En esta noticia, se aborda un tema de gran relevancia en el mundo actual: la llegada de la Inteligencia Artificial (IA) y su impacto en la sociedad. Durante el último Foro Económico Mundial de Davos, se discutió ampliamente sobre el futuro que nos espera con la IA y cómo esta tecnología está transformando no solo la forma en que trabajamos, sino también la manera en que vivimos.
El fin de los privilegios es un tema recurrente en esta discusión. Con la llegada del AGI (Inteligencia Artificial General), se plantea un escenario en el que la inteligencia ya no será escasa, sino que estará al alcance de todos. Esto implica una profunda revisión de aspectos fundamentales de nuestra sociedad, como el trabajo, la educación, la movilidad social y el poder económico.
Para los empresarios, el día después del AGI representa el fin de un privilegio histórico: el de liderar organizaciones basadas en la asimetría de información y experiencia. Con la IA como infraestructura y el conocimiento como un bien accesible para todos, el liderazgo ya no dependerá de la ventaja técnica, sino de la capacidad de tomar decisiones fundamentales en un mundo sin asimetrías de información.
Por otro lado, para los trabajadores, el impacto del AGI no solo implicará la posible sustitución de perfiles senior, sino también la desaparición de roles secundarios y tareas repetitivas pero formativas. Esto plantea un desafío social importante: ¿cómo se construye la experiencia en un mundo que ya no necesita aprendices?
En el ámbito personal, el cambio es aún más profundo. La AGI cuestiona la relación entre el trabajo y la identidad personal, revelando que habíamos anclado nuestro valor a una función económica. Esto nos obliga a revisar nuestra premisa fundamental sobre qué nos define como individuos en un mundo donde la utilidad individual ya no es una condición de pertenencia.
Davos dejó claro que la IA ya no es solo un tema de innovación, sino un factor de poder global. El debate ha pasado de lo tecnológico a lo geopolítico, planteando la necesidad de que los Estados, las empresas y la sociedad en su conjunto estén preparados para absorber el impacto de la IA sin desestabilizar.
En este escenario de transformación profunda, existe la posibilidad de usar este límite como una oportunidad histórica para rediseñar el contrato social, repensar el papel del trabajo y la relación entre productividad y bienestar. La única decisión abierta que cada uno de nosotros tiene es si ese cambio será improvisado o deliberado. ¡Es hora de prepararnos para el futuro que nos espera con la IA!








