el drama de la búsqueda de desaparecidos desde hace más de 50 años en México

Roberto ha renovado las esperanzas de encontrar un sobrino que se jacte nació durante el cautiverio de su hermana, víctima de la represión contra opositores políticos mexicanos entre los años sesenta y ochenta.

Este caso evoca el de miles de niños robados durante las dictaduras de Argentina y Chile en las décadas de 1970 y 1980, aunque las cifras de México distan mucho de las de esas tragedias.

Profesor jubilado, Roberto Martínez cultiva sus ilusiones en uuna comisión gubernamental creado para buscar al menos 14 personas que nacieron cuando sus madres estaban embarazadas y fueron desaparecidas.

Los presuntos autores fueron grupos policiales y militares ya disueltos, a la que se atribuyen graves violaciones de derechos humanos.

Roberto Martinez y una foto de su hermana. Foto AFP

Lourdes Martínez, hermana de Roberto, fue capturado en junio de 1974 en Culiacán, (Sonora, noroeste) cuando tenía 23 años.

Fue miembro de la guerrilla Liga Comunista 23 de septiembre, que se disolvió en 1983 luego de desafiar durante una década al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México entre 1929 y 2000.

La ilusión

“Es una gran ilusión la que tengo. Espero que mi sobrino o sobrina haya nacido y esté cerca“Roberto, de 65 años, dijo a la AFP desde Culiacán.

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Es la primera vez en México que un gobierno ha buscado personas que hubieran sido entregado en adopción tras la desaparición forzada de sus madres.

La Unidad de Búsqueda Especializada durante la llamada Guerra Sucia se formó en 2019, pero su trabajo apenas comienza.

Durante la represión, unos 500 opositores políticos y estudiantes fueron desaparecidos, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (estado).

Para presionar al Estado para que los encuentre, algunos familiares se han sumado a la lucha de las organizaciones buscando decenas de miles de personas desaparecidas en México desde 2006, cuando se desplegó una polémica ofensiva antidrogas y se disparó la violencia del crimen organizado.

“Espero con el alma que las autoridades ayúdame a encontrar a mi sobrino o sobrina y su madre ”, suplica Martínez.

Durante la represión, unos 500 opositores políticos y estudiantes fueron desaparecidos, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos.  Foto AFP

Durante la represión, unos 500 opositores políticos y estudiantes fueron desaparecidos, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Foto AFP

“Me gustaría decirles a todos los que posiblemente nacieron en las mismas circunstancias cuánto dieron sus madres por este país”, agrega.

La identidad

La comisión intenta localizarlos revisando archivos y testimonios oficiales.

“Administrar partos clandestinos, posiblemente a los niños apropiados, debe ser una de las cosas mas crueles”, afirma Javier Yankelevich, director de dicha unidad, adscrito a la Comisión Nacional de Búsqueda.

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Yankelevich llama a quien “pueden tener dudas sobre su identidad” para “explorar la posibilidad de que la historia que les contaron no sea de ellos y se acerquen a las instituciones” para aclararla.

Camilo Vicente, autor del libro “Tiempo Suspendido. Una historia de desaparición forzada en México, 1940-1980”, se refiere a indicios de que en México hubo adopciones irregulares en esos años, aunque no de la magnitud de los de Argentina y Chile.

La organización Abuelas de Plaza de Mayo estima que durante la dictadura argentina (1976-1893) fueron sustraídos 500 bebés, mientras que en Chile la cifra es de 8.000, según la Corte de Apelaciones.

“Aunque haya uno o dos casos, es obligación del Estado buscarlos” y “decir cuántos niños han muerto en operaciones militares o han sufrido torturas, otra de las historias ocultas de esa contrainsurgencia negada desde hace tiempo en México”, dice Vicente.

Uno de esos episodios es el de Roberto Antonio Gallangos y su esposa Carmen Vargas, miembros de la Liga Comunista. Fueron detenidos en diferentes operativos en 1975 y luego desapareció.

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Luego, sus hijos Lucio Antonio, de cuatro años, y Aleida, de dos años, estaban separados el uno del otro con amigos de la pareja.

El niño fue secuestrado por agentes durante un operativo en el que resultó herido; Aleida fue entregada a una familia por el hombre que la cuidó y que murió sin revelar detalles de la historia.

Lucio Antonio fue abandonado en un orfanato y en 1976 una familia lo adoptó bautizándolo como Juan Carlos Hernández.

Tras una denuncia periodística y por iniciativa de su padre adoptivo, Aleida descubrió su verdadera identidad en 2001.

En 2004, tras superar los obstáculos de las autoridades que se negaron a abrir expedientes oficiales, él localizó a su hermano en Washington, donde ambos viven ahora.

“La gente decía que parecía que se estaba volviendo loco”, dice Aleida a la AFP desde esa ciudad.

Ambos esperan que la Corte Interamericana de Derechos Humanos obligar a México a localizar a sus padres, incorporar la Guerra Sucia a la historia oficial e indemnizarlos.

“Soy dos veces víctima, soy familiar de un desaparecido y de un desaparecido”, denuncia Juan Carlos, a quien descubrir su verdadera identidad le ha traído “la paz”.

Agencia AFP

PB