La próxima semana, el mundo financiero se verá sacudido por una reunión crucial: el Fondo Monetario Internacional (FMI) se reunirá en primavera junto al Banco Mundial y funcionarios de los países miembros, incluyendo al ministro de Economía Luis Caputo y al titular del BCRA Santiago Bausili. Sin embargo, lo que más preocupa en esta ocasión es el tema central que abordarán: el impacto de la guerra y las medidas para contrarrestarla.
En la antesala de este encuentro, la directora del Fondo, Kristalina Georgieva, ha hecho hincapié en la importancia de evitar políticas «mal calibradas» que podrían agravar la situación. Ante el shock energético global derivado de la guerra en Medio Oriente, con una tregua frágil en el Estrecho de Ormuz, el FMI advierte sobre el peligro de acciones individuales como controles de exportación y de precios que podrían empeorar las condiciones globales. En palabras de Georgieva, la clave es «no echar gasolina al fuego».
En este contexto, varios países, incluyendo Argentina, han implementado medidas para contener el impacto en los precios. YPF, por ejemplo, ha ordenado congelar los precios de los combustibles por 45 días, siendo seguida por el resto de las petroleras. A pesar de los esfuerzos, el precio del Brent se mantiene por encima de los niveles previos al conflicto, presionando la inflación global.
Ante esta situación, el FMI ha establecido tres ejes fundamentales para contrarrestar el impacto de la guerra: política fiscal, política monetaria y evitar distorsiones en los mercados. En cuanto a la política fiscal, el Fondo recomienda brindar apoyo específico y temporal a los sectores más vulnerables, evitando medidas generales que puedan aumentar los costos.
En cuanto a la política monetaria, se sugiere mantener la credibilidad y la estabilidad de precios, interviniendo con aumentos de tipos si las expectativas inflacionarias amenazan desanclarse. Por último, es crucial evitar medidas que interfieran con el funcionamiento de los mercados, especialmente en el sector energético.
El impacto financiero de la guerra puede volverse más complejo si se suma un shock de oferta, lo que podría llevar a un ajuste financiero más fuerte con una mayor subida de tipos. A pesar de las dificultades, el FMI insiste en la importancia de calibrar las medidas en medio de la volátil tregua. La duración del conflicto sigue siendo una incógnita que afecta las proyecciones económicas a nivel global.








