La debacle de Rusia en la guerra, el desdén de China y la soledad de Vladimir Putin

Mientras los últimos episodios de la guerra contra Ucrania confirman la trampa que ha sido esta aventura para Rusia Desde su inicio, para los intereses occidentales a largo plazo, se ha aclarado una dimensión central del conflicto.

Por necesidad pero también por oportunidad, el país europeo se ha convertido en banco de pruebas y exposición de un armamento determinante por su capacidad ofensiva y la estrategia científica operativa que la acompaña.

El mundo mira con sorpresa cómo Ucrania cambió el destino de este enfrentamiento en cuestión de días con un sofisticado arsenal de misiles guiados por satélite. En particular los Himars con un alcance de 305 kilómetros (190 millas), entre otros dispositivos de similar efectividad y millonario costo como los proyectiles GMLR y HARM que esquivan radares.

Estos sistemas, junto con el mapa satelital del campo de batalla que la OTAN vigila constantemente y comunica a Kyiv, vienen definiendo desde hace liquidar en esta etapa el mando militar ruso y la estrategia en el oriente del país. Es una derrota significativa que no pone fin de momento a la guerra, pero que ha dejado muy debilitado y perplejo al Kremlin y al propio Vladimir Putin.

Para colmo, ahora se sabe que no fue una acción repentina, sino el resultado de un plan de meses. Una observación que pone al descubierto la imprevisibilidad e ineficiencia del alto mando militar moscovita, factura que notoriamente se ha hecho pública incluso en la televisión estatal de la Federación Rusa en estas horas de frustración y exigencia de explicaciones.

Todo esto configura una involuntaria regalo envenenado para los aliados chinos de Putin, de ahí los gestos ambiguos y helados en la cumbre presidencial del jueves en Kazajstán. Esta guerra innecesaria alteró el equilibrio anterior en el campo militar, donde no se habían experimentado capacidades hasta estos extremos.


Los presidentes de China y Rusia durante la reunión en Uzbekistán el pasado jueves. Foto AP

El eje Pekín-Moscú

Esto es lo que deben estar mirando los generales de la República Popular obligados a reconsiderar sus propias estructuras. Pero el hecho central es que la guerra con esta evolución se ha convertido en un mensaje significativo sobre la razón hegemónica exigida por el lado occidental en la creciente rivalidad con la potencia asiática.

El encuentro de Kazajstán es el primer encuentro cara a cara entre estos dos mandatarios desde el que mantuvieron en febrero en Pekín, días antes del inicio de la guerra y cuando Rusia fue percibido con un inevitable e inmediato triunfo. No sucedió y desde entonces la guerra perdió su orientación y objetivos.

Ahora la cumbre reunió a un presidente abrumado que buscaba una ayuda inexistente y un liderazgo pragmático de Beijing que evalúa sus intereses y, como bbc, prefiere distanciarse de Putinmás allá de la gastada imagen rosada de camaradería que se empeñan en exponer.

Una anécdota reciente ayuda a comprender el estado actual de este vínculo. Antes de la cumbre de Kazajstán la semana pasada, el legislador chino Li Zhanshu, tercero en la jerarquía del Partido Comunista y muy cercano al presidente Xi, se reunió en Moscú con el líder de la Duma, el parlamento, Vyacheslav Volodin.

El informe de Moscú de ese encuentro incluía un párrafo sobre la cercanía, comprensión y apoyo de Pekín a su aliado “en temas que representan sus intereses vitales, en particular sobre la situación en Ucrania”.

El funcionario chino aparece repitiendo los argumentos rusos sobre la amenaza de la OTAN y avanza en la reivindicación de la decisión bélica rusa de afrontar ese desafío: «Rusia tomó una decisión importante y respondió con firmeza», Li habría dicho sobre la invasión de Ucrania.

Ese es un punto importante porque, en tal caso, sería contradictorio con la posición permanente de la República Popular de que En ningún momento defendió la «necesidad» rusa de invadir Ucrania.

A diferencia de la de Rusia, la versión china de la reunión no incluye nada de eso. Sólo los típicos comentarios formales de solidaridad en los que la palabra ucrania no aparece en ningun momento.

En el mejor de los casos, se supone que Rusia puede haber exagerado el apoyo chino a su causa en un momento extremadamente delicado.

Pero en el peor de los casos, que el Kremlin pretendiera dar a conocer ese mensaje amañado, intentando avergonzar públicamente a China en su resentida causa porque “la amistad sin límites” pactada entre ambos mandatarios en aquella reunión de febrero no pasó más allá de las palabras. Como ha señalado el cnn, la discrepancia significativa entre los comunicados de los dos países «llamó la atención de expertos y sinólogos».

el futuro de putin

Uno de ellos, Brian Hart, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, dijo que la medida podría haber molestado a los funcionarios de Beijing. Es en todo caso un signo de desesperación porque Rusia ha sido impotente para arrastrar a China a su aventura.

«Sabemos que hay preguntas e inquietudes» de Pekín sobre la operación en Ucrania, acaba de reconocer Putin, primera vez que se ve obligado a reconocer la objeciones de la República Popular a este conflicto.

Un dato relevante es que Xi Jinping se coronará el próximo mes con un tercer mandato en el gobierno, con un poder personal no visto desde la etapa maoísta. Instancia que debe estar libre de controversias. Xi tiene sus propios enemigos en esa estructura de mando y Rusia puede ser un lastre en ese camino.

Por encima de esta descripción aparece la cuestión de cuál será el futuro de Putin en estas condiciones o, más concretamente, qué destino le reservarían sus enemigos. El tablero muestra un bloqueo.

Si el líder ruso hubiera tenido un éxito tangible en esta aventura, habría creado el grave precedente de un retorno a la noción feudal de la fuerza, un camino que claramente entusiasma a la Turquía del presidente Recep Tayyip Erdogan en su avance por el sur del Cáucaso en el mar Egeo. , provocando a Grecia.

Pero, por el contrario, la derrota del autócrata moscovita pone en riesgo los lazos que sustentan una delicada arquitectura geopolítica, desencadenando peligrosas ambiciones. Es la prevención que apuntaba el francés Emmanuel Macron cuando remarcaba que no serviría para humillar a Putin.

Una posición que también ha sido defendida por el veterano Henry Kissinger, quien observa como un hecho negativo que Rusia acaba debilitada y virtualmente colonizada por China. Pero para la Casa Blanca esta evolución del conflicto es música electoral.

El presidente Joe Biden podrá demostrar cómo el liderazgo de EE.UU. sobre la OTAN y Europa ha hecho posible repetir las glorias imperiales americanas del siglo pasado. Narrativa para las elecciones de noviembre.

Por eso, desde Kyiv, el presidente Volodimir Zelensky, íntegro y comprensiblemente alineado con los intereses de Washington, afirma ahora que en cualquier negociación con Moscú, Rusia debe retirarse de todos los territorios ucranianos, e incluye entre ellos nada menos que la península de Crimea.

El presidente estadounidense Joe Biden.  Foto AP
El presidente estadounidense Joe Biden. Foto AP

Como ya ha señalado esta columna, la nueva lucha bélica que ha estallado en el Cáucaso Sur entre Azerbaiyán, país satélite de Turquía, y Armenia es un efecto directo de la pérdida de potencia cuál es el revés en ucrania para el líder ruso. También la escalada de los enfrentamientos turcos con Grecia por el control del mar Egeo.

El sur del Cáucaso es el patio trasero del Kremlin, pero se requiere una jerarquía especial para sostener ese dominio. Putin, que ha mantenido la percepción de un líder triunfante desde que llegó al poder de la mano de Boris Yeltsin, controla el segundo arsenal nuclear del planeta. No es extraño que crezca el temor de que esta trampa desemboque en una pesadilla atómica.

Se especula que una pequeña bomba nuclear podría dispararse en la disputada Isla Serpiente en el Mar Negro como el peor símbolo de ese poder.

El politólogo Joseph Nye había rechazado esa alternativa al afirmar que Putin puede ser un aventurero pero no un terrorista suicida. La reacción occidental al uso de esa arma sería equivalente y seria. Pero últimamente, este destacado observador comenta con cautela que “la guerra en Ucrania nos ha recordado que no hay forma de evitar la incertidumbre y el riesgo”.
​© ​Copyright Clarín 2022

mira también