La furia indígena escala en Ecuador y la capital se militariza por las protestas

A su paso, las calles se vacían y las tiendas cierran. Miles de indígenas de distintas partes del Ecuador avanzan sobre un Quito exhausto y militarizado, dispuestos a quedarse hasta que el gobierno de Guillermo Lasso ceda a sus reclamos o caiga.

Las protestas contra el aumento del costo de vida llevan 11 días y por ahora los intentos de diálogo han fracasado. Los enfrentamientos entre manifestantes y policías se han vuelto violentos en algunas zonas y ya hay al menos tres muertos y decenas de detenidos.

Los manifestantes recuperan fuerzas por la noche, alojados en dos universidades, y antes del mediodía se dispersan en grupos. Portan palos, escudos hechos a mano y whipalas, la bandera multicolor de los pueblos originarios de los Andes.

En las columnas de ponchos rojos ultrajados destacan. Dejan barricadas con troncos y neumáticos quemados y hogueras a plena luz del día. Un sector del norte de la ciudad comienza a paralizarse.

“Puede ser un mes, puede ser dos meses. Va a venir la guerra, pero aquí vamos a pelear hasta” sacar al presidente, grita María Vega (47 años) que sobrevive haciendo varios trabajos.


Manifestantes chocan con la policía este miércoles en Quito. Foto: BLOOMBERG

capital blindado

Cuando las fuerzas combinadas de soldados y policías detienen su marcha, cambian de rumbo. Las entradas a la sede presidencial están bloqueadas con vallas metálicas.alambres de púas y piquetes uniformados.

El presidente Lasso, ex banquero conservador con un año en el poder, ve en la revuelta un intento de derrocarlo. No en vano el país ganó fama de ingobernable tras la salida abrupta de tres presidentes entre 1997 y 2005 bajo la presión de los nativos.

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Pero ni el despliegue militar, ni el toque de queda, ni los insultos de los afectados por la parálisis, los disuaden. manifestantes desafiar el estado de emergencia en las narices del gobierno, que sacó a los militares de los cuarteles para intentar recuperar el control.

“Tienen armas. ¿Cómo vas a comparar un arma con un palo o una piedra? No nos pueden poner en pie de igualdad”, dijo a la AFP Luzmila Zamora, de 51 años.

Carteles contra el presidente Guillermo Lasso, en la protesta en Ecuador.  Foto: AFP

Carteles contra el presidente Guillermo Lasso, en la protesta en Ecuador. Foto: AFP

reclamación (es

Han pasado 11 días desde que los indígenas abandonaron sus comunidades rurales, pero recién hasta el lunes llegaron a Quito con una queja común: el alto costo de vida. Quieren que el gobierno decrete una rebaja en el precio de los combustibles, entre otras medidas para paliar el aumento de la canasta familiar.

“Queremos un gobierno que trabaje para el pueblo, para todo el Ecuador, no solo para la clase alta”, afirma Zamora.

Al frente de las protestas, en las que ya han muerto tres personas y decenas de heridos entre agentes de seguridad y manifestantes, se encuentra la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie).

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El líder de la organización, Leonidas Iza, aparece entre la multitud con un megáfono en la mano para reafirmar su disposición a tener un diálogo condicionado, no sin antes cuestionar a Lasso.

“¿Tenemos respuestas, camaradas?” él pide. “¡Nooooo!”, responden cientos de indígenas a su alrededor.

En otro momento de la manifestación, Marco Vinicio Morales, pastor evangélico de 40 años, no entiende cómo un país “con una gran producción de petróleo, oro y plata” sufre “el alto costo de la vida”. Así que “si no hay respuesta, el mismo Lasso va a cavar la fosa y hay que sacarlo”, remarca.

Además del tema de los combustibles, la Conaie pide una moratoria de un año en los créditos bancarios y una política de control de precios ante la especulación y el mercado de alimentos deprimido.

“Los costos de los químicos son tan altos que los agricultores tienen que trabajar a pérdida”, resume el indígena zamora.

Otros reclamos como un mayor presupuesto para salud y educación se suman a la gama de reclamos.

Crisis

Pero la movilización también impacta a los comerciantes y empleados de Quito, que intentan recuperarse tras la severa crisis provocada por la pandemia.

En 2019, los indígenas avanzaron sobre Quito para que el gobierno de entonces desistiera de un acuerdo con el FMI que, en la práctica, eliminó millonarios subsidios a los combustibles.

Después de casi dos semanas lograron su objetivo, pero dejaron una estela de resentimiento entre las clases media y alta. Enterrado durante algún tiempo, el racismo afloró con una alta dosis de rabia.

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Luego 11 manifestantes fueron asesinados y mil heridos en todo el país.

La policía monta guardia en la capital de Ecuador, ante el avance de las protestas.  Foto: BLOOMBERG

La policía monta guardia en la capital de Ecuador, ante el avance de las protestas. Foto: BLOOMBERG

escenas repetidas

Tres años después se repiten algunas escenas. Avenidas bloqueadas, accesos militarizados, negocios cerrados y una ciudad dividida en facciones.

Efrén Carrión, chef de 42 años, ya está sintiendo el impacto. “De lunes a viernes vendían 120 almuerzos al día y en estos días son 10 o 25 como máximo”, dice.

Y lamenta que por culpa de los gases lacrimógenos “los clientes se van sin pagar”. “La mejor revolución es trabajar y ponerse de acuerdo, dialogar, el pueblo no tiene la culpa de esto”, comenta.

Las protestas vaciaron los edificios del centro. “Se han suspendido las audiencias y si no hay audiencia no pagan. Han ahuyentado a los clientes”, denuncia el abogado Hugo Castro (55).

Los indígenas conocen bien el malestar que provocan. “Nos insultan, nos dicen que somos vagos, que los dejamos trabajar, pero no tienen necesidades, no entienden”, dice Diana Segovia (32), comerciante ambulante de ropa.

El fuego del descontento sigue ardiendo en Quito sin saber cuánto tardará en apagarse.

Fuente: AFP

CB