Lionel Messi cierra su primera temporada en PSG con un título, el mal trago de los silbidos y un agujero en el calendario

Para el Metz, el partido que se disputará este sábado a las 16.00 horas en el Parc des Princes será la última oportunidad de evitar el descenso, en una batalla que sostiene palmo a palmo con un histórico futbolista francés, el Saint-Etienne. Para su rival, el Paris Saint-Germain, el duelo no será más que un récord estadístico en una campaña que cerrará como campeón de la liga doméstica, pero también con una gran decepción a cuestas. Y para Lionel Messi, será el final de una temporada gris, la primera lejos de Barcelona como futbolista profesional.

Cuando una multitud le recibió el pasado 10 de agosto en la capital francesa, donde llegó para firmar su contrato cinco días después de que se hiciera pública su salida del Barça, seguramente Messi, como sus nuevos compañeros, el cuerpo técnico encabezado por Mauricio Pochettino, la dirigencia y la afición soñaba que el duelo ante el Metz por la última fecha de la Ligue 1 sería el penúltimo de la temporada y que el último se disputaría una semana después en el Stade de France de Saint-Denis. Pero Real Madrid y Liverpool serán los protagonistas de la final de la Champions, ese viejo sueño que el PSG persigue sin éxito desde hace una década. Ese agujero en el calendario marcó el primer año de León en París.

Su contratación pretendía ser el hallazgo de la última pieza que le faltaba a un combo de estrellas para terminar de formar esa estructura que le permitiría luchar mano a mano con los gigantes del viejo continente por el trofeo más codiciado y esquivo. Por eso la eliminación en octavos de final a manos del Real Madrid hizo que la temporada se fuera a preocuparse no más. Poco alivio fue la consagración en la Ligue 1 en una campaña en la que el equipo de Pochettino también fue expulsado de la Copa de Francia en octavos de final por el Niza.

Un desencuentro que se venía gestando en la afición desde hacía semanas por el ritmo errático del equipo se convirtió en enfado tras la debacle en la Champions. Los futbolistas se convirtieron en el blanco predilecto de la afición, en especial de los Colectivo Ultra París (CUP)la barra del PSG. Messi no se quedó fuera de las preguntas: fue pitado durante el partido ante el Burdeos el 13 de marzo (cuatro días después de la derrota ante el Real Madrid) y volvió a ser abucheado hace dos semanas, en el empate 2-2 con el Troyes.


El máximo goleador de la historia de la selección argentina es apto para los generales de la ley: es visto por la afición como parte de ese grupo de futbolistas que la CUF definió como “mercenarios pagados en exceso” en una pancarta que exhibió en febrero en el Parque de los Príncipes y de la que sólo parecen quedar fuera Kylian Mbappé y el capitán Marquinhos. En el momento de la acción Messi no hizo demasiados méritos este año para evitar el repudio.

El desempeño de Rosario durante esta campaña estuvo a años luz de lo que mostró en sus mejores días en Barcelona, ​​cuando ganó partidos con pinceladas mágicas, acumuló títulos al por mayor, se mantuvo impasible en el escalón más alto del podio del fútbol mundial y pudo afrontar sanas temporadas de más de 50 partidos con su club (además de los compromisos con la seleccionada) gracias al apoyo de un físico que lo demuestra todo.

La versión 2021/22 del Messi parisino, con 34 años a la espalda y con el Mundial de Qatar como próximo (¿y último?) gran objetivo, se parecía más a la de las tres primeras temporadas completas en la primera del catalán club, cuando las lesiones musculares de repetición condicionaron a ese chico que había alcanzado la mayoría de edad poco antes y que ya se perfilaba como un crack indiscutible.

El que jugará el sábado ante el Metz en el Parque de los Príncipes será el partido 34 en esta primera experiencia con el uniforme del PSG y 26º por la Ligue 1 (también disputó 7 de Champions y 1 de Copa de Francia). En los 33 partidos en los que ha participado hasta el momento (fue titular en 31), ha sumado 2.782 minutos de actividad y convirtió 11 goles (6 en el certamen doméstico y 5 en el torneo continental). Fue el tercer máximo goleador del equipo, por detrás de Mbappé (36) y el brasileño Neymar (12).

Para Messi, estos registros eran los más débiles en quince años y estaban a una distancia astronómica, por ejemplo, de los 60 partidos, 73 goles y 5.221 minutos sobre el césped que acumuló en la temporada 2011/12 con el Barcelona de Josep Guardiola. Con el conjunto catalán sólo había jugado menos de 40 partidos en una campaña en la 2006/07 (36 y 17 goles), cuando una fractura del quinto metatarsiano del pie izquierdo le mantuvo tres meses inactivo, y en la 2005/06 (25 y 8 goles), cuando un par de lesiones musculares le hicieron perder también casi tres meses de trabajo

Este año no sufrió lesiones graves, pero una cadena de molestias y patologías (además de algunos viajes para representar al seleccionado) le hicieron perderse una decena de partidos del PSG: una contusión en el hueso de la rodilla izquierda en septiembre, un problema en su tendón de la corva combinado con dolor en la rodilla izquierda en noviembre (justo antes de la doble fecha de las Eliminatorias contra Uruguay y Brasil), el contagio de covid-19 a principios de eneroun cuadro gripal en marzo y una inflamación en el tendón de Aquiles izquierdo en abril.

después de este pequeño Camino de la Cruz Tras nueve meses que le dejaron en evidencia como un jugador mucho más terrenal que el de antaño, Messi jugará este sábado los últimos 90 minutos (o los que Pochettino decida tenerle sobre el campo) de su primera temporada en Francia. Nada de lo que haga contra Metz cambiará sustancialmente el equilibrio de esta experiencia. Y nada de lo que haga alterará el legado de un futbolista que marcó una época y al que el paso del tiempo empieza a enviar señales.