Uruguay y Argentina, dos países vecinos con una presión tributaria casi idéntica, pero con resultados económicos muy diferentes. Mientras Uruguay ha logrado duplicar su producto en los últimos veinte años, Argentina apenas ha crecido un 50%. ¿Cuál es el secreto detrás de esta divergencia? Según el Instituto de Desarrollo Social Argentino (IDESA), la clave está en la calidad de los instrumentos tributarios utilizados por cada país.
En Uruguay, la recaudación se lleva a cabo sin recurrir a impuestos distorsivos como los Ingresos Brutos, el Impuesto al Cheque o los derechos de exportación, que son comunes en Argentina. Esto ha permitido que el país vecino pueda mantener un PIB per cápita casi el doble que el de Argentina, alcanzando los 23.000 dólares.
La diferencia en la recaudación de impuestos es evidente al comparar los números. En Uruguay, el IVA representa el 9,7% del PIB, mientras que en Argentina solo alcanza el 7,4%, a pesar de tener tasas similares. En el caso de las ganancias de las empresas, Uruguay recauda el 7,1% del PBI con una tasa del 25%, mientras que Argentina solo recauda el 4,5% con una tasa del 35%.
La propuesta de reforma tributaria impulsada por el gobierno de Javier Milei busca seguir el ejemplo uruguayo, eliminando impuestos distorsivos como el Impuesto al Cheque y los derechos de exportación. Además, se contempla la reducción gradual del Impuesto a la Renta de las personas físicas y de las tasas para las empresas a partir de 2026, con el objetivo de crear un clima de inversión más competitivo.
Sin embargo, el principal obstáculo para esta reforma radica en la complejidad política y fiscal. Los Ingresos Brutos, que representan el 78% de la recaudación total de las provincias en lo que va de 2025, dependen de la voluntad política de las provincias, lo que dificulta su eliminación sin una compensación equivalente.
A pesar de los desafíos, la ventana política para avanzar en estas reformas se presenta como nunca antes. La experiencia uruguaya demuestra que no es necesario reducir la presión fiscal para mejorar la competitividad, sino sustituir los malos impuestos por buenos impuestos. Si se logra implementar una reforma tributaria efectiva, Argentina podría seguir el camino de su vecino y lograr un crecimiento económico sostenido en el futuro.








