La inteligencia artificial: ¿aliada o enemiga de la confianza pública?
Desde su surgimiento, la inteligencia artificial ha pasado de ser una promesa futurista a una herramienta cotidiana que utilizamos en diversas áreas de nuestra vida. Sin embargo, detrás de su eficiencia se esconde un peligro latente que debemos tener en cuenta.
La ilusión de la infalibilidad
Si bien la automatización ha simplificado muchas tareas y mejorado la experiencia diaria, debemos tener presente que la inteligencia artificial no es neutral. Al estar basada en datos, reglas y modelos entrenados por humanos, puede reproducir errores, amplificar sesgos y validar como «correcto» lo que solo parece coherente desde un punto de vista estadístico. Es fundamental no confiar ciegamente en su infalibilidad.
Sesgo de autoridad tecnológica
El sesgo de autoridad tecnológica nos lleva a creer que una respuesta generada por una máquina es más precisa simplemente por provenir de un sistema automatizado. Los algoritmos ofrecen respuestas rápidas y creíbles, pero detrás de esa apariencia de certeza pueden ocultar errores profundos que pueden ser perjudiciales, especialmente en procesos que tienen efectos legales.
La importancia de la intervención humana
En un mundo donde el fraude ha evolucionado hacia lo digital, la intervención humana se convierte en una garantía de seguridad jurídica. El juicio humano va más allá de verificar datos, interpretando normas, detectando inconsistencias y asumiendo responsabilidades que los algoritmos no pueden asumir. La supervisión humana significativa es fundamental para evitar errores irreparables.
El desafío de la innovación responsable
La inteligencia artificial debe utilizarse bajo estándares claros que incluyan una identidad sólida, trazabilidad documental y supervisión humana significativa. El verdadero desafío radica en garantizar que la tecnología fortalezca la confianza pública en lugar de erosionarla, manteniendo la responsabilidad de las decisiones con efectos jurídicos en manos humanas.
En definitiva, la inteligencia artificial puede ser una aliada en la optimización de tareas y la mejora de la trazabilidad, pero la responsabilidad final de las decisiones con efectos jurídicos nunca debe recaer en un algoritmo. Es tarea del pueblo y el Estado mantener la confianza pública y garantizar la seguridad jurídica en un mundo cada vez más automatizado.








