Cuba, el país se está vaciando

Cuba, el país se está vaciando

Los datos preocupantes solo incluyen la emigración a Estados Unidos. Si sumamos los cientos de miles de cubanos que están saliendo del manicomio político y económico y escapando a cualquier país, las previsiones podrían reducirse en cuatro o cinco años.

A este ritmo, es muy probable que si la dictadura verdeoliva lograra sobrevivir y conmemorar el centenario de la revolución de Fidel Castro en la antigua Plaza Cívica, tendría que movilizar a miles de personas de otras provincias para llenar la explanada. Quizás no habría disidentes ni periodistas independientes, serían encarcelados o exiliados. La casta dirigente, bloque voluminoso de burócratas, intelectuales aduladores y chivatos de barrio, si quiere seguir desayunando, meriendas, almorzando y cenando (y manteniendo sus grotescas fisonomías), tendría que tomar guatacas y empezar a sembrar en los campos.

No es una broma. Cuba se está vaciando como un viejo balón de fútbol que se desinfla. Hay demasiados problemas y ninguna solución a la vista. Comer arroz, frijoles y una comida hervida se ha convertido en un lujo para un amplio segmento de la ciudadanía. En promedio, un cubano hace cola durante tres horas al día. No hay medicamentos en las farmacias ni algodón, esparadrapo y vendajes en los hospitales.

Como si el calvario no fuera suficiente para una población que resiste los apagones durante horas, los medios estatales y la propaganda del partido comunista han construido un país virtualmente inexistente.

Los dirigentes cubanos son una parodia pésima de Cantinflas, pero obesos. A Miguel Díaz Canel le gusta presumir de tener una intensa jornada de trabajo y de aparentar tener el don de la ubicuidad. Recorre la isla de punta a punta. Pero nada resuelve. Repite gastadas palabras como “resistencia creativa”, “arrancar un pedacito de los problemas”, “la limonada es la base de todo” y frases del difunto Fidel Castro.

Irene, filóloga, asegura que por higiene mental no consume información de los medios estatales excepto cuando se acerca un huracán. “Como si la vida de mierda que llevamos no fuera suficiente para tener que aguantar esa fiesta panzuda. En cualquier país moderadamente democrático serían encarcelados o habrían tenido que dimitir por incompetentes. Cuba se ha vuelto una pesadilla, por eso la gente se va de ‘a pululu’. Espero emigrar a las Islas Turcas y Caicos, donde tengo buenos amigos. Es un viaje profesional más largo para lograr el objetivo final, los Estados Unidos. Pero soy joven y tengo el tiempo de mi lado». Cuando le preguntan a Erich, un estudiante universitario, cuál es su sueño, responde: «Conseguir una beca en los Estados Unidos o España. No me importa Australia, Israel o Corea del Sur Rezo todos los días para escapar de esta locura”.

Yuleisis, una diseñadora, decidió vender su casa -como muchas- cuando supo que su prima y su novio habían cruzado a nado el Río Grande. “Ya estoy en el yuma, prima. Decídete, es demasiado tarde para después. El último en apagar el Morro”, le dijo su prima. “El problema es que no hay dinero en la calle. Mi apartamento bien cuidado costaba $40,000 hace unos meses. Ahora lo vendo por 28 mil y no aparece comprador. Lo voy a bajar a $ 20,000. No quiero quedarme atrapado aquí».

Se marchan profesionales, universitarios, trabajadores y campeones olímpicos como la saltadora de jabalina Osleidys Menéndez o el saltador de canoa Fernando Dayán Jorge.

En días pasados, el boxeador matancero Andy Cruz, campeón olímpico en Tokio 2021, fue capturado en un intento de salida ilegal, según autoridades cubanas. Incluso los ancianos también quieren irse del país. No hace mucho, una mujer de 85 años llegó a Florida.

Eugenio, de 72 años, cirujano jubilado, dice que vendió un auto de la era soviética para poder reparar el techo de su casa y alimentar a la familia. “Nunca pensé en emigrar y menos a esta edad. Pero mi hijo en Estados Unidos quiere que su madre y yo salgamos de Cuba legalmente”.

Olga, una profesora jubilada que vive en la pobreza extrema, dice que está jodida. “No tengo familia en el extranjero ni nadie que me mande un dólar. Tengo que fusilar a estos tipos (los del gobierno), sin papa y sin petróleo. Si tuviera dinero, aunque cumplo 70 años, yo me iría de Cuba».

A su juicio, lo peor es que no se vislumbra salida a la actual crisis económica y al aumento de la inflación. “Mientras el país lo gobierne el mismo pueblo de siempre, esto va a durar cien años y Cuba será gobernada por un puñado de viejos, enfermos y locos.

Por donde vamos, la isla va a estar vacía”, afirma Olga. Y ella no exagera. Las estadísticas son aterradoras.