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miércoles, abril 21, 2021

El silo de maíz, una llave maestra

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Estoy muy contento con el gran impacto de la historia de portada de Clarín Rural el pasado sábado, dedicado a una técnica que fue y es clave en la Segunda Revolución Pampa: el silo de maíz. Voy a darle otro giro.

A principios de la década de 1980, la brecha tecnológica entre la agricultura argentina y el mundo desarrollado era enorme. Pero ya avanzaba una nueva generación de productores y profesionales, que se dieron cuenta de que era necesario acortar distancias. Fue casi obsceno que En la faja maicera, la productividad promedio rondaba los 80 quintales por hectárea, el doble que esas pampas.. El trigo era más grave: estábamos en las 18 yardas mientras Francia rondaba las 60, y ya estaba el Club de los 100 Quintales, formado por los que iban superando ese listón.

Entre los pioneros se encontraba Juan J. (Johnny) Avellaneda. Recuerdo que en 1982 le escribimos una nota en Rural Dynamics donde hablaba de su modelo de maíz para 100 yardas. Johnny regó en el Farm Progress Show en el Medio Oeste, que visitaba todos los años. En esa nota confesó que, al realizar el primer viaje, se comprometió a no copiar el modelo estadounidense. “Y de repente me di cuenta de que estaba haciendo todo como ellos, elección de híbridos con mayor potencial, fertilización, incorporación de herbicidas preemergentes y sistema de preparación vertical con cinceles y cultivadores ”. Incluso construyeron su propia sembradora, utilizando carrocerías Gherardi, pero montadas sobre un chasis articulado, necesario para aprovechar la potencia de sus tractores articulados Steiger. Zanello estaba haciendo sus alfileres …

Con esta campana Avellaneda estaba poniendo en juego un paradigma de muchos años: la rotación de pastos y cultivos agrícolas. La fase ganadera, con la recuperación que prometían las praderas, tanto para reducir la presión de la maleza como para evitar la degradación del suelo, empezó a perder sentido. Y me preguntaba cómo sobreviviría la “agricultura de pastizales” (el sistema de rotación) si la tecnología del maíz y el trigo avanzara.

OK, sucedió lo inevitable. La agricultura llegó rápidamente a la zona central, donde muchos pensaban que ya no había lugar para la vaca. O incluso el tambor. Y fue entonces cuando apareció la herramienta del silo de maíz, que Raúl Firpo había probado en su cabina de Canals en la década de 1970 con un primitivo helicóptero automotor Fox. Era la base de potencia de su cabina. Pero los ganaderos de la época, que lo admiraban, lo miraban de reojo … Llegó el momento, que permitió dos cosas: liberar millones de hectáreas para la agricultura y lograr una dieta más equilibrada, estable y rica que el sistema tradicional basado casi exclusivamente en pastos. Muchos continuaron considerándolo como una “reserva forrajera”, pero en realidad se ha convertido en la base del nuevo ganado, en particular la leche, pero también la carne.

En ese momento, una hectárea de maíz ensilado entero sembrado generaba de 12 a 15 toneladas de materia seca, con alto contenido energético y fibra de buena calidad. Y se puede utilizar prácticamente en su totalidad, ya que en general se entregaba en alimentadores con bajo desperdicio. Así vio al inolvidable Alberto Hardoy, un lechero de CREA Lincoln. En los sistemas pastoriles mejor administrados, solo se cosechó el 50% del forraje disponible, que en el mejor de los casos proporcionó 6 toneladas de materia seca por hectárea por año. Esto es, la proporción del silo era de cinco a uno.

En otras palabras, cada hectárea de silo de maíz reemplazando uno de pradera tradicional, liberado cuatro hectáreas para nueva agricultura. Hoy se pican alrededor de 1,2 millones de hectáreas de maíz, con lo que podríamos decir que hay cinco millones de hectáreas heredadas de soja, trigo y maíz. Que con la siembra directa y la biotecnología se han vuelto aún más atractivos, acelerando el proceso iniciado en los años ochenta.

Este es el esquema básico de lo que sucedió. En el camino, Se ha creado un conglomerado de empresas de servicios altamente profesionalizado.. Entraron las rectificadoras automotrices más modernas y sofisticadas del mundo, lo que de la mano de estos contratistas supuso un salto fenomenal en la producción. Tras ellos venían los rellenos forrajeros, precursores de la silobolsa que saltaban del forraje al ensacado de granos. Un sistema flexible que, desde estas pampas, dio la vuelta al mundo. En Australia, la televisión muestra actualmente una tira que muestra el sistema de ensacado con bolsas Ipesasilo y vagones Akron. Asombroso.

La técnica llegó para quedarse. Incluso en quienes profesan su vocación por la ganadería pastoril, han incorporado algunas hectáreas de silo, lo que les da más estabilidad y productividad para el sistema. En confinamiento profesional, cuando se dispone de una superficie cercana, es inmejorable como fuente de fibra y energía. Y es omnipresente en la industria láctea, desde más sistemas basados ​​en pastizales, hasta establos que se están convirtiendo en una nueva tendencia.

Mientras tanto, la nueva genética continúa fluyendo, con materiales dotados de eventos biotecnológicos que brindan herramientas para el control de insectos y la defensa de malezas. Por no hablar de lo que se está logrando en áreas de regadío o con riego complementario.

Una história de éxito. Un merecido homenaje a los pioneros.

Noticia de Argentina

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