En un mercado laboral que está cambiando, el problema no es el talento. Es el diseño de las organizaciones que lo reciben.
En los últimos años, se ha popularizado una frase que se escucha en todas las mesas de propietarios: «No hay gente buena». Parece que no hay administradores competentes, mandos intermedios capaces, líderes inspiradores, jóvenes comprometidos, vendedores eficaces… Sin embargo, al mismo tiempo, vemos lo contrario: profesionales corporativos agotados emocionalmente que buscan trabajos más humanos; personas mayores que abandonan el sistema y buscan agregar valor real; jóvenes que buscan culturas menos rígidas; especialistas freelance con ganas de unirse a proyectos estables. ¿Cómo puede ser que «no haya gente» si lo que sobra es gente que busca una forma diferente de trabajar?
La respuesta es más incómoda y sencilla: no falta gente; faltan roles claros en los que estas personas puedan desempeñarse. La Pyme argentina, en general, no fracasa por falta de talento: fracasa por falta de diseño. La mayoría de las organizaciones de menos de 100 personas operan con una estructura difusa en la que cada persona hace múltiples tareas, informa informalmente, aprende por ósmosis y trabaja según sea necesario. En ese contexto, es lógico que nadie encaje: ni el joven que quiere aprender, ni el mayor que viene de la corporación, ni el administrativo que podría desempeñarse si no tuviera que apagar incendios todo el día. El problema no está en la oferta de trabajo, sino en que la silla nunca estuvo bien armada.
Hoy el mercado laboral está cambiando. La vieja lógica de que «la gente quiere estabilidad y un salario estable» ya no es tan lineal. Aparecen profesionales con libertad, empleos bien remunerados que eligen trabajar menos, personas mayores que priorizan la salud mental sobre la carrera, jóvenes desilusionados con las estructuras verticales. Frente a eso, muchas pymes intentan solucionar su necesidad buscando «a la persona ideal»: alguien operativo y estratégico, rápido pero detallista, junior pero experimentado, barato pero excelente. Un unicornio PYME. Lo que nunca aparece no es la persona: es la definición del rol.
Cuando un puesto está bien diseñado, con un objetivo claro, indicadores comprensibles, tareas priorizadas, autoridad definida y límites de responsabilidad, el candidato aparece. Es donde antes parecía que no había nadie. Sin ese paso previo, no hay proceso de selección que funcione. Por tanto, en este nuevo mercado laboral –más fragmentado, más exigente y más humano– la verdadera competencia no está en quién paga más, sino en quién ofrece roles más claros.
Roles donde las personas puedan entender qué se espera, qué impacto tiene su trabajo y cómo es un día bien hecho. Roles que ordenan, que dan propósito, que permiten crecer sin quemarse. Porque al final la gente buena no falta. Faltan roles donde estas personas puedan estar. ¡Queremos conocerte! Regístrate gratis en El Cronista para una experiencia hecha a tu medida.







