Frágil acuerdo en Ecuador, para quebrar un extenuante conflicto de dos semanas

Frágil acuerdo en Ecuador, para quebrar un extenuante conflicto de dos semanas

Este jueves amaneció soleado en Quito, pero el clima social era denso, asfixiante. La población, al igual que los líderes, sabía que era un día crucial para el conflicto entre el gobierno de Guillermo Lasso y las comunidades indígenas. Dieciocho días de protestas, con estallidos, actos de violencia, cortes de ruta, ataques a convoyes y siete muertosfueron demasiado para un país que ya estaba exhausto por la pandemia.

Sólo por la tarde, como esas lluvias que despejan el aire y calman los ánimos, llegó el alivio con un acuerdo difícil, frágil, que si en algún momento el Ejecutivo no cumple, hará estallar.

Todos vitorearon con alivio. primero el gobierno temeroso de las derivaciones políticasy luego la dirigencia indígena, agotado por la presión popular que exigió hechos más concretos.

Leonidas Iza, líder de la Confederación Indígena Conaie, celebra el acuerdo. (Reuters)

Pero es en las calles donde se vive con mayor pasión el fin del conflicto, había paralizado gran parte del país y eso había causado una severa escasez de combustible, alimentos y medicinas, y polarizado a la sociedad como nunca antes.

La participación de la Iglesia Católica como mediadora fue fundamental, pero también lo fueron las importantes concesiones realizadas por el gobierno.

lazo acordó reducir los precios de los combustibles en un 15%derogar un decreto que promovía la explotación petrolera en la Amazonía ecuatoriana, frenar concesiones mineras en áreas naturales protegidasperdonar deudas a familias campesinas, aumentar bono a familias vulnerables y declarar emergencia al sistema de salud.

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Los indígenas, por su parte, respondieron desmovilizando a su gente, el fin del paro nacional y piquetes. Ahora, una comisión técnica se encargará de pulir los puntos más áridos.

Alegría entre los manifestantes tras 18 días de huelga.  (EFE)

Alegría entre los manifestantes tras 18 días de huelga. (EFE)

“Es lo mejor que nos podía pasar. No podíamos seguir con esta situación. Tienen razón en protestar, pero todo estaba parado, todos salimos perjudicados”, dice Cristopher, quien tiene un pequeño puesto de comida en el histórico centro.»Los mejores buñuelos de Quito», dice con orgullo.

El miedo a una «guerra total»

El día tuvo altibajos. Pasado el mediodía, se había llegado a un acuerdo entre los líderes indígenas y los funcionarios del gobierno en la enorme basílica neogótica del centro histórico. Todos los medios locales empezaron a publicar el final del conflicto. Sin embargo, faltaba la firma del memorando de entendimientoo “pacificación”, como ellos la llamaban.

El asunto se retrasó y el oficialismo y los mediadores empezaron a recargar. Los líderes indígenas pidieron 15 minutos para hablar con las bases, quienes no quedaron conformes. Los 15 minutos se convirtieron en 30 y 40. Alrededor de la basílica hubo una gran manifestación que repetía consignas contra Lasso. El tiempo se puso espeso. Si el acuerdo caía, vendría la «guerra total», advirtieron.

El problema fue que algunos sectores estaban descontentos con la reducción del precio de la gasolina. Querían un descuento de 40 centavos. Finalmente, cuando se temía lo peor, hubo humo blanco y los líderes indígenas convencieron a su gente. La paz había llegado.

Había euforia en el escenario donde se había firmado el acuerdohacer. Los líderes indígenas se dieron la mano y levantaron los brazos en señal de triunfo. Hubo abrazos, festejos, gritos de alegría. Incluso el representante del gobierno levantó una bandera del escenario y la agitó.

Se habló de paz y de «reconciliación nacional», pero en esta lucha el gobierno se debilitó y la sociedad se fragmentó. Las heridas no sanarán rápido. La brecha sigue siendo profunda en este país donde hay 14 nacionalidades aborígenes, el 6,3% de la población.

Alivio para una ciudad cansada

Quito respiró aliviado. En los últimos días habían llegado a protestar más de 12.000 indígenas. Ayer comenzaron a regresar a sus comunidades. Los negocios reabrieron y el transporte volvió a funcionar. Solo quedaron algunas vallas publicitarias dispersas en las principales avenidas.

Durante la mañana había sido un caos total cuando una multitudinaria manifestación ingresó a la ciudad para presionar al gobierno durante las negociaciones. Recorrieron un largo camino por el centro histórico, haciendo cerrar negocios. “Pasan y nos dicen cerca, cerca. Y no tienes que ser tonto, tienes que cerrarr”, dice resignada Elena, que tiene una óptica en el centro.

Había muchos jóvenes en la marcha. Todos campesinos endurecidos por el trabajo diario. Pequeños productores de hortalizas, hortalizas, fruticultores. Iban con ponchos, cuernos y banderas, muchas banderas. Algunos tenían lanzas improvisadas y hondas.

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«Estamos cabreados, estamos cabreados» dice Iuri, un productor lechero. “Nos pagan 30 centavos (dólar) el litro de leche y aquí en la ciudad la están vendiendo a 1 o 1,50. ¿Cómo podemos vivir así?”. él se pregunta.

Masiva manifestación indígena para apoyar a sus líderes durante la negociación (EFE)

Masiva manifestación indígena para apoyar a sus líderes durante la negociación (EFE)

Quieren hablar, pero no confían. “Que está escribiendo ahí, en ese cuaderno. ¿Qué estás poniendo? Inquisidor, el manifestante se acerca con un palo cruzado al costado y le pregunta al periodista de Clarín, con aire de interrogatorio policial, y mal humor.

A los periodistas no les gustamos.. Una breve explicación, y el hecho de ser extranjero, te permite pasar el filtro. Se ablanda, pero sigue enojado. Dos, tres, cuatro más se acercan y el interrogatorio se convierte en charla, algo más ameno.

Hay muchas mujeres. “Venimos desde Bolívar para que cumplan con lo que les pedimos. No podemos sembrar ni cosechar en los campos con los precios de la gasolina. Hay que bajar el diesel, este marica Lasso”, dice Tamia, sin preocuparse por la cuestión del género.

Los vendedores pululan ofreciendo gorras, sombreros, banderas. Ofrecen jugos de guanábano o de cocota, dos frutas agridulces. Todo se vende por 1 dólar. Es el valor de redondeo.

Por la tarde vuelve la normalidad a la ciudad. Las comunidades indígenas están regresando lentamente a sus hogares. Consiguieron sacudir al gobierno, consiguieron concesiones, pero saben que sus vidas no cambiarán mucho. Se van con un sabor agridulce, como a cocota.