Por qué Argentina se quedó atrás en expansión de la fibra óptica

La Ley de Medios de 2009, que prohibió ofrecer por años video a las telefónicas, fue uno de los principales factores que hizo quedar atrás a la Argentina en el despliegue de fibra óptica a domicilio (FTTH), según una investigación de iProfesional que se refuerza con una comparación con Brasil.

Las FTTH serán las únicas conexiones fijas apropiadas por décadas venideras para participar plenamente en Internet y la sociedad de la información en razón de su velocidad y ancho de banda, adaptables a usos y aplicaciones casi ilimitadas, igual que el 5G en lo móvil (también postergado en el país).

El retraso en la expansión de la fibra en Argentina, mientras Brasil y otros países avanzaban, correspondió a un periodo aproximado de 8-9 años (2009-2017/8) durante los cuales Brasil —al igual que otros países analizados no incluidos en esta nota— instaló un parque FTTH muy superior al argentino.

El mencionado retraso hizo perder un tiempo irrecuperable que, aun con tasas importantes de expansión en los últimos años, no logra todavía colocar a la Argentina siquiera a la altura de sus vecinos. Por el contrario, el país se ubica hoy en los últimos lugares en América Latina (proporción del total de accesos de banda ancha)

Se considera que la oferta de video por parte de las operadoras de telecomunicaciones fijas históricas como Telecom, Telefónica y la posteriormente incorporada al mercado Claro hubiera potenciado considerablemente la FTTH entre 2009-2017/8.

Al mismo tiempo, como se verá, el DNU 690 de 2020 que declaró a las telecomunicaciones «servicio público» e implantó el control de precios, fue responsable de recortar por la mitad —hasta ahora— el ritmo de crecimiento que venía desde 2017. De todas formas, las empresas siguen emplazando FTTH e invirtiendo.

Por qué Argentina se quedó atrás en la expansión de la fibra óptica a domicilio

Política anticonvergente

La Ley de Medios de 2009 consagró una política anticonvergente: sólo las compañías de cable podían suministrar video. Sin embargo, estas últimas tenían o desarrollaban una inversión hundida reciente en coaxiles y redes híbridas (HFC, fibra sólo en calles pero no en casas) que no incentivaba la FTTH.

Las compañías telefónicas fijas, en cambio, sí les interesaba renovar las obsoletas conexiones de cobre en un servicio en baja como la telefonía fija, al igual que abandonar el servicio ADSL (Internet que se ofrecía por esas conexiones, con límites estrechos de velocidad y ancho de banda).

Sin embargo, una conversión a la fibra de esas conexiones sin poder ofrecer video las colocaba en inferioridad de condiciones ante los proveedores de TV cable (que si ofrecían adicionalmente Internet) e inviabilizaba la inversión en esa FTTH.

Por esta razón las citadas compañías telefónicas, que tienen y tenían un enorme peso en el sector de las comunicaciones, no desplegaron fibra FTTH en Argentina (excepto algunos desarrollos experimentales) durante el mencionado periodo 2009-2017/8, mientras sus pares o subsidiarias latinoamericanas sí lo hicieron y en forma muy intensiva en varios países.

(La Ley de Medios de 2009 exceptuó a las cooperativas telefónicas, a las que sí se les permitió ofrecer video. Junto con pymes cableras o empresas especializadas, algunas hicieron buen trabajo en ofrecer tempranamente FTTH, pero se trataba casi siempre de entidades pequeñas, muy controladas en su expansión y limitadas a pueblos y ciudades medianas que contribuían limitadamente al total nacional.) 

La nueva política convergente

La situación cambió a partir de la nueva política adoptada en 2016. El gobierno de entonces derogó por DNU los artículos más restrictivos de la Ley de Medios, incluyendo la política anticonvergente (levantada en teoría por Ley Argentina Digital en 2014, pero no en la práctica).

Fibra óptica: comparaciones internas y con Brasil confirman que Ley de Medios hizo perder tiempo. Y la calificación de «servicio público» recortó el crecimiento

La nueva política convergente significó que todos los operadores podían dar todos los servicios (con una única restricción remanente de TV satelital, aún vigente). Para entonces, Telecom y Cablevisión (hoy Personal/Flow) ya se integraban bajo la propiedad de Clarín/Fintech. 

La convergencia fue efectivamente autorizada en etapas escalonadas entre 2018-2019. Sus resultados entre el año previo a su implantación y fines de 2019 hicieron aumentar la penetración de fibra de algo más de 2% (2017) a un 11% (2019) del total de las conexiones de banda ancha (cifras oficiales).

Fue un ritmo de crecimiento que nunca más volvió a alcanzarse hasta hoy, aun cuando esos años coinciden con el deterioro macroeconómico que caracterizó la última mitad del gobierno macrista.

La FTTH había comenzado en la Argentina en 2009. En ese año, Iplan comenzó a ofrecer FTTH con Internet inicialmente en zonas limitadas de la ciudad de Buenos Aires (esta empresa especializada suministraba conexiones corporativas de fibra desde hacía unos años antes).

En el mismo año la primera red de fibra domiciliaria en el interior se inauguró, aparentemente, por una cooperativa de Canals (Provincia de Córdoba). Desde entonces hasta hoy numerosas cooperativas telefónicas (y en algunos casos eléctricas) ofrecieron doble play (TV/Internet) o triple play (TV/Internet/teléfono fijo) a través de FTTH.

Gracias a una muy fuerte implantación en la ascendente telefonía móvil y con una red troncal nacional propia (como Telefónica y Telecom), Claro se convirtió en la tercera gran empresa de telecomunicaciones argentina. En 2012 comenzó a dar fibra domiciliaria en unos pocos lugares del Gran Buenos Aires. 

Cuando las restricciones se levantaron en 2018, Claro ya comenzó a ofrecer TV por sus existentes conexiones de fibra y se expandió a nuevas ciudades. 

Telefónica inició en 2017 la provisión de FTTH (ahora incluyendo TV) y Cablevisión/Telecom también comenzó en 2018 a dar conexiones de FTTH, primero corporativo y al año siguiente a las casas. Ambas lo hacían en ciudades (y dentro de ellas zonas) muy limitadas, que hasta hoy van creciendo.

Gigacable, empresa de TV paga, presta servicios FTTH en poblaciones a lo largo del Río Paraná, incluyendo Santa Fe y Posadas e incorporó hace poco ciertas zonas de Buenos Aires.

El retraso en la expansión de la fibra en Argentina, mientras Brasil y otros países avanzaban, correspondió a un periodo aproximado de 8-9 años (2009-2017/8)

Un ambiente más competitivo, pero llegó el DNU

Así, lenta pero silenciosamente, en el último lustro y gracias a la política de convergencia se fue construyendo un ambiente más competitivo, de proveedores de TV e Internet, con un uso incremental de la FTTH.

Debido a muchas razones (precios, pocas manzanas pasadas por fibra aún, desconocimiento de usuarios, apego a empresas conocidas e —insólitamente— un insuficiente marketing publicitario de muchas compañías) la adopción de estas opciones es todavía acotada. 

Con el gobierno Fernández-Kirchner, a partir de fines de 2019, la macroeconomía continuó en un estado delicado, pero la convergencia era una política establecida. Aunque se sumó la pandemia, esta situación en gran parte del mundo no hizo más que impulsar la mayor instalación de fibra domiciliara, debido al incremento del tráfico de comunicaciones e Internet.

Pero no fue tan así en la Argentina. A mediados de 2020 se promulgó el DNU 690 que introdujo la inseguridad jurídica y el control de precios (justamente en servicios que cada día eran un poco más competitivos). 

Si bien el tema está judicializado, el control de precios consagró un retraso tarifario en perjuicio de las empresas. Es falso que en este tipo de análisis —como se sostiene ideologizadamente desde esferas oficiales y algunos ámbitos académicos— se considere el «negocio» y no a las «ciudadanos», que merecerían acceder a las TIC como un derecho.

¿Qué «ciudadanía» o derecho digital se puede tener si la infraestructura es obsoleta o limitada por trabas a la inversión y a los proveedores? O si el Estado lleva adelante los servicios como la antigua ENTel, que tardaba 20 años en instalar un teléfono, sin tener el «ciudadano» siquiera donde quejarse.

A mediados de 2020 se promulgó el DNU 690 que introdujo la inseguridad jurídica y el control de precios

¿Dónde quedan los «ciudadanos» en ya declarados «servicios públicos» de responsabilidad oficial como agua, cloacas o gas que llegan a menos argentinos que la telefonía celular o aún la TV cable?

La mayor parte del sector y de las personas consultadas para esta nota —por no decir todas— creen que sin los problemas de la economía y sin el DNU (quizás ahora debería agregarse la incertidumbre política) el ritmo de despliegue de FTTH sería muy superior, no obstante que la fibra sigue creciendo.

Tal como señala para iProfesional la analista senior de telecomunicaciones de la consultora Omnia, Sonia Agnese: «muchos planes han sido frenados por la coyuntura macroeconómica y, si las condiciones fueran otras, las inversiones serían mayores. Pero los prestadores no pueden quedar rezagados ante la competencia y deben responder a las necesidades crecientes de ancho de banda de sus clientes».

Aun con el DNU, acota Agnese, «las inversiones en redes de internet que vemos en la Argentina son producto principalmente de la competencia y la expectativa futura de recupero. Son inversiones de largo plazo y hoy se sabe que las necesidades de conexión a internet cada vez serán mayores».

Comparaciones: anticonvergencia vs. convergencia y Argentina vs. Brasil

El siguiente cuadro muestra una serie histórica de largo plazo —de modo de no quedar atrapado en consideraciones o manipulaciones de coyuntura— sobre la adopción de la fibra óptica domiciliaria. 

 

Aquí se aprecia claramente que en Argentina, los efectos de la política anticonvergente se prolongaron desde 2009 a 2017. En esos mismos años, Brasil —que empezó a tender fibra FTTH casi al mismo tiempo que Argentina— logró construir una base muy superior que la nación platense (15% contra algo más de 2% aproximadamente a fines de 2017). 

Fue el periodo de tiempo perdido que ya no se pudo recuperar hasta hoy, con diferencias porcentuales grandes a favor del país de habla portuguesa. Avances equiparables al de Brasil se dan en otras naciones de América Latina, como Chile o Ecuador (ISP privados, como Brasil y Argentina) y Uruguay (estatal).

Sin embargo, la política de convergencia, que entró en vigor en 2018 y aun con las dificultades macroeconómicas que caracterizaron la segunda mitad del gobierno de Macri, permitió un ritmo de crecimiento inédito. Entre 2017-2019 la FTTH argentina casi se quintuplicó, superando el ritmo de Brasil —si bien este último con una proporción superior— que en ese periodo sólo se duplicó.

Pero durante el gobierno subsiguiente de Fernández-Kirchner, en un mismo periodo de dos años (2019-2021), el crecimiento de la fibra nuevamente se ralentizó

En ese tiempo continuaron los problemas macroeconómicos con crecimiento de la inflación y la pobreza, a lo que se agregó la pandemia y el DNU de «servicio público» y control de precios, que lejos de ser una política temporaria, las autoridades han caracterizado como permanente.

En conclusión, mientras entre 2017-2019 la fibra domiciliaria argentina llegó a casi quintuplicarse, en 2019-2021 sólo se duplicó.  

La Ley de Medios de 2009 consagró una política anticonvergente: sólo las compañías de cable podían suministrar video

Es verdad que en 2019-2021 Brasil tuvo el mismo de crecimiento FTTH que la Argentina, ya que igualmente la fibra domiciliaria se duplicó. Pero, en realidad —al contrario de Argentina— la fibra venía creciendo a un ritmo imayormente sostenido desde 2009.

También a diferencia de Argentina, Brasil tuvo la misma política desde tiempos de Lula y hasta hoy con Jair Bolsonaro. Hay una limitación que impide allí que las generadoras de contenidos propios participen en telecomunicaciones y viceversa, pero sus efectos en el despliegue de fibra fueron marginales.

En 2021 Argentina tenía un porcentaje de FTTH apenas 20% contra casi 63% de Brasil, superioridad que —como se vio— se registra en casi toda Sudamérica. Asimismo, la mayor velocidad actual de Internet en Brasil —que hasta 2018 no se diferenciaba mucho de la Argentina— tiene mucho que ver con la fibra.

La conversión total a fibra puede estimarse en un periodo de dos a tres años en Brasil, pero en no menos de cinco o seis años en Argentina.

Pero con todos los inconvenientes, trabas y políticas inadecuadas, empresas y cooperativas continúan ampliando las líneas de fibra a las casas. Esto se hace pese al tiempo perdido con la Ley de Medios y la traba que supone el DNU, simplemente porque el momento histórico ha llegado.

Ningún problema macroeconómico, posiciones dominantes o regulaciones inadecuadas impidieron que se pasara de la iluminación a gas a la eléctrica, ni de la TV en blanco y negro al color, porque era el imperativo del momento. 

La FTTH en la Argentina no será la excepción: así verá cuando en otras notas se reseñe la actividad y planes al respecto de compañías y cooperativas.

Con información de Telam, Reuters y AP