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domingo, mayo 16, 2021

“Los políticos siempre quieren más, pero en economía la magia no existe”

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– La economía cayó 9,9 en 2020 se supo esta semana. Para este año el crecimiento rondaría el 7% según los analistas y ya se está cerca de llegar al nivel pre pandemia en términos de actividad, ¿pasó lo peor?

Para nada. Falta nada más y nada menos que ordenar la macroeconomía y bajar la inflación. Dicho así parece sencillo, pero vea usted que para ensanchar y expandir los canales de producción, inversión y tecnología de nuestra economía hace falta recrear senderos que los empresarios vean como sostenibles en el tiempo. Y para eso hace falta acumular inversiones, una encima de la otra. Y a su vez para ello hace falta aumentar el ahorro. Si nada de esto se sostiene y todo se deja de lado, el crecimiento del que usted me habla no estará asegurado. Sólo nos pasaremos subiendo y bajando como economía y país.

– Como en los últimos diez años

Y de más atrás también. Fíjese que en los 37 años de democracia anduvimos a los golpes. No quiero marearlo con números, pero en el trabajo reciente que hice y publiqué, ‘El desencuentro entre política y economía’, repaso algunas cifras. Le doy sólo algunas. En 37 años hubo 21 de crecimiento y 16 de caída. Argentina creció 1,6% anual, menos que América Latina (N.E.: excluida Venezuela) y que el resto del mundo. Si se toma el crecimiento acumulado fue 80% mientras que Chile 350 %. Argentina registró sólo dos períodos de expansión continua: 1991/1997 y 2002/2008. ¿Quiere hablar de inflación? El promedio anual fue 58% y la pobreza en 1983 era 16% y a fin de 2020 superó 40%. En América latina y en el mundo se redujo…

– ¿Cómo se sigue frente a esto?

Cómo mínimo hay que hacerse un lugar para discutir problemas que no sean sólo la coyuntura. Temas de más de largo plazo y preguntarnos por qué nos fue como nos fue.

– Usted fue ministro de Economía y sabe que eso suena cómodo decirlo afuera de la gestión. En la diaria es muy difícil por no decir imposible no perderse en el minuto a minuto. Le pasa al kirchnerismo y le pasó al macrismo.

Siempre hay que hacerse un tiempo para discutir problemas fuera de la diaria porque si no se hace seguiremos en esta tendencia que tenemos de hace décadas. La dirigencia en su conjunto, empresarios, sindicatos, el periodismo, debe discutir y debatir, pero es la política la que tiene mayor responsabilidad y más cuando está en el gobierno. Designa jueces y promueve leyes. En la Argentina desde hace tiempo no hay planteos profundos en el sentido de cómo nos vamos a desarrollar mientras el mundo avanza y los temas que nos han dificultado avanzar.

“Nadie gana una elección con un país que no crece y no genera expectativas”

– ¿El acuerdo con el FMI a diez años ayudaría a salir de este pantano?

La discusión del FMI es como la discusión de la apertura. Algunos dicen que hay que acordar y otros no. Yo digo que primero tenemos que definir qué queremos en esos diez años. Y a partir de ahí ir discutir con el staff. Hay temas que deben encararse independientemente del FMI. No podemos vivir con inflaciones de estos niveles. Un trabajo del Banco Mundial dice que ninguna economía puede crecer con tasas arriba de 20%.

– ¿Cómo se hace cuando la vicepresidenta no quiere un acuerdo y el Presidente sí?

Las desinteligencias internas siempre pueden existir y no está mal. Pero es el Presidente el que decide dónde ir. El ministro de Economía explica al Presidente las opciones que hay y luego se elige. Pero lo que no puede haber dentro de un gabinete son diferencias sostenidas de manera permanente en el tiempo. Puntos de vistas distintos sí. Pero el rumbo lo fija el Presidente.

– Un ministro de Economía trabaja al lado de un presidente que es quien fija los objetivos. Pero en Argentina los presidentes y la política parecieran ignorar o no respetan las leyes de la economía. Le pasó a usted con Duhalde, luego a los Kirchner, a Macri y ahora también. Usted menciona el tema. ¿Qué opina?

En todos los países del mundo los políticos quieren ganar y seguir ganando elecciones. Siempre quieren más de lo que se puede, pero en economía la magia no existe. En los países en desarrollo y desarrollados hay consciencia de que hay restricciones. Acá me pone mal que los políticos crean en la magia y en el voluntaismo. Llegan al gobierno y dicen “A partir de ahora vamos a cambiar y listo”. Pero la economía no funciona así porque sigue su curso independientemente y tiene sus propias leyes. En Argentina, el voluntarismo y la magia ocupan el espacio que debiera ocupar el funcionamiento de una economía normal. Esto pasó con el kirchnerismo y con al macrismo.

– Las ideas de izquierda en economía están asociadas al lado heterodoxo de la biblioteca. ¿Argentina puede desarrollarse con los manuales de ese costado de la estantería?

De vuelta, la magia no existe en la economía. Le digo más. El sistema económico que rige en la gran mayoría de los países del mundo, es la economía de mercado. Además, como dice usted, las ideas más de izquierda, que en economía se las asocian con la heterodoxia, ¿qué significan? ¿son la violación general y sistemática de las leyes de la economía de mercado? Si ese fuera el caso, ¿en qué país se implementan, sostenidamente, políticas completamente heterodoxas? Esto no significa que no pueda haber medidas heterodoxas circunstanciales, como fuera necesario aplicarlas a principios de 2002 en Argentina.

– ¿Qué ejemplo nombraría como esa creencia que hay en Argentina para resolver un problema?

Siempre o casi siempre atrasamos el precio del dólar o de las tarifas para evitar un aumento de la inflación. El tema es que la inflación sigue su curso y cuando alguien viene a actualizar los precios que el anterior atrasó, se genera un problema con la situación social. El que hace el ajuste es criticado y el que hizo el desajusto o acumuló los problemas no es criticado. Es absurdo.

– Su nombre es marca registrada para esas situaciones, muchas veces se utiliza la expresión ‘¿Quién será el Remes Lenicov que haga el ajuste?’ Se dijo con Macri y se dice ahora.

Son situaciones distintas la de 2002 y la de hoy. En aquel momento, hace ya casi veinte años, habíamos decidido dejar el 1 a 1 cuando empezamos la campaña. La salida de la convertibilidad no podía ser gradual y tenía que se un shock. Por definición.

– ¿Es difícil hacer un shock?

El gradualismo en la Argentina es muy desgastante. Nadie aguanta dos o tres años de gradualismo, ni la política, ni la sociedad y ni los empresarios. Ahora, para hacer cambios bruscos, de shock, hay que prepararse. Nosotros lo habíamos pensado en 1998, habíamos reunido un equipo y aún así el poder político que teníamos era limitado porque Duhalde no era un presidente que había llegado con la legitimidad de las elecciones. Pero igual decidimos hacer un shock y en dos meses teníamos equilibrio fiscal. Fui muy criticado y no fue sencillo para mí. Pero ahora a la distancia veo que la economía estaba desajustada y no había otra para volver a crecer rápido.

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– ¿A Macri le falto llegar con ese diagnóstico?

Pensó que de a poco iba ir ajustando. Pero como digo, no le dio el poder político. Duhalde lo supo o lo tuvo claro desde el primer momento y fue rápido.

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– ¿Argentina necesita un plan de shock para bajar la inflación?

No puedo responderle porque hay que sentarse y ver qué fuerzas políticas hay, qué acuerdos pueden hacerse. Si uno hace un shock y no define el rumbo, el impacto de la medida se diluirá y sólo quedará el costo. No conviene. Acá todavía estamos discutiendo cuál es el origen de la inflación, imagínese usted cómo está la cosa. Que si la inflación es multicausal o no….

– Y entonces…

Volviendo a su pregunta, uno podría decir que en 37 años la Argentina creció sólo con políticas de shock, con Menem y con Duhalde. Pero no hay que confundirse. Uno repasa los ejemplos de Israel, España, Brasil y Chile, fueron todos países que bajaron inflaciones como la nuestra con acuerdos políticos y de manera gradual. Sin shock.

"El gradualismo en la Argentina es muy desgastante. Nadie aguanta dos o tres años de gradualismo, ni la política, ni la sociedad y ni los empresarios".

“El gradualismo en la Argentina es muy desgastante. Nadie aguanta dos o tres años de gradualismo, ni la política, ni la sociedad y ni los empresarios”.

– ¿Cómo ve al Gobierno de cara a las elecciones?

Falta tiempo. Lo que puede pasar dependerá del Gobierno pero también de la oposición. Si no hay una buena opción, el Gobierno tendrá más chances. Las campañas consisten en criticar al adversario y ahí es donde se dirimirá la cuestión. No habrá una campaña de proyectos o propuestas. Se discute lo malo que es el que gobierna y el que gobernó. No hay otra cosa.

– Una economía que no crece complica a cualquier oficialismo, ¿el peronismo tiene más herramientas para compensar esa turbina que no funciona y permanecer en el poder?

Nadie gana una elección con un país que no crece y no genera expectativas. Nadie. ¿Por qué los argentinos sacan la plata y la mandan al colchón o afuera? Porque el país no genera confianza. Los dirigentes quieren mejorar las cosas en Argentina. Pero no se dan cuenta que para eso hay que construir un programa. Además, no quieren asumir ningún costo porque para concretar avances hay que hacer cambios y esas modificaciones no traen votos. Terminan con una política conservadora.

– El Gobierno dice que no se crece por culpa de la deuda que se toma.

Es mentira. El problema es cuando uno paga la deuda y esos dólares van al bolsillo de los acreedores en vez de estimular la demanda doméstica. Pero en los últimos años la deuda aumentó, los dólares ingresaron al país. Sin embargo la economía no creció. Hay problemas que son nuestros, no de quienes nos prestan.

– Cristina Kirchner llamó a la oposición a que apoye al Gobierno en la negociación de la deuda, ¿la deuda puede ser un punto de reunión y consenso?

Es un tema puntual. Para un consenso es necesario contar con agenda integral.

– El Gobierno querella a la oposición por la deuda y le quita coparticipación por la CABA, ¿puede así llamar al consenso?

El llamado a un acuerdo tiene que provenir del Gobierno, y para eso hay que preparar el terreno, lo cual significa, por parte de todos los sectores políticos, de bajar los decibeles de las confrontaciones.

Militante de la JP, el exilio y la siesta que le pidió a Duhalde

El 30 de diciembre de 2001 Eduardo Duhalde llamó a Jorge Remes Lenicov poco antes de la medianoche y le dijo: “Vas a ser mi ministro de Economía”. En ese instante Remes supo que sería la persona que impulsaría la salida de la convertibilidad. Una vez Remes contó que no se elige el momento para ser ministro de Economía. “¿Qué iba a hacer? ¿Esperar tomar el cargo cuando todo estuviera bien? Después de todo, siempre me identifiqué más como militante político que como técnico”.

Hoy Remes está alejado de la política. Da clases y escribe. En un documento reciente trazó una crítica general a las prácticas generales de los políticos en Argentina: básicamente dice que no respetan las leyes económicas.

Es interesante lo de Remes porque suelen ser los economistas más académicos o intelectuales quienes subrayan la importancia de estos conceptos y no los economistas que trabajan o trabajaron en política tal vez ya anestesiados de los tironeos con sus jefes. “Si esas leyes no se cumplen -dice Remes-, los problemas se multiplicarán”. Es lo que ha venido pasando en Argentina, señala el ex ministro.

La lista de esas leyes que Remes menciona y que los políticos en Argentina violan constantemente podrían bien salir de un manual de un economista del CEMA: aumentos excesivos de impuestos, subsidios a los más ricos, aumentos salariales por arriba de la productividad, tasas de interés negativas, déficit fiscal crónico… Todo eso dice Remes, genera desincentivos para crecer. No se trata ni de derecha ni de izquierda.

Remes se graduó como economista en la misma universidad que Martín Guzmán: La Plata. En el año 1971. Trabajo como investigador pero su verdadera pasión era la militancia. Estuvo en la JP. Fue director de la carrera de Economía durante la presidencia de Héctor Cámpora hasta que perdió el cargo cuando un ala más de derecha de la facultad tomó la conducción y fue a trabajar al Ministerio de Economía que dirigía Antonio Cafiero. Cuando llegó el golpe se exilió en Bolivia donde vivió de dar clases. Y a su regreso a la Argentina jugó en el peronismo del lado de Cafiero.

– Agarro, pero tengo tres condiciones-, le dijo Remes Lenicov a Duhalde.

Largá, le respondió.

Remes había sido el candidato a ministro de Economía de Duhalde en la campaña de 1999.

El Gabinete lo armo yo, no voy a actos públicos y duermo siesta, no me cuentes para reuniones de gabinetes.

A Remes lo acompañaron Jorge Todesca, Lisandro Barry, Eduardo Ratti, Oscar Lamberto, Juan Carlos Pezoa. Guillermo Nielsen fue representante del ministerio en el Banco Central.

Remes dice que es hora de un acuerdo. “La política es la que debe dar el primer paso porque ese es su rol; son los dirigentes políticos los únicos que tienen los instrumentos para hacerlo, primero entre ellos y luego con los distintos sectores. Muchos otros países lo hicieron y están progresando”.

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