El gobierno avanza con las privatizaciones: Nucleoeléctrica en la mira
En medio de un contexto de privatizaciones en el sector energético, el gobierno se prepara para dar a conocer novedades sobre al menos tres empresas en los próximos días. Sin embargo, hay una que destaca por su complejidad técnica y estratégica: Nucleoeléctrica, la empresa encargada de gestionar las tres centrales nucleares más importantes del país: Atucha I y II, y Embalse.
El proceso de venta de Nucleoeléctrica se ha tomado con calma por parte del Gobierno, que espera tener noticias concretas hacia finales de año. Uno de los aspectos fundamentales para llevar a cabo esta operación es la tasación de la empresa, que ha sido realizada por el Tribunal Nacional de Tasación para determinar su valor. Se espera que se oferte el 44% de la empresa y se ponga a la venta en un paquete único, descartando la posibilidad de una Oferta Pública Inicial en bolsa.
La valoración de Nucleoeléctrica ha sido un desafío debido a la complejidad de evaluar una empresa de este tamaño y en un sector altamente regulado a nivel internacional. Se espera que el monto oficial de venta ronde los mil millones de dólares para el 44% de la empresa, que gestiona las tres plantas nucleares. Comparativamente, en discusiones anteriores se manejaba un valor cercano a los 6 mil millones de dólares para la venta de las dos plantas de Atucha.
Sin embargo, el proceso de privatización de Nucleoeléctrica ha estado marcado por diversos obstáculos y retrasos. La salida del exasesor presidencial y expresidente de la empresa, Demián Reidel, tras acusaciones de sobreprecios en contratos y mala gestión, ha generado controversia. Además, la prolongación de la vida útil de la central Atucha I ha contribuido a los retrasos en el proceso, generando preocupación entre los dueños del área.
Paralelamente, el sindicato ha advertido sobre una fuga de cerebros en la empresa, con la pérdida de personal altamente capacitado que ha abandonado la compañía por la pérdida de ingresos. Esta situación ha generado inquietud en el sindicato, que se opone a la privatización de la empresa y reclama mejores condiciones para los trabajadores.
En resumen, el proceso de privatización de Nucleoeléctrica representa un desafío tanto técnico como social, con múltiples factores en juego. La venta de esta empresa estratégica para el país marcará un hito en el sector energético y se espera que las decisiones tomadas tengan un impacto significativo en el futuro del país en términos de energía nuclear.








