¿Ha sido premeditada el alza de precios de la gasolina?

¿Ha sido premeditada el alza de precios de la gasolina?

Y entre las sorpresas estuvieron las estrictas regulaciones a la industria petrolera estadounidense, un paso esperado frente a los anuncios de campaña de Biden, pero no de una forma tan agresiva.

Algunos expertos experimentados entendieron las intenciones del nuevo gobierno contra los combustibles fósiles, pero tal vez no vieron la magnitud del plan de la Casa Blanca desde el principio.

El supuesto ingenio y la supuesta ignorancia son poco creíbles, cuando se trata de Washington y una agenda de extrema izquierda por cumplir. ¿No sabía la Casa Blanca que al cerrar los oleoductos de Canadá e imponer restricciones al petróleo estadounidense en enero de 2021, los precios subirían? ¿No sabían que al respaldar una guerra contra Rusia, uno de los mayores productores de petróleo y gas del mundo, los precios subirían? Muy difícil de creer de un gobierno que impulsa la llamada Agenda 2030 globalista, el Foro de Sao Paulo y encabeza la financiación del Acuerdo de París.

Dudas sobre el accionar de la administración Biden

El gobierno federal no solo le dio la espalda a la inflación durante 11 meses, sino también a la escalada de los precios de la gasolina. Y ha sido la falta de acción la que ha sembrado innumerables dudas.

A veces, la sospecha popular revela lo que se esconde detrás de las acciones [aparentemente absurdas].

Un mensaje corto, pero quizás elocuente y revelador, sigue circulando en las redes sociales. «No se pueden vender autos eléctricos si la gasolina es barata».

La administración Biden ha mostrado signos de que no le importa si sus ambiciosos objetivos a largo plazo sobre el cambio climático se cumplirán o serán lo suficientemente efectivos y rentables. Su mayor interés -tras año y medio en el cargo- es pisar el acelerador de las energías renovables a cualquier precio: socioeconómico e incluso político.

En 2021, los vehículos eléctricos en EE. UU. representaron el 2% del mercado automotriz.

El gobierno de Joe Biden pretende que, a finales de la década de 2020, la mitad de los vehículos vendidos sean eléctricos. Según las previsiones a largo plazo de Bloomberg, para 2030 representarían alrededor de un tercio de las ventas en Estados Unidos.

Las intensas campañas en la industria automotriz

Fabricantes como Ford Motor Co. y General Motors Co. han establecido objetivos para vehículos eléctricos de alrededor del 50%.

Por su parte, Tesla Inc. aró el campo e invirtió alrededor de 23.000 millones durante la última década. El propósito de la actual administración ha sido impulsar un plan de subsidios de 174.000 millones de dólares para impulsar la fabricación de vehículos a batería. Así lo dejó muy claro el presidente durante su visita en 2021 a una planta de vehículos eléctricos de Ford Motor en Michigan.

Ford anunció en marzo sus planes para producir una nueva generación de vehículos eléctricos para 2024, de los cuales cuatro serán comerciales y los demás corresponderán a modelos tipo SUV.

Por todo lo anterior, nada es tan efectivo como convencer a los consumidores con precios exorbitantes de gasolina y diesel (diésel), junto con la opulencia de múltiples campañas a favor de las llamadas “energías limpias”.

En medio de la turbulencia de los precios de los combustibles fósiles por encima de los cinco dólares en muchos estados del país y por encima de los 7 dólares en ciudades como Los Ángeles o San Francisco, la administración Biden ha ratificado sus planes.

La secretaria de energía del actual gobierno, Jennifer Granholm, dijo durante un evento que una forma de lidiar con los $5 el galón de gasolina es comprar un vehículo eléctrico. Pero quizás Granholm no haya hecho sus propios cálculos entre el valor de un vehículo electrificado y el precio de esa energía para recargar, que no es gratis.

“Si comparas la carga de tu EV [vehículo eléctrico] Con su tanque de gasolina, ahorraría $60 por llenar usando electricidad y no gasolina o diesel. Es un caso muy convincente”, dijo el ministro de energía de Biden.

Sus comentarios generaron fuertes críticas de legisladores republicanos y conservadores, quienes acusaron a Granholm, exgobernadora de Michigan, de no estar en contacto con la realidad. Pero sus declaraciones van más allá de los intereses de Washington.

En 2021, Granholm favoreció la venta de millones de dólares en acciones de Proterra, una empresa con sede en Burlingame, California, que diseña y fabrica autobuses eléctricos, sistemas de carga eléctrica y cotiza en la Bolsa de Valores de Nueva York.

“Si conduces un coche eléctrico, esta crisis no te estaría afectando”, dijo Granholm en mayo de 2021 en referencia a los altos precios de la gasolina.

Por su parte, el secretario de Transporte, Pete Buttigieg, promocionó los vehículos eléctricos ante un panel de la Cámara.

«En realidad, son los conductores rurales los que más se beneficiarían», dijo Buttigieg en mayo. “Cuanto más conducen, más de sus ingresos se destinan a la gasolina, al contrario si pagaron por un vehículo eléctrico.

El costo de los vehículos eléctricos.

Las cifras finales de ventas para 2021 indican que el precio promedio de un vehículo eléctrico nuevo rondaba los $56,000 a fines de 2021, según el Kelly Blue Book. En contraste, el valor de un nuevo compacto de gasolina rondaba los $25,000.

El precio promedio de un nuevo SUV no eléctrico fue de $34,000, mientras que la versión eléctrica fue de casi $45,000. El Chevrolet Bolt EV 2022 comienza en alrededor de $31,500.

Si la administración Biden eligió el camino del caos para presionar a las petroleras y luego culparlas de la crisis frente a los consumidores, el plan no ha funcionado muy bien.

Ahora pidió al Congreso eliminar el impuesto federal del 18,4% a la gasolina y del 24,4% al diésel durante tres meses. Planeaba hacer la misma solicitud a los estados. Sin embargo, el ahorro calculado sería ínfimo (3%) y sin garantía de que se logre, pues con nuevos incrementos de precios, la medida quedaría sin efecto.

Durante la campaña de 2008, el expresidente Barack Obama dijo que eliminar temporalmente el impuesto a la gasolina era un truco para que los políticos pudieran «decir que hicieron algo». Y eso es exactamente lo que intenta hacer Biden, dar la imagen de que algo se está haciendo, comentaron expertos y legisladores republicanos.

Ninguna de las acciones que buscan revertir las regulaciones -impuestas por la propia administración Biden a los combustibles fósiles- ha dado resultados hasta el momento; entre ellos, la liberación de un millón de barriles diarios de la Reserva Estratégica por 180 días.

Otra carta de las petroleras al presidente Biden

Chevron instó al presidente Joe Biden a apoyar a las petroleras y no “satanizarlas” ante su creciente campaña para presionarlas a producir más combustible y bajar los precios.

La carta de Chevron sigue la línea de la que Exxon Mobil envió a Biden días atrás, en la que la mayor petrolera del país pedía al gobierno mejores políticas de arrendamiento, regulación de infraestructura y, en el corto plazo, medidas de emergencia.

Biden criticó los márgenes de beneficio de las petroleras y acusó a Exxon Mobil de «no utilizar los terrenos que tiene arrendados para producir energía, con el objetivo de mantener baja la producción».

Mike Wirth, director ejecutivo de Chevron, explicó que el aumento de los precios se debe a un desequilibrio en el mercado “agravado por la invasión rusa a Ucrania”. También rechazó las acusaciones de la Casa Blanca, que a su juicio solo busca «criticar y demonizar» al sector.

“Quiero dejar en claro que Chevron comparte sus preocupaciones sobre los altos precios que están experimentando los estadounidenses”, dijo el ejecutivo, y señaló que la compañía también se ve afectada por el aumento de los gastos de capital este año.

Wirth invitó a la Casa Blanca a «cambiar de enfoque» y brindar más «claridad y consistencia» en la regulación de alquileres y permisos en terrenos federales necesarios para su negocio.

la ecología

¿Son los vehículos eléctricos realmente ecológicos?

Según investigaciones, los vehículos cuyo movimiento se da únicamente con baterías recargables emiten casi la misma cantidad de gases de efecto invernadero que la gasolina, debido a que la electricidad que utilizan es producida por plantas que utilizan combustibles fósiles como el carbón.

Por otro lado, se presenta la cantidad de litio y cobalto que se necesitaría para fabricar miles de millones de baterías recargables, extracción y proceso que también se da actualmente con industrias que trabajan con combustibles fósiles. El 70% del cobalto del mundo se extrae en la República del Congo.

Una investigación del Instituto Manhattan confirmó que se necesitan entre 100 y 200 toneladas de tierra para desenterrar los metales necesarios para una sola batería para un vehículo eléctrico.

Los grupos ambientalistas afirman que esto es falso, pero su opinión no está respaldada por otros estudios.

Los vehículos eléctricos obtienen su energía directamente de un gran paquete de baterías según el modelo de automóvil.

Los autos eléctricos no usan una sola batería como un teléfono, sino un paquete compuesto por miles de celdas individuales de iones de litio que funcionan juntas. Durante la carga, la electricidad se utiliza para realizar cambios químicos dentro de las baterías y, cuando se ponen en funcionamiento, estos cambios se invierten para producir electricidad.

La transición en EEUU de los combustibles fósiles a las llamadas energías “limpias” o renovables es mucho más complicada que los discursos optimistas de la Casa Blanca y su plataforma de cambio climático. El error puede no ser el cambio, sino el tiempo (décadas) que lleva transformar una industria global poderosa y casi imprescindible; Momento totalmente inapropiado después de la peor pandemia de los tiempos modernos, la inversión de billones de dólares en infraestructura y la adaptación y aceptación del consumidor.

Demasiados elementos y condiciones tienen que confluir para pisar el acelerador de las energías «limpias». Y es precisamente la aceleración de una agenda desacertada la que mantiene abrumada a la gran mayoría de los estadounidenses en medio de la incertidumbre, la escasez, la crisis y un altísimo costo de vida.