era común escuchar español en otros acentos o bien inglés, portugués, francés, italiano o alemán mientras se recorrían sus calles empedradas. Hasta que llegó marzo de 2020.

La Plaza Dorrego irreconocible, sin turistas ni actividad en el mes de mayo. Foto Juano Tesone

La Plaza Dorrego irreconocible, sin turistas ni actividad en el mes de mayo. Foto Juano Tesone

Mesas en la calle, música en la vereda o desde una ventana, pintadas de filetes o murales, DJs en esquinas, festejos temáticos, poesía sobre adoquines, eventos en que un emprendimiento le presta al otro la cocina, las baldosas, la promoción. Todo suma para sobrevivir uno y revivir lo que nos rodea. Para que estos barrios vuelvan a ser lo que hasta hace poco eran, o quizás algo mejor.

La casa por la ventana

Tanto en Palermo como en San Telmo volvieron los shows con menos anuncios, como los hubo siempre: el músico que llega por sorpresa, hace cantar al público, pasa la gorra, se va. Otros forman parte de ciclos organizados por los mismos locales gastronómicos o comerciales de la zona.

Es el caso de los que convoca punto. café, una cafetería de especialidad que abrió en plena pandemia en la esquina de Perú y México, a 100 metros del borde con San Telmo pero pleno de su identidad barrial. Son shows de jazz sábado por medio, a la tarde. La gorra son los sobres que se reparten por las mesas esparcidas sobre la ancha vereda.

Show de jazz a cargo del trío de Pedro Ahets, Ernesto Amstein y Hernán Cassibba en la esquina de punto. café, cafetería de especialidad en Perú y México.

Show de jazz a cargo del trío de Pedro Ahets, Ernesto Amstein y Hernán Cassibba en la esquina de punto. café, cafetería de especialidad en Perú y México.

A tres cuadras de allí, en Chacabuco al 800, suena tango o folklore los viernes y sábados. Lo organiza un colectivo comandado por el teatro y bar Pista Urbana, el restaurante El Refuerzo Unión y la librería La Libre, entre otros locales de la cuadra.

Allí cortan el tránsito a las 17 y dos horas después arranca el programa: campanadas, lectura de poesía, concursos de rayuela, clases de danza folklóricas y el show en cuestión. Todo nutrido por comida catalana o árabe, o picadas con vermú.

El teatro y bar Pista Urbana se une a El Refuerzo Unión y La Libre para cortar Chacabuco al 800 los viernes y sábados y ofrecer un programa cultural. Foto Lucía Merle

El teatro y bar Pista Urbana se une a El Refuerzo Unión y La Libre para cortar Chacabuco al 800 los viernes y sábados y ofrecer un programa cultural. Foto Lucía Merle

Más cerca del Mercado de San Telmo hay una iniciativa que organiza esta renacida vida barrial, para reunir en una misma jornada distintas propuestas individuales. Se llama San Telmo al Aire Libre y está coordinada por, la Asociación de Comerciantes del Casco Histórico y un grupo de vecinos de Peatonal Bolívar y alrededores.

La última edición fue en diciembre y tuvo fileteado, exposición de Siambrettas, afiches, magos, juegos, danzas, música en vivo. Para Semana Santa planean una jornada similar.

En Palermo la música se escucha en la vereda pero se produce bajo techo. El bar Virasoro organiza shows de jazz con bandas que tocan dentro de su local y público que las ve desde la calle. Lo mismo sucede con blues en la esquina de Soler y Malabia, en Paradise Beer. No sólo disfrutan quienes consumen sino también la gente que pasa y, por un rato, se queda, oye, filma con su celular.

En el bar Virasoro hay shows de jazz. Las bandas tocan dentro del local y el público las escucha desde la calle. Foto Emmanuel Fernández

En el bar Virasoro hay shows de jazz. Las bandas tocan dentro del local y el público las escucha desde la calle. Foto Emmanuel Fernández

También están quienes se asocian a locales gastronómicos de modo más espontáneo, como el dúo No Tan Clásico, de Rafael Marrero (violín) y Jesús Gómez (violoncelo), que tocaron en Sheikob’s Bagels, en Uriarte casi Cabrera.

O quienes recorren mesas de restaurantes con su arte, como hace Laura Ávila, graduada del Colón. De agosto a diciembre, había cantado desde su casa a la calle con su proyecto “Ventana Lírica”, viernes y sábados por la tarde en Nicaragua casi Borges. Después pasó a la vereda, pero unos vecinos llamaron a la Policía y ella debió mudar su música a las mesas de los locales.

Vecinos al rescate

“Fue 100% apuntar al vecino, porque acá perdimos al turista y al oficinista, las otras dos poblaciones que convivían en la cuadra”, explica Javier Schulze, uno de los socios de punto. café. Para eso, “fue fundamental poner precios coherentes. En San Telmo la propuesta estaba orientada a un público en dólares”.

Transformación. La calle Bolívar a la altura del Mercado de San Telmo, repleta de vecinos. La propuesta del barrio se reorientó para atraer al público local. Foto Lucía Merle

Transformación. La calle Bolívar a la altura del Mercado de San Telmo, repleta de vecinos. La propuesta del barrio se reorientó para atraer al público local. Foto Lucía Merle

Para Schulze, los cafés fueron “uno de los primeros lugares donde pudo volverse a la dinámica del encuentro, al menos en los minutos que a uno le toma comprar un café y en los que quizás te cruzás a un vecino. Los clubes y los teatros tardaron en reabrir”.

Antes de los shows musicales, Schulze buscó potenciar esa dinámica con una clínica abierta sobre café, clase con degustación gratuita a cargo de los baristas y educadores Diego Lobo y Christian Buritica. Convocó a interesados en el tema pero también se llenó de vecinos de la zona menos versados.

Una muestra más de cómo el elenco estable del barrio fue clave tanto para promover iniciativas como para apoyar las ajenas. Aunque no siempre se obtenga su aprobación. Cuando suena jazz por la tarde en la esquina de punto, la gente sale de las ventanas, saluda, aplaude. En el Mercado, en cambio, la música y el movimiento tienen las palmas de quienes ocupan las mesas pero la disconformidad de una fracción importante de los vecinos.

Un bandoneonista toca en Plaza Dorrego. Su público es ciento por ciento local. Foto Lucía Merle

Un bandoneonista toca en Plaza Dorrego. Su público es ciento por ciento local. Foto Lucía Merle

Por eso, la Asociación de Comerciantes del Casco Histórico y un grupo de vecinos de Peatonal Bolívar y alrededores difundieron una propuesta de “Carta de convivencia” -así la llaman- con sugerencias para llevarse mejor. También hicieron reclamos al Gobierno porteño.

“La idea es estimular y promover mini eventos culturales al aire libre, pero primero hay que resolver las tensiones entre el barrio económico y el barrio de residencia”, concluye Edio Bassi, presidente de la Asociación.

Un DJ en el Mercado de San Telmo. Un grupo de comerciantes y vecinos difundió una "Carta de convivencia" con sugerencias para llevarse mejor. Foto Lucía Merle

Un DJ en el Mercado de San Telmo. Un grupo de comerciantes y vecinos difundió una “Carta de convivencia” con sugerencias para llevarse mejor. Foto Lucía Merle

La implementación de áreas peatonales transitorias, que arrancó en septiembre, fue una medida clave en este contexto. A diferencia de otros barrios, en buena parte de las calles de Palermo y San Telmo afectadas la peatonalización funciona toda la semana.

“La semipeatonalización llegó para quedarse. El barrio debió adaptarse y usar sus veredas y calles para atender a los vecinos y a los porteños en general. Por eso ahora la oferta, sobre todo gastronómica, está más distribuida en territorio y horarios. Ya no es sólo el Mercado de San Telmo”, observa Bassi.

Estados Unidos y Perú. La peatonalización de las calles llegó para quedarse. Foto Lucía Merle

Estados Unidos y Perú. La peatonalización de las calles llegó para quedarse. Foto Lucía Merle

En Palermo el panorama es similar. Santiago Olivera, miembro de un grupo empresario con varios bares en el barrio, observa cómo “el uso del espacio público cambió radicalmente: los bares salieron a la vereda, tomaron los espacios que eran de los autos. Es un cambio que vino para quedarse, pero choca un poco con los vecinos”. Laura Ávila, que debió irse con la música a otra parte, lo sabe bien.

Pop up para sobrevivir y revivir

Lo gastronómico ganó la calle no sólo en las mesas al aire libre, sino también en los pop up, eventos donde el espacio deja de ser fijo para convertirse en itinerante y temporal. Allí las propuestas se yuxtaponen y complementan. Hay bartenders o cocineros invitados. O un restaurante le presta la cocina a otro.

“Nos costó reconvertirnos o apostar del todo al take-away. Ahora que pudimos reabrir estamos limitados pero tratando de sanear cuentas, y empezamos a hacer experiencias pop up con otros locales gastronómicos, como taquerías y hamburgueserías”, cuenta Santiago Idelson, uno de los socios del bar de arcades El Destello.

Un pop up en el bar de arcades El Destello, con un puesto de Caffe Infiltrado, platos de Vida es Rica y pastelería de Tamiz Deli. Foto Martín Bonetto

Un pop up en el bar de arcades El Destello, con un puesto de Caffe Infiltrado, platos de Vida es Rica y pastelería de Tamiz Deli. Foto Martín Bonetto

Lo dice una mañana de sábado, en un horario atípico para el bar: abrió para un evento pop up con pastelería de Tamiz Deli, café de especialidad de Caffé Infiltrado y focaccias, tortillas y chipá de La Vida Es Rica, opciones que de otra manera no podrían concentrarse en un mismo lugar. Todo en la vereda, cerca de las luces de neón del bar y con un E.T. de juguete mirando desde la caja registradora.

“Hay un montón de movidas colaborativas, de prestar cocinas, bares, parte de los locales a colegas que no tenían espacios al aire libre para que puedan hacer un pop up. Así surgió lo mejor de la camaradería gastronómica, que se ve más que nunca cuando se lucha para subsistir”, observa Olivera, que junto a sus socios debió cerrar tres bares en Palermo durante la pandemia.

El puesto de Caffe Infiltrado platos en el pop up en el bar de arcades El Destello. Foto Martín Bonetto

El puesto de Caffe Infiltrado platos en el pop up en el bar de arcades El Destello. Foto Martín Bonetto

Esa asociación se ve incluso en eventos temáticos, que venían haciéndose pre pandemia pero que ahora ganaron peso. En Palermo, es el caso del carnaval de Mardi Gras en el restaurante cajún Nola, con disfraces incluidos. O el Día de Australia en la cafetería de especialidad Surry Hills.

“Gracias a la difusión que hicimos nosotros y la Embajada de Australia, el año pasado se llenó de australianos. Este año no porque casi todos se fueron en viajes de repatriación, entonces se llenó de argentinos”, compara Felipe Vessena, dueño de Surry Hills junto a su esposa Tatiana Weiman.

Santiago Olivera en la puerta del local vacío que ocupaba Bad Toro, uno de los tres bares que tuvo que cerrar en Palermo durante la pandemia, en junio de 2020. Foto Fernando de la Orden

Santiago Olivera en la puerta del local vacío que ocupaba Bad Toro, uno de los tres bares que tuvo que cerrar en Palermo durante la pandemia, en junio de 2020. Foto Fernando de la Orden

El festejo incluyó decoración con bandera, banderines y koalas y canguros de peluche, especialidades como lamingtons (cubos de bizcochuelo típicos recubiertos de chocolate y coco rallado) y hasta vegemite, la pasta australiana con la que se preparan las tostadas con palta, para sumar a una carta que ya tiene la marca kiwi en el orillo.

Es que, si no se puede viajar en el mundo real, al menos puede hacérselo en espíritu. Y con la pequeña ayuda de amigos, emprendedores y vecinos.

NS