Las elecciones en Chile, un choque entre dos generaciones con miradas opuestas

Era 1999 y solo habían pasado 10 años desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet cuando, casi sorprendentemente, el conservador Joaquín Lavín forzó la papeleta frente a Ricardo Lagos, uno de los padres de la transición chilena. La derecha superó así el voto de Pinochet en el plebiscito del 88, cuando su continuidad obtuvo el 45% de los votos.

Han pasado veinte años y la sociedad parece estar dividida de manera similar. Esta vez sí, con una salvedad: por un lado hay dos izquierdas distintas y por el otro dos derechas antagónicas.


En general, el voto para el izquierdista Gabriel Boric y el centroizquierdista Yasna Provoste rondará el 40% según las proyecciones. Lo mismo para el partido gobernante Sebastián Sichel y el ultraconservador José Antonio Kast.

El candidato de derecha, José Antonio Kast, vota este domingo en las afueras de Santiago de Chile. Foto: REUTERS

Ruptura histórica

Entonces, ¿qué tiene de diferente esta elección? Es indiscutible que la sociedad chilena generó una ruptura con sus instituciones y políticos tradicionales el 18 de octubre de 2019, cuando el país explotó literalmente.


Parte de esa ruptura fue una reacción violenta contra quienes gobernaron durante los últimos 30 años: el centro a la izquierda y el centro a la derecha.

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Se estableció el escenario ideal para el surgimiento de nuevas figuras en cada coalición.

A la izquierda, la generación de los líderes de la revuelta estudiantil de 2011, que unos años antes habían fundado el Frente Amplio y que, para esta elección, se aliaron con el histórico Partido Comunista de Chile y su estructura territorial.

Su candidato es Gabriel Boric. A la derecha, un exdiputado que encontró en la derecha en los últimos años una inadmisible “timidez” y un renuncia a las banderas históricas de la derecha chilena: un fuerte arraigo conservador en cuestiones morales y un liberalismo económico ortodoxo en el orden social. Su candidato es José Antonio Kast.

Por ello, al menos en la sensación ambiental, Boric y Kast se perfilan como los rivales más probables de una segunda ronda segura.

El candidato de izquierda, Gabriel Boric, regresó este domingo en su ciudad natal, Punta Arenas, en el sur de Chile.  Foto: AFP

El candidato de izquierda, Gabriel Boric, regresó este domingo en su ciudad natal, Punta Arenas, en el sur de Chile. Foto: AFP

Cambios y miedos

No es que la ideología de los chilenos haya cambiado, ya que se configura dentro de los rangos normales, como bien ha explicado esta semana el analista chileno Max Colodro, pero un reordenamiento de fuerzas dentro de los mismos sectores.

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Lo que cambió en Chile fue la confianza. El electorado progresista de la ex Concertación de Michelle Bachelet, Lagos y Eduardo Frei se volvió hacia la esperanza del Frente Amplio y su propuesta de transformaciones profundas.

Por su parte, el electorado moderado de derecha parece estar optando por apoyar a quienes pueden defender con más valentía las ideas de su sector frente a los ataques de una izquierda más radical.

No es un dato menor que, en mayo, para las elecciones constituyentes, más de 1 millón de chilenos mayores de 50 años dejaron de votar.

El discurso del “orden”

A esto se sumó la entrada a votar del mismo número de votantes menores de 34 años, los que lo hicieron por primera vez. El resultado está a la vista: fue una paliza de izquierda.

Sin embargo, la candidatura del derechista Kast ha envalentonado a las generaciones mayores a volver a votar. Una generación más reacia al cambio y, sobre todo, fiel al orden institucional y la estabilidad.

A las prioridades sociales de la revuelta de 2019 se sumó la animosidad hacia la violencia como mecanismo de presión social y acción política.

Son las demandas de orden, seguridad y la reactivación pospandémica las que han vuelto a hacer competitivos a los candidatos de la derecha, ya que son ejes en los que históricamente se sienten más cómodos.

Si hay algo claro es que los chilenos coinciden en el diagnóstico sobre las falencias que presenta el país, pero discrepan en las soluciones. Prueba de esto es la dispersión de votos entre 7 aplicaciones diferentes, de las cuales cinco parecían competitivas.

La elección de Chile este domingo, entonces, es una elección entre generaciones, no clase social. Es una elección entre soluciones a los mismos problemas de diferentes ideologías.

Es una elección de orden, seguridad, pero también esperanza. La esperanza de que otros, distintos a los habituales, puedan ofrecer cambios.

Si estos cambios existirán o no, cuán radicales serán o cuán progresivamente se aplicarán, es algo que los chilenos decidirán con su voto.

Santiago, especial

CB