Por qué contar historias de repente parece urgente
El reciente artículo del diario de Wall Street sobre «Las empresas buscan desesperadamente narradores» ha generado un intenso debate en LinkedIn. Es evidente que los especialistas en marketing están divididos en sus opiniones al respecto.
Algunos argumentan que las empresas ya tienen narradores en su equipo y simplemente necesitan permitirles ejercer sus habilidades. Otros celebran la narración como una habilidad estratégica crucial en un mundo saturado de contenido generado por IA.
A pesar de estas posturas encontradas, ambas partes pasan por alto un aspecto fundamental: lo que realmente necesitan las empresas no es solo contar historias, es dar sentido a lo que comunican.
El argumento del permiso y dónde se queda corto
Una respuesta común al artículo del WSJ es que las empresas ya tienen narradores competentes, solo necesitan liberar su mensaje. Sin embargo, otorgar libertad creativa a los especialistas en marketing no es suficiente para garantizar una narrativa efectiva en un entorno empresarial estructurado.
Los narradores deben ser capaces de estructurar la narrativa a lo largo del tiempo, crear relevancia sin distorsión, traducir la complejidad sin simplificar en exceso, y alinear la emoción con la intención de manera auténtica. La libertad creativa es importante, pero no reemplaza la necesidad de crear comprensión y contexto.
El argumento del storytelling estratégico y su riesgo oculto
Otro enfoque enmarcando la narración como una capacidad comercial estratégica es válido, pero conlleva un riesgo silencioso. Cuando la creatividad impulsora de la narración se vincula demasiado a convenciones comerciales, la narrativa puede volverse performativa y perder su esencia única.
Es esencial recordar que la narración efectiva no se trata solo de cumplir con objetivos comerciales, sino de crear significado genuino que resuene con la audiencia. Cuando la narración se convierte en una táctica más que en una estrategia, se pierde la autenticidad y la conexión con el público.
Lo que realmente hace la narración en el cerebro
Las historias en un contexto empresarial no solo entretienen, sino que también se alinean con la forma en que los humanos procesan la información. Las historias organizan la información en causa y efecto, ayudando a reducir la incertidumbre y la carga cognitiva. Contar historias no es solo una expresión creativa, es una herramienta cognitiva poderosa.
Por esta razón, la narración se ha convertido en una parte integral de diversas áreas empresariales, desde el liderazgo hasta la experiencia del cliente. Su ausencia puede generar desorientación y falta de conexión con la audiencia.
El verdadero problema que las empresas deben resolver
Más que buscar más narradores, las organizaciones necesitan establecer bases sólidas en cuanto a narrativas internas claras, coherencia en los mensajes y una comprensión compartida de su identidad y propósito. Sin estos fundamentos, los esfuerzos por contar historias pueden sentirse forzados, independientemente del talento individual de los narradores.
Es crucial reconocer que las empresas buscan no solo contar historias, sino crear significado genuino que resuene con sus clientes, empleados y demás partes interesadas. La narración efectiva va más allá de la técnica, se trata de generar conexiones auténticas y construir confianza a través del significado compartido.
Contar historias no es la respuesta. Crear significado lo es.
La obsesión actual por contar historias en el ámbito empresarial es un indicio de que las organizaciones buscan algo más profundo: crear significado real para sus audiencias. Sin este significado que resuene con los clientes, empleados y demás partes interesadas, la narración se convierte en una mera decoración sin valor real.
Ninguna cantidad de narradores talentosos puede suplir la falta de significado genuino en las historias empresariales. Es fundamental que las empresas se enfoquen en crear conexiones auténticas y significativas a través de sus narrativas para construir confianza y lealtad a largo plazo.





