Esta mano | El Heraldo de México

Como el Ave Fénix, la FIL se ha levantado. Tras dos años de la pandemia que paralizó a la humanidad, la feria española del libro ha vuelto a abrir sus puertas para el reencuentro de escritores, lectores, editores y promotores del libro. Y debemos agradecer a Dios, las vacunas, el ciclo natural del coronavirus que se ha vuelto dócil como un cordero; ellos dicen.

La inauguración, como ya se ha reseñado, fue un caos. El conflicto entre el gobernador Enrique Alfaro y el titular de la FIL Guadalajara, Raúl Padilla, generó la marcha que tomó las instalaciones externas del recinto de la Expo, impidiendo el acceso de visitantes al recinto. Al preguntarle a uno de los manifestantes quiénes eran y qué intentaban hacer, respondió lacónicamente: «Es el pueblo, defendiendo a la UAG». Ah pues ya llegó la buena gente a Jalisco.

Entrando por la puerta de atrás, como todos, como bandidos, logramos entrar a la FIL, que por fin iniciaba sus actividades como si lo fuera. De nuevo los puestos relucientes de las grandes editoriales, Penguin, Planeta, Santillana, UNAM, el Fondo de Cultura Económica… y las noticias del año, de los últimos dos y tres años, en los que la industria editorial parecía sucumbir. Y la reunión con amigos, los cocteles, las presentaciones, los descuentos, el tequila y la torta ahogada a las siete de la noche.

Y así, desplazándose por los foros y restaurantes de la zona, esta mano pudo saludar, en el lapso de dos horas, ni más ni menos que las diestras de Porfirio Muñoz Ledo (en silla de ruedas y organizando un foro), de Pascal Beltrán del Río (director de Excelsior), Lorenzo Córdova (presidente del consejo de administración del INE), Arturo Pérez Reverte (presentando su reciente novela, «Revolución»), Irene Vallejo (autora del premiado volumen «El infinito en un junco»), Humberto Moreira (defendiendo la Alianza Electoral pisoteada por su jerarca), Rosa Beltrán, directora de Cultura UNAM. Esta mano, en dos horas.

Y mientras, escapando a los bares y cafés cercanos, ¿cómo va el juego? ¿Un cero, dos cero? Y sí, claro, Dios es Dios, y Messi es Messi. ¿Y la marcha? Ahí están las imágenes de TV Azteca exaltando a esos 12 millones, un millón, medio, cien mil, diez mil manifestantes como los que hubo hace dos domingos. Unos defendiendo el instituto electoral, otros pisoteándolo que, lo que está de moda, es la lucha de clases a punta de marchas.

Ha sido un día extraordinario. Hemos podido presentar el nuevo libro, «La historia del hielo», a pesar de los contratiempos y reencuentros. Y lo más emotivo: los miles de visitantes de la FIL, curioseando estanterías, repasando prólogos, preguntando por títulos perdidos, en familia y solos, buscando el libro que remediará (o cambiará) su vida en el lapso de cinco días mientras dure la lectura.

Lo discutía con el difunto y prodigioso novelista Gerardo de la Torre: la existencia de un escritor está delimitada por dos hechos: el ciclo mundial y la FIL a partir de diciembre. El resto es la vida cotidiana.

Así nos adentramos en los pasillos y cientos de locales de la Expo FIL, buscando el libro que espera nuestro encuentro, el compañero del sofá, el párrafo que remediará el hastío de la crisis nacional. Supongo.

POR DAVID MARTÍN DEL CAMPO
COLABORADOR

MBL

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