No hay vacuna para la tontera


Tengo tanta mala suerte, caballero. Justo, pero justo, cuando llevaba meses tratando de que la secretaria de la oficina me diera boleto, llegó esta lesera del coronavirus y ahora ella no me deja ni acercarme a sentir su perfume de rosas.


Doctor Cariño:

Tengo tanta mala suerte, caballero. Justo, pero justo, cuando llevaba meses tratando de que la secretaria de la oficina me diera boleto, llegó esta lesera del coronavirus y ahora ella no me deja ni acercarme a sentir su perfume de rosas. Todo iba bien, porque la lola tiene su genio y me costó un mundo que me acepatara un café.

Después salimos a un “japi agüer”, como a los dos meses, y al tercero me aguantó una escapada al cine. Pero todo de lejitos, aunque yo sé que le gusto. Y ahora que tenía comprada un tour a Iquique, vino este bicho desgraciado y ella me mandó a la cresta hasta nuevo aviso. Lo peor es que esta lesera no tiene para cuando terminar y estoy que corto las huinchas por ella. ¿Qué hago?

Ramiro

Don Rami:

Parece que usted tiene patos en las pailas o, sencillamente, le faltan palos para el puente. Acaso no entendió que el ministro dijo bien clarito que lo primero es la salud y hay que ser responsable con cuidarse para hacerle la cruz al bicho y también con andar contagiando a otros por ahí. Por lo que entiendo, la secretaria no es su polola y más bien la está viendo como un pollo con papas fritas, a la que quiere puro servirse en esos hoteles de tres horas.

Lo suyo se llama calentura de frentón, así que le recomiendo que se dé una ducha de agua bien fría y ojalá luego le caiga alcohol gel en algún orificio doloroso para que despabile y entienda que con esta infección no se juega. Y chao nomás, me enojé también.

Tus consultas y dramas de tipo amoroso pueden aparecer en la Ventanita Sentimental si las mandas a [email protected]