El mundo del vino argentino está de luto tras la reciente partida del reconocido enólogo francés Michel Rolland. Su legado, marcado por más de tres décadas de influencia en la industria vinícola del país, deja un vacío difícil de llenar. Desde los años 90, Rolland ha sido una figura clave en el desarrollo y posicionamiento del vino argentino en el mercado internacional.
Rolland llegó a Argentina en 1988, convocado por Arnaldo Etchart, con la misión de expandir el Malbec y cambiar la forma de pensar el negocio vitivinícola, apostando por la escala y el enfoque exportador. En aquel entonces, el país no tenía una imagen consolidada como productor de vino, pero gracias al trabajo incansable de Rolland y su dedicación al Malbec, Argentina logró destacarse en la escena mundial.
Durante su tiempo en Argentina, Rolland asesoró a más de 300 bodegas en 22 países, implementando cambios significativos en el manejo del viñedo y la producción, con el objetivo de crear vinos de alta calidad con proyección internacional. Su proyecto más emblemático fue Clos de los Siete, en el Valle de Uco, que ha logrado posicionarse con éxito en más de 70 países, demostrando el alcance global de su trabajo.
Además de su impacto en la industria a través de proyectos como Clos de los Siete, Rolland también incursionó en su propia bodega en Mendoza, Rolland Wines. Con una inversión cercana a los US$3 millones, la bodega se inauguró en 2009 y cuenta con una capacidad de producción de 100.000 a 120.000 botellas al año, con un enfoque en vinos de alta gama destinados principalmente a Estados Unidos y Europa.
El legado de Michel Rolland perdurará en la industria vinícola argentina, recordando su visión innovadora, su pasión por el Malbec y su contribución al posicionamiento internacional del vino argentino. Su influencia seguirá siendo una fuente de inspiración para las generaciones futuras de enólogos y amantes del vino en todo el mundo.








