¿Estabilidad económica en riesgo?
En las últimas semanas, el debate sobre el programa económico ha tomado un giro hacia la incertidumbre. ¿Cuáles son los riesgos que podrían complicar la continuidad del proceso de estabilización y su transformación en un cambio de régimen sostenible?
Riesgos potenciados
Para analizar estos riesgos, es necesario agruparlos en tres frentes: externo, macro y social. Estos riesgos no son independientes, sino que se potencian entre sí. Un shock externo puede acentuar el aprecio real; una macro rígida amplifica los costos del shock; y una sociedad cansada reduce el margen político para corregir los desequilibrios.
Impacto del shock externo
El impacto del shock externo en la economía argentina es doble. Por un lado, el país exporta energía en términos netos, lo que es favorable. Por otro lado, la volatilidad en los precios de la energía puede complicar la dinámica de precios y el dilema fiscal entre subsidios y aranceles.
Desafíos domésticos
El segundo frente de riesgo es el doméstico, con una fase 4 del programa económico que busca sostener el tipo de cambio y controlar la inflación. Sin embargo, esta estrategia puede afectar la rentabilidad de los sectores comerciales y empeorar las perspectivas de producción y empleo.
Impacto en la sociedad
El tercer riesgo es el social, donde la fatiga comienza a surgir entre la población debido a la falta de mejoras palpables. La dinámica se acelera cuando el estancamiento persiste, el empleo cae y la asfixia financiera se vuelve diaria.
Desafíos futuros
El Gobierno enfrenta el desafío de mantener la estabilidad económica en un contexto de incertidumbre. Si el shock externo se modera, se podrían revisar las políticas sin poner en riesgo la desinflación. Sin embargo, si persiste, el triángulo de tasas, fiscales e inflación se hará más evidente. La fatiga social también puede acelerar la demanda de correcciones.
En resumen, el desafío actual no es elegir entre desinflación y crecimiento, sino evitar que la estabilización económica quede atrapada en un equilibrio defensivo. La gobernabilidad puede ganar tiempo, pero se necesita mayor coherencia para garantizar un futuro económico sostenible.








