La economía argentina se debate entre la fragilidad y las señales contradictorias. En febrero de 2026, el Indicador de Consumo (IC) elaborado por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) registró un avance del 0,5% en comparación con el año anterior. A primera vista, este dato puede parecer alentador después de tres meses consecutivos de caídas, pero un análisis más detallado revela que la situación es más compleja de lo que parece.
En términos desestacionalizados, el indicador mostró una mejora del 0,9% respecto a enero, lo que podría ser interpretado como un inicio de estabilización. Sin embargo, este repunte se produce en un contexto donde el poder adquisitivo de los hogares lucha por mantenerse frente a una inflación que ha mostrado signos de desaceleración, pero que sigue siendo elevada.
Los ingresos promedio por hogar alcanzaron los $2.785.000 en febrero, una cifra que, si bien parece sólida en términos nominales, pierde fuerza al descontar el efecto de la inflación. La preocupación principal para el sector comercial radica en el constante aumento de los precios, con un Índice de Precios al Consumidor que marcó un 2,9% mensual en febrero, consolidando así un semestre completo con variaciones por encima del 2%.
El informe de la CAC también destaca un factor externo que complica aún más la situación local: el conflicto bélico en Medio Oriente. Este conflicto ha provocado un aumento en los precios de los combustibles a nivel global, impactando directamente en los costos logísticos de Argentina y generando una presión adicional sobre los márgenes de las empresas locales.
En cuanto a los sectores de consumo, se observan realidades muy diferentes. Mientras que rubros como Ropa y Calzado muestran un crecimiento significativo, otros como Vivienda, Alquileres y Servicios Públicos se ven fuertemente afectados. El consumo masivo, por su parte, ha experimentado caídas tanto en términos interanuales como mensuales.
En el ámbito del crédito, que fue un motor importante para el consumo durante gran parte de 2025, se observa un estancamiento en el último trimestre del año. La volatilidad de las tasas de interés limita el acceso al crédito, lo que se traduce en un menor impulso al consumo de bienes duraderos.
En resumen, la economía argentina se encuentra en un momento de búsqueda de equilibrio en el consumo. Después de un período recesivo en 2024 y una recuperación parcial en 2025, los hogares argentinos parecen haber alcanzado un límite en su capacidad de gasto. El desafío ahora es encontrar formas de estimular el consumo de manera sostenible en un contexto económico complejo y cambiante.








