el largo camino de la fibra óptica en Argentina

La fibra óptica, el conductor apenas más grueso que un cabello y que permite transmitir todo tipo de comunicaciones, con capacidad y fluidez casi ilimitadas y empleando haces de luz «modulados» por ausencia/presencia (unos y ceros, el lenguaje digital de las computadoras) no es tan nueva como podría suponerse.

Como decía alguna publicidad, has recorrido un largo camino. En medio siglo y no necesariamente en etapas progresivas, la fibra pasó de los laboratorios a las conexiones entre centrales de una misma ciudad, luego a cables submarinos internacionales y volvió a la tierra para vincular ciudades y países.

Ya en 1982 la vieja ENTel emplazó fibra para vincular instalaciones alrededor del Gran Buenos Aires. Años después, empresas internacionales tendieron fibra submarina para posibilitar las conexiones globales, a la vez que en los 90 Telecom y Telefónica construyeron una extensa red terrestre nacional.

Durante este milenio, esas redes «troncales» fueron replicadas regionalmente por compañías de cable y nuevos prestadores (también para vincular las antenas celulares), así como por la estatal ARSAT en zonas apartadas y con fines de promoción. 

Pero quedaba el eslabón perdido: el camino a las casas.

Algún día todas o casi todas las casas del mundo tendrán su conexión de fibra para lograr la conexión plena fija al flujo de comunicaciones. Esa aparente utopía de omnipresencia ya fue lograda con dispositivos como la radio y el receptor de TV y, hasta cierto punto, con la telefonía celular. 

Carrera de obstáculos: el largo camino de la fibra óptica a domicilio en la Argentina

Así por ejemplo y conviviendo incluso con la pobreza, cerca del 90-95% o más de los hogares latinoamericanos cuentan hoy con una TV. Ese porcentaje está irónicamente ahora en baja debido al desinterés de las nuevas generaciones.

Justamente, son los dispositivos digitales que se optimizan en parte por la fibra los causantes de ese fenómeno. (Aunque viendo TikTok u otras redes sociales, quizás habría que reconsiderar ese calificativo de caja boba que le fuera aplicado otrora a la TV lineal.)

Expansión inexorable, pero…

La expansión de la fibra a domicilio ocurrirá inexorablemente también en la Argentina. Pese a sus recurrentes y agravados escenarios de pobreza (27,9% de hogares pobres según el INDEC para fines de 2021, en los que reside en 37,8% de las personas) el país llegó a tener una penetración de la TV del 80-85% de los hogares; a la vez existe hoy un número algo menor de conexiones generales de Internet.

Si por un lado el camino de la fibra a las casas está lleno de obstáculos —a veces literales—, por otro lado la historia y la economía empujan a su creciente adopción. No se trata de un determinismo misterioso, por más que Víctor Hugo (el francés) haya dicho que «no hay nada más poderoso en el mundo que una idea cuyo momento ha llegado».

Pero la adopción de la fibra a domicilio, conocida por su sigla en inglés FTTH, es más que una idea o un paso ineludible, sino también un conjunto de condiciones y políticas. 

En Argentina, hay muchas razones que explican la baja penetración de la FTTH. En notas pasadas se habló del rezago del país en ese campo  y de las razones regulatorias y el DNU de control de precios. 

Algún día todas o casi todas las casas del mundo tendrán su conexión de fibra para lograr la conexión plena fija al flujo de comunicaciones

No hace falta ser un graduado de la London School of Economics para advertir que la inflación y el deterioro macroeconómico general también traba la inversión, no importa cuán buenas puedan ser hipotéticas políticas sectoriales TIC.

Sin embargo, en esta nota se destacarán razones que no siempre se tienen en cuenta y que también explican los obstáculos para el desarrollo de la FTTH. Una razón es paradójica: la relativamente exitosa conectividad previa histórica desalienta la sustitución por la fibra. 

La otra puede resumirse en la frase «el diablo está en los detalles». Normas menores que no se hacen cumplir, costumbres perniciosas, inoperancia de gestión, «arreglos» informales privilegistas o protección de objetivos políticos o recaudatorios indebidos —entre otros motivos— afectan el uso del espacio público o el otorgamiento de permisos de postes o de obra, demorando la necesaria expansión de la fibra.

Dentro de la misma categoría se agregan las conocidas demoras o impedimentos de la indolente pero también creativa (solo para mantener el status quo) burocracia estatal. Pero que a veces también la ejercen los mismos prestadores privados en su trato con los usuarios.

Paradójico enemigo: el éxito de la conectividad previa

La fibra a domicilio se retrasa en el país en razón del éxito previo de la conectividad. Desde 1880 hasta hace unos años, Argentina ha sido casi siempre el país latinoamericano con más proporción de líneas telefónicas fijas cada 100 habitantes (16)   —hoy superado por Uruguay (34) y México (19) entre otros— (Banco Mundial, 2020).

Para diciembre de 2021, según Enacom, solo el 48,1% de las casas argentinas tenían teléfono fijo (era el 77% en 2016), enorme baja a tono con el resto del mundo, debido a su sustitución por la telefonía celular.

En 2017 el cablemódem (Internet por cable coaxil) comenzó a superar al ADSL (Internet por línea de cobre telefónica)

Y desde 1963, cuando la TV cable comenzó con una pyme en Villa María, provincia de Córdoba, Argentina fue uno de los líderes no sólo en América Latina sino en el mundo (consecuencia de que el Estado casi no otorgaba licencias de TV abierta y sí de TV cable sin restricciones). Fue así todavía hasta iniciarse este milenio.

Para 1995-2000, la TV cable, que no era un «servicio público», había llegado a una proporción de casas argentinas (en este caso como servicio adicional y aun sustitutivo de la TV abierta) mucho más alta que en América Latina y buena parte del mundo. 

Con el mercado de TV cable hoy maduro en el país, muchas naciones alcanzaron 10 o 20 años después una proporción equiparable a la Argentina o bien se sirvieron de la TV satelital (que no implica un conductor a las casas).

Junto con el teléfono y la TV cable (luego también con la telefonía móvil), llegó también Internet. Esas tecnologías fueron aumentando gradualmente el ancho de banda y la velocidad. Pero se enfrentan a su hora final frente a la fibra (y el 5G).

Sonia Agnese, de la consultora Omnia, lo explicó a este medio: «Hay una correlación de menor penetración de fibra óptica en países con alta penetración de TV por cable, lo que también explica el fenómeno en Estados Unidos de baja penetración de fibra». (No obstante, allá la velocidad es muy superior a la Argentina y las horas de trabajo para pagar una suscripción son muy inferiores.)

La analista dijo que ya en 2017 el cablemódem (Internet por cable coaxil) comenzó a superar al ADSL (Internet por línea de cobre telefónica). Las redes de TV cable se fueron actualizando a HFC (red hibrida que no incluye la conexión de fibra a las casas, pero que permite alcanzar velocidades de 1 Gbps —1000 «megas»—).

Esas velocidades son —aún— satisfactorias para el uso que se le da en la mayoría de los hogares. Ahora se ve una suerte de repetición del proceso inicial que fue pasar de la red de cobre (ADSL) al cablemódem: viene el salto de esos conductores a la fibra al hogar (FTTH), redondea Agnese.

La fibra se enfrenta a trabas para llegar a las casas, incluyendo normas o decisiones inadecuadas y burocracia sobre espacio público, postes o ductos

 

El manejo del espacio público

En principio, los prestadores pequeños (proveedores de TV cable/Internet pyme, cooperativas telefónicas o aun eléctricas, frecuentes en pueblos y ciudades medianas) pueden estar mejor posicionados para tender nuevos trayectos de fibra al hogar. Esto es porque no deben reemplazar una gran infraestructura previa (cobre o coaxil).

Sin embargo, los problemas para tender cables en espacios públicos, las llamadas «vías de paso», afectan tanto a prestadores pequeños como a las grandes empresas de telecomunicaciones argentinas (Telecom, Telefónica o Claro) y a las compañías especializadas.

Aquí los conflictos pueden ser entre el Estado y los prestadores, pero también entre los prestadores entre sí, con autoridades notoriamente ausentes para hacer cumplir las normas.

«El despliegue de Internet y fibra ha sido gravemente afectado por el pésimo manejo de infraestructura pasiva (postes y ductos) que hacen los gobiernos nacionales, provinciales y municipales», dijo a iProfesional el ingeniero Rodolfo Bianchi, presidente de la Cámara de Pequeños Proveedores de Internet (CAPPI).

Los proveedores de Internet «estamos listos para invertir y hacer crecer las redes», indicó el directivo de CAPPI, «pero autorizaciones para usar postes o poner nuevos no se consiguen o se consiguen después de mucha burocracia: tan sólo modificando eso el crecimiento sería mucho mayor».

El Estado nacional, las provincias y los municipios no sólo son los titulares del espacio público (calles, rutas, subsuelos) sino muchas veces de los postes de empresas eléctricas o de vías de paso como ductos o vías férreas. 

Es tan complejo llenar los informes que pide Enacom que pocos proveedores lo hacen en tiempo y forma

Hay gobiernos que con un sentido recaudatorio imponen tasas abusivas a los bienes públicos para dar acceso a la infraestructura (o permitir despliegues) de empresas, pymes y cooperativas de telecomunicaciones. Pero a veces los entes privados, si llegaron primero, pueden actuar parecido hacia su competencia para desalentarlos.

«En Colombia las empresas ceden en alquiler cada poste en menos de dos dólares al año y aquí pueden llegar, como [la privada eléctrica] EDEMSA en Mendoza, a tres dólares por mes«, indicó el presidente de CAPPI, quien además de tener operaciones en el sur de Mendoza es titular de una compañía de Internet en la nación cafetalera.

Los postes en las ciudades son el elemento crucial en la competencia de diferentes tendidos a las casas. La solución subterránea (soterramiento de cables) implica un aumento de costos que —según Bianchi— encarece hasta 17 veces más los tendidos y torna ilusoria también la competencia.

¿Quién es el propietario de los postes? Pueden ser del Estado (empresas eléctricas provinciales), de prestadores privados de servicios públicos (una cooperativa o empresa eléctrica históricas) o bien de otros operadores TIC (empresa o cooperativa telefónica históricas, o una compañía pyme o grande de TV cable).

A veces el propio municipio instala (o compra) los postes y después se los vuelve a alquilar a la entidad distribuidora eléctrica local (en algunas circunstancias a operadores TIC).

Fibra óptica: los postes en las ciudades son el elemento crucial en la competencia de diferentes tendidos a las casas

Compartición de infraestructura

No siempre se trata de la acción estatal. Puede ocurrir que prestadores privados preexistentes impidan o traben la compartición de infraestructura en contra de sus competidores.  Se aprovechan de un semimonopolio natural de espacio: es obvio que no pueden instalarse infinitas líneas de postes o ductos en las veredas o calles. 

Al mismo tiempo es verdad que cada poste o ducto tiene una capacidad limitada de acomodar conductores. «Pero a veces dicen que los postes no resisten y es mentira. En São Paulo permiten hasta ocho empresas por poste y a veces más», dijo Bianchi. 

También es cierto que los precios de cesión de alquiler de postes o similares deben ser equitativos: ni tan bajos que perjudiquen al preexistente (incumbente) ni tan altos como para frenar al nuevo.

Más todavía: hay prestadores privados (y a veces estatales) «aliados» con intendentes, gobernadores o funcionarios que, en conjunto, se las ingenian para mantener alejados o discriminar a los competidores negando o trabando permisos o invocando razones falaces. 

Existen leyes y resoluciones que obligan a negociar un precio por esa compartición de infraestructura en condiciones justas y no discriminatorias, «cuando sea factible», tanto si se trata de bienes públicos como de instalaciones de prestadores privados previos de telecomunicaciones. 

Sin embargo, no es tan claro que las normas abarquen a prestadores privados sólo de electricidad, que también poseen importantes filas de postes.

De todas maneras, estas normas no siempre se aplican ni se hacer cumplir: se retacean los permisos de espacio público o de obras, o se traban las negociaciones recurriendo a excusas o demoras. Buena parte de los municipios, por otro lado, no autorizan postes o ductos nuevos e impiden así la competencia.

«En Córdoba una empresa [pyme] fue autorizada por el municipio, pero mientras colocaban la fibra en los postes, otros operarios de la cooperativa eléctrica iban atrás arrancando el tendido en el mismo momento», recordó Bianchi.

La expansión de la fibra a domicilio ocurrirá inexorablemente también en la Argentina

Y en la ciudad de Mendoza, agrega, una empresa hizo un tendido de fibra usando postes propios nuevos y algunos ya existentes de EDEMSA. Pero esta última no sólo «retiró la fibra de sus postes sino que también levantaron los postes ajenos. Tuvo que intervenir la Provincia y la situación se arregló».

Cuando hay cosas así «el [regulador nacional] Enacom debería intervenir de inmediato; no se puede judicializar esto porque se hace eterno«, reflexionó el titular de CAPPI, evidenciando así las incongruencias entre distintos niveles de autoridades.

Pero el propio Enacom es también exponente de la burocracia. «Yo tardé ocho años para conseguir una licencia TIC para poner un ISP» (en la zona de San Rafael, Mendoza), dijo Bianchi, quien aclaró que con el nuevo sistema de licencias simplificadas —implantado hace un lustro— el tiempo se redujo a tan sólo a dos meses, «pero ahora otra vez están tardando seis u ocho meses«.

«Es tan complejo llenar los informes que pide Enacom que pocos proveedores lo hacen en tiempo y forma», indicó. Un efecto colateral de esto es que «las estadísticas oficiales no reflejan todo» porque en los lugares pequeños «hay más y mejor Internet» del que parece, afirmó el titular de CAPPI. 

Por último, la compartición de la infraestructura puede no sólo ser pasiva sino también activa: así, varios prestadores comparten no sólo postes o ductos sino los propios conductores de fibra y el usuario elige al prestador a través de ellos. Apenas hay unos pocos casos en la Argentina, que serán tratados en otra nota.

Con información de Telam, Reuters y AP