En esta noticia impactante, se revela el intento desesperado de Garbarino por evitar la quiebra a través de una estrategia inusual: comprarse a sí misma. Tras fracasar en encontrar inversores y sin recibir ninguna oferta durante la etapa del cramdown, la empresa en crisis se vio obligada a enfrentar un desenlace inevitable.
El intento de comprarse a sí misma
La situación de Garbarino se complicó aún más cuando la propia empresa en quiebra presentó una propuesta para adquirir sus propias acciones y marcas en un intento por reiniciar el proceso desde adentro. Sin embargo, esta estrategia no logró convencer a los acreedores, ya que no cumplía con las mayorías exigidas por la ley y se consideró extemporánea.
Un final que se fue construyendo
Tras la adquisición de la empresa por parte de Carlos Rosales en 2020, las expectativas de rescate se elevaron, pero las promesas de inversores nunca se materializaron. Con más de 4,000 empleados en su momento de gloria, Garbarino ahora sobrevive con apenas 18 empleados en tres tiendas, enfrentando miles de demandas laborales pendientes de pago.
La crisis financiera que arrastraba desde 2021, sumada a la falta de competitividad frente a cadenas más capitalizadas, la volatilidad macroeconómica y los litigios acumulados, llevaron a Garbarino a su trágico desenlace. A pesar de registrar ventas brutas en enero, la empresa se vio obligada a realizar pagos salariales semanales para un reducido número de empleados y a enfrentar la existencia de mercancías obsoletas y deterioradas de escaso valor.
En resumen, el intento de Garbarino por comprarse a sí misma como última esperanza de rescate fue en vano, marcando el triste final de una empresa que alguna vez fue un gigante minorista en el país. Con lecciones que deben ser aprendidas sobre la importancia de la gestión financiera y la adaptación a un mercado cambiante, Garbarino deja un triste legado de un pasado glorioso que se desvaneció en la realidad de una quiebra inevitable.







