La segunda revisión del acuerdo entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional dejó al descubierto un dato que podría cambiar el panorama fiscal del país en los próximos años. Más allá de las discusiones sobre reservas, tipos de cambio y financiamiento, la agencia ya ha comenzado a delinear una hoja de ruta para una futura reforma fiscal.
Se trata de una propuesta encaminada a sostener la recaudación en un contexto donde el Gobierno busca mantener el superávit fiscal sin aumentar nuevamente el déficit. El año 2027 fija objetivos exigentes para el programa económico: sostener el ancla fiscal, acumular reservas y preparar el terreno para los vencimientos de deuda en los próximos años. En este marco, la discusión fiscal comienza a ganar peso debido a que el ajuste del gasto ya convive con unos ingresos públicos debilitados.
Los números actuales reflejan la situación: si bien la recaudación de mayo creció un 1,5% interanual en términos reales, el acumulado de los primeros cinco meses del año cayó casi un 5% respecto al mismo período de 2025. Ante esta realidad, la pregunta que surge es quién pagará la factura de esta nueva etapa fiscal.
El problema que el FMI intenta resolver se centra en los asalariados y monotributistas. La caída de los ingresos reales deja dos caminos: profundizar el ajuste del gasto o buscar nuevas fuentes de ingresos. Es aquí donde la reforma fiscal prevista para finales de 2026 cobra relevancia.
El enfoque del FMI tiende a desplazar el peso de los impuestos que afectan a los exportadores, los activos y las grandes inversiones hacia impuestos vinculados al consumo, los salarios formales y los pequeños contribuyentes. En el caso de Ganancias, se propone que al menos el 20% de los trabajadores formales vuelvan a pagar el impuesto, nivel similar al observado en 2019.
Por otro lado, en cuanto al Monotributo, se sugiere alinear las tasas efectivas y las cotizaciones sociales con el régimen general, ya que la recaudación actual del Monotributo equivale al 0,14% del PBI, mientras que el potencial estimado por el FMI sería del 1% del PBI.
Además, el FMI propone reducir las exenciones y ampliar las bases imponibles del IVA, con compensaciones específicas para los hogares vulnerables. Asimismo, se plantea la posibilidad de aumentar los impuestos internos, como el combustible y el tabaco, con el fin de aportar al PIB.
En conclusión, la reforma fiscal que se avecina en Argentina busca redistribuir la carga impositiva de manera más equitativa, apuntando a aumentar la recaudación y mantener el superávit fiscal. Sin embargo, queda por verse cómo se llevará a cabo esta reforma y quiénes serán los principales afectados por los cambios propuestos.








