La memoria colectiva de la última dictadura militar argentina ha alcanzado un punto crucial en la sociedad, donde el consenso es amplio y abarca a diferentes generaciones, identidades políticas y regiones del país. Una reciente encuesta nacional revela que la gran mayoría de la sociedad mantiene una valoración crítica del golpe de Estado de 1976 y sus consecuencias, lo que refleja una condena social generalizada que podría ser difícil de replicar en el futuro ante procesos históricos más recientes y polarizados.
Según el estudio realizado por la consultora Click, que depende de la Universidad de Buenos Aires, se destaca que más del 82% de los argentinos evalúan negativamente el golpe de Estado de 1976, mostrando una clara postura de rechazo hacia dicho acontecimiento. A pesar de esta coincidencia general, existen algunas diferencias según el género, la edad, el nivel educativo y el posicionamiento político de los encuestados.
En cuanto a las diferencias de género, se observa que los hombres tienden ligeramente más a relativizar el contexto previo al golpe, mientras que las mujeres muestran mayores niveles de rechazo categórico al régimen militar y mayor adhesión a la idea de un plan sistemático de represión. Por otro lado, las diferencias según la edad también son notables, con los mayores de 50 años mostrando niveles de rechazo cercanos al 85%, posiblemente influenciados por experiencias directas o cercanas al período.
En cuanto a las diferencias territoriales, se destaca que en el Área Metropolitana de Buenos Aires se registran los mayores niveles de rechazo absoluto al golpe, mientras que en las regiones del interior hay porcentajes ligeramente superiores de interpretaciones que se centran en la crisis política anterior. A pesar de estas diferencias, la condena general sigue siendo predominante en todas las regiones.
El nivel educativo también juega un papel importante en las interpretaciones del pasado, ya que aquellos con estudios universitarios o terciarios tienden a caracterizar el período como terrorismo de Estado y resaltar sus consecuencias institucionales y sociales. Por otro lado, entre aquellos con menor nivel educativo, aumentan las respuestas intermedias o ambivalentes respecto de las causas del golpe, aunque sin alterar la valoración negativa general del período.
En conclusión, la encuesta revela que el consenso social sobre la última dictadura militar argentina es amplio y profundo, pero que se construye sobre niveles desiguales de información histórica, lo que plantea desafíos para la futura transmisión de la memoria colectiva. Este alto nivel de rechazo a la dictadura se destaca como uno de los pocos consensos transversales persistentes en la sociedad argentina, en un contexto de polarización política y fragmentación de la información.








