El mercado laboral da un giro inesperado: menos ajustes salariales y cambio de lógica en las empresas
El panorama laboral se presenta con un nuevo escenario para el próximo año, en el que las empresas proyectan un menor margen de ajuste salarial para sus trabajadores. Tras un 2025 marcado por fuertes correcciones para recomponer los ingresos, el 2026 se vislumbra con subidas más acotadas, menos instancias de ajuste y una mayor diferenciación por desempeño.
De acuerdo con una encuesta realizada por Willis Torres Watson (WTW) a 392 empresas de distintos sectores, se estima que el presupuesto salarial acumulado para el próximo año rondará el 20%, con un rango que va del 18% al 24%, en línea con una inflación proyectada en ese mismo nivel. Este recorte significativo respecto al año anterior marca un cambio de clima en las áreas de recursos humanos, que pasan de un esquema defensivo a uno más contenido y predecible.
En contraste con el 2025, donde los incrementos salariales promedio para personal fuera del acuerdo alcanzaron el 30%, con ajustes que oscilaron entre el 26% y el 33%, el próximo año se espera una mayor moderación en las subidas salariales. Dos de cada tres empresas prevén conceder entre dos y tres ajustes anuales, con un mayor peso en el mérito individual.
El 40% de las empresas planea aplicar esquemas «mixtos», combinando un porcentaje general para toda la plantilla con otro diferencial según desempeño. Asimismo, el 61% destinará una parte del presupuesto específicamente al mérito, con ajustes que oscilarán entre el 4% y el 7%, e incluso alcanzando el 10% en casos de mejor desempeño.
En cuanto a la relación con la inflación, el 68% de las empresas espera que los ajustes salariales en 2026 se ajusten a dicho índice, mientras que solo el 20% proyecta estar por encima de ese nivel. Este cambio de lógica salarial refleja una transición hacia un esquema más administrado, centrado en sostener costos y retener talento clave.
Para los trabajadores fuera del acuerdo, el mensaje es claro: el 2026 será un periodo de menor dinamismo, más selectivo y con menos margen para subidas generalizadas. El salario deja de ser un instrumento homogéneo de protección y pasa a funcionar como herramienta de gestión en un mercado laboral más contenido y predecible. ¡El freno ya está puesto!








