La agresión a Marcelo Ebrard

Durante la marcha del 27 de noviembre convocada por el Presidente de la Nación para escuchar los “logros” de este gobierno en los primeros cuatro años de la presente administración, fue atacado el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, mientras camina hacia el Zócalo de la capital.

Todo bajo un escenario que nos recordaba al antiguo PRI de Luis Echeverría y José López Portillodonde adoraban a
figura del Presidente de la República. De por sí, el lanzamiento de un proyectil en la cara del canciller es inaceptable, la agresión contra cualquier persona, ya sea física o verbal, no se puede tolerar en una sociedad civilizada, más grave es que desde Morena se está fomentando el odio.

Hoy el PAN y el PRI están pagando la cuenta de tantos años de abandono a personas que nunca fueron escuchadas, siempre pasaron como seres invisibles, que no merecían ser vistos ni tomados en cuenta. Personas que nunca tuvieron acceso a una educación.
no digamos primero, simplemente a un nivel básico para poder salir adelante.

Hay tal nivel de ignorancia, que no son capaces de distinguir entre líderes hipócritas y rapaces, de personas que realmente aman a su país y quieren poner el nombre de México entre las primeras naciones a nivel mundial. Jamás tendrán acceso a un servicio médico de primera, como el prometido en Dinamarca por el presidente López Obrador, ni tendrán la seguridad que les permita salir a la calle sin ser asaltados o perder la vida en un enfrentamiento entre bandas del crimen organizado.

No, al contrario, tendrán que seguir creyendo en un líder que promete que saldrán adelante, que tienen el mejor aeropuerto de
América Latina, que hay que dar abrazos y no balazos, y lo más preocupante les tiene que quedar muy claro que la sociedad en la que viven ha sido clasista, racista y los ha discriminado desde que nacieron.

Con este discurso de odio, de confrontación que pretende polarizar a una sociedad, se vuelve muy peligroso ser una de esas voces que difieren del discurso del presidente. López Obrador. Porque entonces son enemigos, son traidores, no dan su
Lealtad ciega, que consiste básicamente en que no tienen derecho a opinar oa opinar diferente al presidente.

Dentro de Morena esto se ve exacerbado por un líder bastante limitado, que básicamente funciona como una estación de relevo para López Obrador, sin criterio ni personalidad propia, y que ya se ha alineado con el bando del que cree es el corkolata preferido. ¿Qué pasa entonces? Muy simple, los radicales dentro del movimiento que se ha llamado la «cuarta transformación» atacan a cualquiera que piense diferente al líder supremo, ya que automáticamente es un traidor. Y ahora en consecuencia, cualquiera que suponga o crea que no es el candidato preferido para su máximo jefe, puede ser vilipendiado, atacado, como se hizo con Marcelo Ebrard.

El trabajo de un verdadero líder es gobernar para todos, sin rencores, sin venganza, sin complejos y, por supuesto, sacar lo mejor del pueblo que dice gobernar, no lo peor. Hoy, con los datos que están al alcance de todos, no sólo no se han podido reducir o eliminar las desigualdades, sino que la brecha cada día es más grande.

POR EDUARDO MACÍAS GARRIDO

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MAÍZ

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