El sueño de los cubanos se vuelve pesadilla en Rusia

Durante la noche, la habanera se colaba en una choza a medio construir en un parque para no morir congelada a la intemperie.

En la capital rusa la temperatura puede descender hasta los 25ºC bajo cero. En diciembre, la noche en Moscú parece interminable. Dura casi 17 horas. Durante esos días Pavel perdió dos dientes, lo atribuye a las temperaturas extremas a las que estuvo expuesto.


Hace siete años, Pavel Roque Salle había juntado todos sus ahorros para comprar un billete a Moscú. Sin contactos ni información sobre su destino, se fue a “experimentar”, como dice, en la antigua capital de la URSS. Las primeras semanas fueron de total deslumbramiento. Se hospedó en un hostal barato y salió a conocer la ciudad donde había venido a hospedarse.

La modernidad, los autos, el Kremlin, la tecnología, la abundancia de alimentos le decían que había llegado a un país próspero y que, aunque no viviría el sueño americano, tendría su propio sueño ruso. Solo necesitaba conseguir un trabajo, prosperar y ayudar a los que se quedaron en Cuba. Habían puesto todas sus esperanzas familiares en su billete a Moscú.

Explotación y xenofobia: el drama de muchos cubanos en Rusia


Cada año, unos 25.000 cubanos ingresan a Rusia como turistas, según datos de la Guardia Fronteriza publicados por el diario El País. Desde los tiempos de la Unión Soviética como benefactora de la isla, Rusia se encuentra entre los 32 países a los que los caribeños pueden ingresar sin visa. Una vez que pisan la nación pueden ser 90 días.

En el aeropuerto te ponen un sello de entrada en tu pasaporte y te dan una tarjeta donde traducen tu nombre según el alfabeto cirílico. Durante esos tres meses no tienes permiso para trabajar, y si lo extiendes un día más, tu estatus cambia a ilegal.

Foto cortesía del autor

Aún así, algunos nacionales prefieren seguir en la irregularidad, con todo lo que ello conlleva, antes que tomar un vuelo a La Habana. La policía rusa suele aceptar sobornos para hacer la vista gorda si detecta que no tienes un estatus migratorio regular. El precio oscila entre 5.000 rublos o más (65 USD). Incluso es habitual que algunos agentes detengan en el metro a pasajeros que, por sus características físicas, no encajan en el estereotipo de la ciudadanía rusa, con el único objetivo de extorsionarlos.

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Pavel perdió su pasaporte cubano cuando miembros corruptos de este organismo le pidieron dinero que no tenía. En represalia por no pagar el soborno, le quitaron el pasaporte y lo rompieron frente a él. El migrante transitaba por Moscú sin esta documentación hasta hace un año y medio cuando se casó con una ciudadana rusa.

“Elegí Rusia porque no pedía visa, pero no sabía a lo que me exponía aquí”, dice Pavel, quien regentaba un mercado en La Habana y ha dejado a tres niños sin poder enviar regularmente ayuda financiera.

Él, como tantos migrantes cubanos, ha vivido en condiciones de extrema vulnerabilidad. No hablar el idioma, la xenofobia, no tener redes de apoyo, migrar solo a una cultura tan diferente ha convertido su sueño ruso en una pesadilla. Una pesadilla donde es explotado por su condición de extranjero e ilegal. Y a eso le sumamos que no han querido estar con él en el transporte público, que les reflejan el rechazo en la cara si les toca sin querer, que no le han dejado sentarse a comer con otros compañeros de trabajo. Pavel es un hombre negro.

Según testificó Orelvys Cabrera, periodista de CUBANET que se encuentra actualmente en Rusia, en la ex capital soviética se ha articulado una red de cubanos que actúan como intermediarios entre sus compatriotas y contratistas rusos, armenios o serbios. A cambio de una comisión, conectan a caribeños con oportunidades laborales, principalmente en tareas de construcción y limpieza. Como la visa con la que llegan no incluye un permiso de trabajo, los cubanos se resignan a estar sin contrato, sin derechos y sin garantías de que se les pagará lo pactado.

En el mejor de los casos, al final del mes acumularán un máximo de 300 USD, menos de la cuarta parte del salario promedio de la ciudad. Con el que podrán pagar productos básicos y el alquiler de un piso colectivo donde duermen hasta una decena de personas en literas. “Es como estar en la escuela en el campo, pero con comida”, lo resume Pavel para definirlo. En el peor de los casos, después de haber trabajado el tiempo acordado, el contratista les paga solo una parte o nada.

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“A los pocos meses de llegar, trabajaba 10 horas diarias en una obra y la primera semana me pagaron bien”, explica Roque Salle. “Después del segundo me dijeron que no tenían efectivo, que esperara al tercero. Y al final del tercero cuando pedí mi dinero, llamaron a la policía. Pavel, ilegal y sin hablar el idioma, no tenía cómo ni a quién reclamar. Solo pudo irse antes de que llegaran los oficiales y lo extorsionaron por su condición vulnerable o lo detuvieron.”En este país, un migrante negro sin papeles vale menos que un perro”, resume el cubano.

No todos vienen como turistas o para quedarse

“Fuera, maricones”, les han gritado a Orelvys y su pareja en las calles de Moscú. El reportero de CubaNet llegó en diciembre huyendo del régimen de la isla que había amenazado con encarcelarlo por su trabajo para medios independientes. Ya había sido detenido en julio por cubrir protestas antigubernamentales. En Rusia, histórica aliada de La Habana, no se siente seguro. Y si a esto le sumas la homofobia en la nación euroasiática y los crímenes de odio, Moscú será un lugar de tránsito, o eso espera. Mientras tanto, intenta conocer una ciudad que huele a cebolla y lo impresiona, donde nadie lo conoce, donde no es acosado por la policía política cubana.

el periodista

Orelvys Cabrera, periodista de CUBANET

cubanet

“Aunque quisiera, regularizar aquí es muy complejo. Las opciones son prácticamente reducidas, explica el reportero, para casarse con un ciudadano ruso, invertir en el país o dominar el idioma y conseguir una beca.

De acuerdo con el artículo 6 de la Ley Federal, también pueden regularizarse los extranjeros elegidos dentro de las cuotas aprobadas por el Gobierno Ruso para cada uno de los territorios de la Federación. Si se agota el cupo, no se admiten a trámite las solicitudes de autorización de residencia temporal. Obtener la residencia de esta forma es prácticamente ganar la lotería.

Sin embargo, para los cubanos existe una posibilidad extra. Unos 100 estudiantes de posgrado viajan cada año a Moscú desde La Habana para estudiar en Rusia, gracias a un convenio entre ambos países.

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Incluso en febrero de 2020, la Facultad Preparatoria Rusa de la Universidad de La Habana comenzó a impartir cursos de idiomas para estudiantes que están aceptado para becas. El dominio de la lengua eslava es un requisito. Como antaño, los caribeños vuelven a aprender ruso para estudiar en Moscú, ahora capitalista

Según confirmó CubaNet a una de las becarias seleccionadas, que pide anonimato, cada mes recibe el equivalente a 300 USD para su manutención (un tercio de esta cantidad lo aporta Rusia, el otro Cuba). La antigua URSS también cubre alojamiento y seguro médico.

“Nunca había salido de Cuba, así que me impresionó Moscú. Sin embargo, mi deseo no es quedarme aquí. Una empresa podría contratarme y legalizarme, pero mi meta es llegar a Estados Unidos. Esta beca fue mi catapulta para salir de la isla. Ese primer paso es el más importante”, concluye como quien aún no ha contemplado los riesgos de un viaje irregular, ni los 5.536 kilómetros que la separan de su anhelado destino.

Uno de estos riesgos se puede leer en el código penal ruso, que impone una pena de prisión de hasta seis años por el cruce ilegal de fronteras por parte de un grupo de personas mediante conspiración previa.

Muchos de los cubanos que llegan a Moscú sin intención de regresar aspiran a quedarse con la esperanza de convertirse en residentes en algún momento. Otros ven a la nación como una puerta de entrada a Europa y solo esperan la oportunidad de migrar nuevamente. De Rusia a Serbia, y de allí cruzar fronteras para llegar mayoritariamente a España, o incluso, y contra toda lógica geográfica, a Estados Unidos. Algunos lo logran, otros no. Pavel nunca ha podido marcharse, aunque Madrid era su destino deseado.

“Las oportunidades en Moscú son difíciles. Es difícil conseguir trabajo si no sabes el idioma y te tratan como si no valieras nada. En este país todo es gris, la gente, los edificios, el clima y te deprimes. Pero me coloco en que soy cubano, así que por muy mal que me vaya aquí, estoy mejor que en La Habana. Al menos tengo algo para comer”.