Debatir (a profundidad) lo público

El pasado miércoles se presentó en el Cámara de Diputados yEl proyecto de opinión de reforma electoral con (leves) modificaciones a la realizada por Palacio Nacional, manteniendo en lo esencial lo planteado porr López Obrador. Dicho documento fue circulado en las comisiones mixtas de Reforma Político-Electoral, Gobernabilidad y Población y Puntos Constitucional y consta de casi mil páginas para ser revisadas en cinco días para ser revisadas y votadas del 28 al 30 del mes en curso.

Más allá de la marcha en defensa del INE, -que sacudió el fondo-, el presidente seguirá con su plan inicial. Sin embargo, lo hará “con un perfil bajo”, no seguirá insistiendo desde la conferencia matutina, incluso ayer comentó: “No, la decisión ya está tomada, no quieren aprobar la reforma. Que se reduzca el presupuesto ¿Qué no quieren? Que en lugar de 500 diputados sean 300 para que no existan los llamados diputados plurinominales y que todos sean de elección directa.

¿Qué no aceptan? Que los asesores del INE y los magistrados del Tribunal Electoral sean elegidos por el pueblo y no por los partidos. ¿Qué no aceptan? Que los funcionarios del INE ya no ganen tanto, que ahorren para que no acepten que, como no lo aceptan, vamos a presentar una ley que sin contravenir la Constitución, que ella establece, nos permita lograr el ahorro para que no es tan caro como organizar elecciones. Que bueno que por ahora ya no se va a poder hacer la reforma constitucional, pero se va a presentar una reforma legal”.

Fiel a su costumbre, López Obrador traslapa la discusión profunda de las reformas -que no ha podido ocurrir- a otro plano. Ya lo hizo con la reforma eléctrica a la dimensión jurídica y, esta vez lo hace retóricamente y rebajando las modificaciones constitucionales a reformas en el ámbito jurídico. Esto obviamente no es casualidad, el presidente hará todo lo que esté a su alcance para lograr esta reforma y atacar al Instituto Nacional Electoral, pero sobre todo, a los actuales concejales con los que ha entablado una pugna bizantina.

Me refiero a la profundidad del debate en torno a la reforma electoral, ya que hay mucha tela que cortar y no solo una discusión maniquea entre estar a favor del INE o a favor de AMLO, hay que ir más allá, plantear el diálogo . ¿Debe abaratarse el Instituto? ¿La austeridad republicana vale la piedra angular de la democracia en México? ¿La eliminación de la representación proporcional es favorable para el país?

¿La elección de legisladores por lista es adecuada para nuestra democracia? ¿Es deseable el voto electrónico? En relieve, ¿esta reforma favorece a la sociedad mexicana? No puede haber respuestas -cerradas-. Tendría que haber una serie de mesas técnicas para poder responder de forma objetiva y concreta.

Sea cual sea el destino de esta reforma electoral, para el país seguirá siendo un debate inconcluso e insuficiente. Organismos internacionales, técnicos especialistas en la materia e instituciones electorales de otros países deberían estudiar nuestro sistema electoral, su historia y esta reforma que se pretende aprobar (o no) en los próximos días. Elevemos la mirada y debatamos todo lo concerniente al público.

POR ADRIANA SARUR
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@ASARUR

MAÍZ

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