La Celac y las realidades diferentes

La séptima Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) se realiza hoy en Buenos Aires, en medio de controversias, crisis regionales y nacionales, y al menos una determinación expresa de la izquierda regional de integrar un bloque que permitiría alterar la relación de poder con los Estados Unidos.

El 9 de mayo, cuando dio inicio el acuerdo bilateral Estados Unidos-México como parte de la IX Cumbre de Líderes de América del Norte, el presidente Andrés Manuel López Obrador exigió a su colega Joe Biden que se olvide de América Latina y reiteró su propuesta de ir hacia un hemisferio integrado en la estilo de la Unión Europea.

Las dos propuestas parecen divergentes, aunque no necesariamente excluyentes, y pondrán a prueba la relación entre México y América Latina.

La enorme relación social y económica entre México y Estados Unidos es vista con cautela por la diplomacia brasileña y algunos de los ideólogos de la «marea rosa» consideran que la sitúa ante una realidad diferente.

Para varios países de la región, China es el principal socio comercial y esa situación marca la diferencia.

Además, la presencia de Luiz Inácio Lula da Silva, en su primer viaje al exterior desde que asumió la Presidencia de Brasil, el 1 de enero, marca lo que sus aliados y admiradores consideran el «relanzamiento» de la Celac, y la esperada nueva llegada de quien el anfitrión, el presidente argentino Alberto Fernández, alguna vez se definió como el líder que América Latina necesita.

Pero más allá de lo que pueda parecer un desdén por lo que hizo el gobierno mexicano en 2020 para revitalizar la Celac, lo que hoy podría verse como una preparación para el advenimiento de Lula, la realidad es que la izquierda latinoamericana está iniciando un esfuerzo en condiciones difíciles.

Algunos en América del Sur creen que es necesario fortalecer la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), una agrupación económica en torno al potencial económico brasileño, para luego consolidar la Celac. Pero Lula da Silva enfrenta un duro desafío interno, signado no sólo por la oposición política de derecha sino por coyunturas en la economía nacional e internacional que no favorecen sus propuestas, esto es, revitalizar programas sociales que fueron exitosos en su primer gobierno ( 2003-2011). ) o reformar el orden político mundial con Brasil como líder efectivo de América del Sur.

Varios gobiernos «progresistas» de la región, aquellos que llegaron al poder en elecciones abiertas, enfrentan desafíos políticos derivados de acciones de oposición que en ocasiones provienen no solo de sectores conservadores sino de sus propias filas.

La preocupación por lo que hacen los gobiernos de izquierda una vez en el poder se refleja en la cautela con la que algunos se acercan, y en ocasiones incluso confrontan, a sus contrapartes en Nicaragua y Venezuela, donde los regímenes elegidos democráticamente se han convertido en dictaduras.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
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@CARRENOJOSE1

CAMARADA

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