No somos iguales… | El Heraldo de México

En algún momento, ciertos patriotas entendieron el compromiso de gobernar como una tarea superior, un apostolado que requería convicción y vocación de servicio, de renunciar en lo posible a lo personal, para favorecer lo común. Concibieron en el honor, en la honestidad, en el trabajo arduo y comprometido, comportamientos que sustentaron el privilegio de guiar a un Estado, a su pueblo.

Pero, el poder marea, corrompe, exige ampliarlo y ejercerlo plenamente. Haciendo porosas las fronteras entre el compromiso de la palabra prometida en campaña y la deshonra de no hacerlo. En esta segunda presunción, traicionando al electorado y traicionándose a sí mismos. Nietzsche con su voluntad de poder y Maquiavelo en el Príncipe lo entendieron perfectamente.

Hoy somos testigos de que, en la mayoría de los casos, lo que se repite es no cumplir las promesas, mentir y justificar la propia ineptitud, distanciarse de todos los errores, responsabilizar a los demás de lo que juraron componer y simplemente no pueden mejorar. El deporte nacional es tirarle la pelota al que se fue, que poco puede decir a su favor, pues cuando estuvo en el cargo también abusó y fracasó en el encargo otorgado. De esta manera, el círculo vicioso de los que se fueron y no cumplieron, de los que están aquí y no dan el ancho, y los que vendrán para continuar con la tragedia nacional, prometiendo todo, aunque el futuro nos sorprenda con otros. , se forma en nuestros días. datos.

En estos días es tan patético ver y escuchar en las redes sociales, en los noticieros y en los diarios, los No Somos Iguales, que espetan políticos de todos los partidos. Aunque bien sabemos que sí, si son lo mismo. Basta un botón para mostrar: En el aluvión de informes anuales que comenzó con el del Jefe de Gobierno y siguió con los de los Alcaldes, vimos exactamente lo mismo. Violaciones a la ley electoral, excesiva promoción personalizada, autodivulgación, uso injurioso de los recursos públicos y, sobre todo, cinismo.

En el primer acto, escuchamos una feroz crítica a la oposición por el despilfarro y despilfarro del gobernante capitalino, justificado en el acarreo de servidores públicos, comerciantes, colectivos sociales y vecinales; por inundar las calles y el mobiliario urbano con carteles y pintadas en las vallas. Así, como el excesivo tiempo de exposición en redes sociales, en televisión y radio con entrevistas de moda, burlando normativas y gastando los escasos recursos públicos en calculada promoción personal de la que se acusa a la campaña #EsClaudia.

En el segundo acto, aún frescas las declaraciones lapidarias de los críticos de Sheinbaum, comenzaron los informes de los alcaldes opositores. ¿Y qué vimos? Exactamente lo mismo, despilfarro de recursos en afiches, pintura mural, supuestos lienzos de apoyo ciudadano, presión a grupos sociales y servidores públicos para que asistan a la rendición de cuentas con el apoyo normal que llevan los líderes.

Sí, exactamente lo mismo, pero con agravantes, porque habían señalado los excesos y la falta de respeto al código electoral, y aunque fueron enfáticos en la denuncia, llegado el momento de demostrar que son de otra madera. ¿Qué hiciste? Lo mismo, sin perjuicio de la consistencia en los cargos públicos, en la falta de respeto a los ciudadanos y en la irónica frase para distanciarse de los apátridas, No Somos Iguales. Aunque ha quedado claro, que lo son.

Lamentablemente, la coherencia no es el fuerte de los funcionarios que hoy nos gobiernan y que se dicen legítimos candidatos para el próximo cargo público. Porque en el espectáculo que vivimos todos los días en las Mañaneras, en las Antimañaneras, en el Martes del Jaguar y en otras cosas preciosas, se banaliza la política y la tarea de Gobierno, con la consiguiente burla del público. Lo importante hoy no es la república, sino la fama y simpatía que despiertan los servidores públicos en TikTok, en Facebook, en Twitter y demás redes sociales. Con lo que es evidente, que los buenos no son tan buenos y los malos son lo mismo. Que el ejercicio de Gobierno, pasó de representar las aspiraciones y nobles anhelos de los ciudadanos de mejorar el colectivo, a carreras muy personales, que aspiran a seguir acumulando dinero y poder para la próxima campaña.

¿Los ciudadanos cambiaremos estos comportamientos o estamos predestinados a sufrirlos?

POR HUMBERTO MORGAN

@HUMBERTO_MORGAN

CAMARADA

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